Un ciberataque ya no se limita al robo de datos o a la caída temporal de un sistema informático; en sectores clave, como manufactura, logística y distribución, un incidente de este tipo puede paralizar líneas de producción, bloquear la facturación, detener pagos e interrumpir por completo la comunicación con clientes y proveedores.
Por ello, entender cómo proteger la operación ante un ciberataque exige identificar los activos digitales críticos para el negocio y definir prioridades antes de que ocurra una crisis.
Así lo explicó Imelda Flores, Subdirectora de Scitum Innovation Center, durante la conferencia "Ciberseguridad e IA: de cero a héroe", impartida en el Electronics & Home México 2026.
La especialista destacó que una estrategia efectiva no consiste solo en blindar la infraestructura tecnológica, sino en priorizar y resguardar los sistemas neurálgicos para mantener la continuidad operativa de la empresa.
Identificar qué mantiene vivo al negocio
Flores resumió el principio con una frase contundente: "Hay que proteger lo que mantiene vivo el negocio".
Desde esa perspectiva, las organizaciones deben comenzar por identificar los activos digitales cuya interrupción tendría un impacto crítico e inmediato en la operación. Entre los más relevantes destacan:
- Correo electrónico directivo
- Plataformas bancarias y de pagos
- Sistemas ERP y CRM
- Bases de datos operativas
- Sistemas de comunicación y voz
- Copias de seguridad (backups)
Si alguno de estos componentes colapsa por un ataque de ransomware u otro incidente de seguridad, las consecuencias trascenderán al área de TI, afectando directamente la producción, la atención al cliente y la continuidad de la cadena de suministro.

Las preguntas que toda empresa debería hacerse
Además de identificar los sistemas críticos, Flores recomendó que los líderes de negocio cuestionen periódicamente a sus áreas de TI para evaluar el nivel de preparación de la organización.
Entre los cuestionamientos clave destacan:
- ¿Los sistemas críticos cuentan con autenticación de doble factor (MFA)?
- ¿Cuándo se probaron por última vez los respaldos?
- ¿Quiénes poseen privilegios de administración?
- ¿Cuál sería el impacto si los servidores fueran cifrados hoy?
- ¿Qué proveedores tienen acceso a la red y a los sistemas?
- ¿Existe un monitoreo continuo para detectar accesos sospechosos?
- ¿Qué tipo de información corporativa están compartiendo los colaboradores en herramientas de inteligencia artificial?
Para la especialista, responder a estas preguntas de forma constante permite identificar y corregir vulnerabilidades antes de que sean explotadas por un atacante.
Los hábitos también forman parte de la protección
Otro de las claves en las que Flores hizo énfasis fue en que la preparación tecnológica debe complementarse con buenas prácticas por parte de los colaboradores; toda vez que, gran parte de las brechas de seguridad surgen de acciones cotidianas que parecen inofensivas.
"No reutilizar contraseñas, no guardarlas nunca en el navegador, no contestar llamadas sospechosas ni entregar información personal a la primera, no dar clic a cualquier enlace, no usar la computadora del trabajo para asuntos personales y no consumir piratería", sintetizó la especialista.
También sugirió desconfiar de correos electrónicos, mensajes de texto e incluso videos que generen una sensación de urgencia, ya que la inteligencia artificial ha facilitado la creación de deepfakes, clonación de voz y campañas de phishing mucho más convincentes.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos inherentes al uso de herramientas gratuitas de inteligencia artificial para tareas corporativas, dado que los datos ingresados suelen emplearse para entrenar modelos públicos: "Lo gratis en el ciberespacio nunca es gratis, el producto son ustedes".

La ciberseguridad debe formar parte de cada proyecto de IA
El acelerado avance de la inteligencia artificial exige replantear cómo las organizaciones gestionan sus inversiones tecnológicas.
Según Flores, es habitual que las empresas destinen recursos significativos para desarrollar aplicaciones o agentes basados en IA, pero omitan la asignación presupuestal requerida para resguardarlos.
"Todo proyecto enfocado en el desarrollo de herramientas con inteligencia artificial debe incluir, desde su concepción, una partida presupuestal dedicada a la ciberseguridad", afirmó la especialista.
De lo contrario, advirtió, las organizaciones asumen erróneamente que los equipos de TI podrán proteger los nuevos desarrollos sin contar con capital ni herramientas adicionales, una omisión que dispara el riesgo de vulnerabilidades, filtraciones de datos sensibles y severas afectaciones en la operación.
Con relación a este tema, hace unos meses en The Logistics World entrevistamos a Alessandro Galvao Do Vale, coordinador de desarrollo de negocio OT de Scitum Telmex, quien señaló: “Lo que más hace falta en América Latina es una cultura en ciberseguridad e higiene digital”.
El experto mencionó que, a medida que se democratiza el uso de la IA, crecen las susceptibilidades dentro de las organizaciones debido a la poca consciencia que los latinoamericanos tenemos sobre la importancia de nuestros datos personales y la gran vulnerabilidad de actos tan simples como conectarnos a una red pública de Wi-Fi o compartir nuestra información para utilizar una app gratuita o un filtro viral.
Tal desconocimiento en materia de ciberseguridad, además de perjudicarnos en el ámbito personal, también impacta a las empresas: "En el ámbito B2B, buscamos los mejores precios, pero, alguien cuestiona ¿mi proveedor tiene suficiente seguridad en sus sistemas para que no le peguen y se quede un mes sin producir afectando mi cadena de suministro?”.
Frente a este panorama, para Galvao es imprescindible que las organizaciones capaciten constantemente a su personal sin distinción de cargos, pues la ignorancia sobre temas de seguridad digital permea a todos los niveles.

Hacia una estrategia de ciberprotección integral
Proteger la operación ante un ciberataque exige trascender la visión tradicional de TI y asumir que la seguridad digital es un pilar estratégico para la continuidad del negocio. Por ello, blindar la operación logística e industrial frente a la amenaza cibernética demanda actuar en cuatro frentes clave:
- Protección de activos críticos: Priorizar el resguardo y la redundancia de los sistemas indispensables para operar (ERP, CRM, plataformas bancarias, bases de datos y backups).
- Cultura e higiene digital: Capacitar continuamente al personal en todos los niveles para neutralizar riesgos cotidianos, desde la gestión de contraseñas hasta el uso consciente de redes y dispositivos corporativos.
- Gobierno de la Inteligencia Artificial: Asignar partidas presupuestales específicas de ciberseguridad a cada desarrollo de IA y regular el uso de herramientas gratuitas para evitar la fuga de información sensible.
- Gestión del riesgo en la cadena de valor: Evaluar el nivel de madurez tecnológica de proveedores y socios comerciales, asegurando que la vulnerabilidad de un tercero no interrumpa el flujo operativo de la empresa.













