22 de Septiembre de 2026

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Comercio internacional

Canal de Panamá: cómo el clima y geopolítica vuelven a poner bajo presión una ruta crítica

Menos capacidad y más presión elevan el riesgo para las cadenas de suministro
Gabriela Espinosa
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Hay momentos en los que una ruta marítima deja de ser simplemente una ruta. El Canal de Panamá está entrando nuevamente en uno de ellos.

Los barcos siguen cruzando, las esclusas siguen funcionando y el comercio no se ha detenido. Pero detrás de esa aparente normalidad hay una combinación que merece atención: menos agua disponible para operar, más buques buscando alternativas y una temporada de alta demanda acercándose.

El resultado es una infraestructura estratégica que vuelve a operar con un margen más estrecho justo cuando las cadenas de suministro globales tienen menos espacio para absorber otra disrupción.

Menos agua, menos capacidad

Desde el 15 de septiembre, la Autoridad del Canal de Panamá redujo a 32 los tránsitos diarios, nueve para buques Neopanamax y 23 para Panamax, debido a la reducción de precipitaciones en la cuenca hidrográfica.

La cifra puede parecer pequeña frente al tráfico marítimo mundial, pero el Canal tiene una particularidad: no existe una capacidad infinita que pueda recuperarse simplemente agregando más barcos.

Cada slot representa una oportunidad de paso por una infraestructura física que depende del agua dulce para operar sus esclusas. Y cuando los espacios disponibles disminuyen, el problema comienza a trasladarse a toda la cadena.

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En otras palabras, el riesgo no está únicamente en que un buque tenga que esperar. Puede aparecer en forma de mayor costo, menor utilización de capacidad, cambios de itinerario o inventario adicional para compensar la incertidumbre.

La geopolítica está empujando más tráfico hacia Panamá

La segunda parte de la historia ocurre lejos de Centroamérica. Las disrupciones relacionadas con el conflicto en Medio Oriente están modificando los movimientos de los buques, particularmente en el transporte energético.

Algunas embarcaciones que enfrentan mayores riesgos o restricciones en otras rutas están buscando alternativas y Panamá aparece nuevamente como un punto estratégico para conectar los océanos Atlántico y Pacífico.

Ahí se produce el choque. El clima está reduciendo la oferta de capacidad mientras la geopolítica aumenta la demanda por utilizarla.

Reuters reportó que el tráfico del Canal llegó a situarse alrededor de 44 buques diarios entre marzo y mayo, por encima del promedio de 2025, antes de que las restricciones hídricas volvieran a reducir la capacidad.

Sin embargo, el efecto más visible está apareciendo en las subastas de slots.

  • Antes de las nuevas disrupciones de 2026, las primas rondaban 135,000-140,000 dólares.
  • En abril y mayo, el promedio llegó a situarse entre 385,000 y 425,000 dólares.
  • Posteriormente, algunas operaciones superaron un millón de dólares.
  • En septiembre, un buque de GLP llegó a pagar más de 5 millones de dólares por asegurar un tránsito.

La última cifra necesita contexto: no significa que cruzar el Canal cueste normalmente 5 millones de dólares. Se trata de una prima extraordinaria para obtener un espacio en una subasta.

Pero el dato sí revela algo importante para las empresas: cuando varios mercados necesitan la misma infraestructura y la capacidad está limitada, el valor de la disponibilidad logística puede dispararse.

Te recomendamos: ¿Cuál es la relevancia del Canal de Panamá para la logística mundial?

El contenedor empieza a sentir la presión

Durante buena parte de esta coyuntura, la conversación alrededor de Panamá se concentró en los buques energéticos. Sin embargo, el problema también comienza a alcanzar al transporte de contenedores.

Por ejemplo, MSC anunció un recargo específico para determinados servicios desde el Sudeste Asiático, China, Corea y Japón hacia la costa Este y el Golfo de Estados Unidos. Desde el 12 de septiembre, el cargo es de 149 dólares por contenedor de 20 pies, 297 dólares por 40 pies y 376 dólares por 45 pies.

Es una señal relevante porque cambia la naturaleza del problema. El Canal deja de ser solamente una cuestión de “¿mi carga llegará a tiempo?” y comienza a convertirse también en “¿cuánto me costará mantener esta ruta?”

Para un operador logístico, la respuesta puede depender de una comparación mucho más amplia que el flete marítimo: recargos, tiempos de tránsito, inventarios, costos portuarios y disponibilidad de servicios alternativos.

El momento en que ocurre esta nueva presión tampoco es casual.

El segundo semestre concentra una mayor actividad de comercio internacional y los meses previos a las temporadas de ventas de fin de año elevan los flujos hacia Estados Unidos. De acuerdo con Reuters, entre agosto y octubre los volúmenes de contenedores llenos que llegan a Long Beach suelen ubicarse alrededor de 15% por encima del promedio mensual.

Esto puede generar un efecto de amplificación. Una empresa puede tener mercancía disponible en Asia, producción terminada y un contrato de transporte vigente. Pero si la ruta enfrenta una reducción de capacidad, la confiabilidad de toda la operación comienza a depender de una variable externa: cuántos barcos podrán atravesar Panamá y cuándo.

Y si la demanda aumenta al mismo tiempo, el margen para absorber retrasos se reduce.

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El problema del agua tampoco desaparece después de la temporada alta

Hay una diferencia importante respecto de una interrupción puntual.El Canal depende de los niveles de agua de su cuenca y las variaciones climáticas pueden volver a afectar su capacidad.

Por eso, Panamá está impulsando el proyecto del río Indio, que busca garantizar una fuente adicional de agua tanto para el Canal como para el consumo de la población.

La solución, sin embargo, no es inmediata. El administrador del Canal ha estimado que el proyecto podría tardar alrededor de cinco a seis años en completarse.

Eso introduce una variable que las empresas deberían incorporar a sus planes de mediano plazo: la disponibilidad de agua puede convertirse en una variable recurrente de capacidad marítima.

La experiencia de 2023-2024 ya mostró las consecuencias: menor número de tránsitos, restricciones de calado, tiempos de espera y mayores costos. Ahora el problema vuelve a aparecer en una red comercial más expuesta a conflictos geopolíticos y cambios abruptos de rutas.

¿Qué deberían revisar las empresas?

Para los equipos de supply chain, la respuesta no necesariamente consiste en abandonar Panamá. La clave está en conocer cuánto depende la red de esta vía y qué tan rápido puede reaccionar si las condiciones cambian.

VariablePregunta clave
Exposición¿Qué porcentaje de los embarques utiliza servicios vía Panamá?
Tiempo¿Cuántos días adicionales puede absorber cada producto?
Costo¿Cuánto representan los recargos frente a una ruta alternativa?
Capacidad¿Qué tan garantizado está el espacio durante temporada alta?
Inventario¿Cuánto stock adicional requiere una ruta más volátil?
Alternativas¿Existen rutas y puertos alternativos ya validados?

Sigue leyendo: ¿Podría el Corredor Interoceánico hacer sombra al Canal de Panamá?


Gabriela Espinosa

Reportera multidisciplinaria con trayectoria en la producción de contenidos para medios digitales e impresos. Su área de especialización abarca temas científicos, logística, inmobiliaria, tecnología, hard news, política y salud.

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