El crecimiento del comercio entre México y Estados Unidos no garantiza que las mercancías puedan desplazarse con la misma previsibilidad.
Para los responsables de logística, el reto no consiste únicamente en encontrar un camión: también necesitan un operador habilitado para la ruta, una unidad en la ubicación adecuada, documentación en regla y un itinerario que permita cumplir con las ventanas de entrega.
La actualización de octubre de 2026 de la empresa de transporte estadounidense C.H. Robinson describe un mercado transfronterizo relativamente estable durante el pasado mes de septiembre, pero advierte que la retirada de visas B-1 a conductores mexicanos y las interrupciones temporales en determinados cruces redujeron la capacidad utilizable en algunos puntos.
Pero ¿qué significa todo esto?
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Menos conductores disponibles, aunque existan camiones
Uno de los factores que condicionan la capacidad transfronteriza es la disponibilidad de conductores que cumplen los requisitos para realizar operaciones internacionales.
Diversas fuentes, incluyendo la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR) y FreightWaves hablan de un estimado de 25 mil conductores mexicanos a los que les han retirado visas.
La visa B-1 permite determinadas actividades de negocios y viajes relacionados con el transporte internacional, pero no autoriza a los conductores extranjeros a mover carga entre dos puntos dentro de Estados Unidos.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) publicó una aclaración sobre las reglas de cabotaje aplicables a conductores con visa B-1. Las empresas deben confirmar que sus operaciones, recorridos y asignación de carga se ajusten a las condiciones aplicables; no basta con asumir que una ruta es válida porque se ha realizado antes.
Para las transportistas, la menor disponibilidad de operadores habilitados puede exigir ajustes en la asignación de recursos y una planificación más anticipada. Para los embarcadores, el efecto puede ser una menor disponibilidad de servicios en ciertos corredores y más dificultad para conseguir unidades con poca antelación.
Las exigencias de dominio del inglés y la aplicación de las reglas de cabotaje agregan complejidad, aunque su impacto concreto depende del operador y del servicio.
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Los cruces fronterizos también condicionan la capacidad
La capacidad de transporte depende tanto de la disponibilidad de unidades como de la eficiencia con la que cruzan la frontera y regresan a su siguiente punto de carga. Durante septiembre, la empresa estadounidense reportó interrupciones temporales en Mexicali y San Luis Río Colorado vinculadas con protestas de transportistas por las revocaciones de visas y la interpretación de las reglas de cabotaje.
La empresa también informó que la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) restringió temporalmente el cruce hacia México de camiones vacíos en Eagle Pass y Brownsville, Texas, del 9 al 14 de septiembre.
Durante esa interrupción, los cruces comerciales diarios descendieron de alrededor de 1,000 a entre 300 y 400, mientras cerca de 700 tractocamiones quedaron del lado estadounidense.
Algunos transportistas reorganizaron sus movimientos y devolvieron unidades por Laredo, lo que alargó los recorridos de reposicionamiento y elevó el consumo de combustible.
Para una empresa, la demora no se limita al tiempo que la mercancía permanece detenida. También importa cuánto tarda el equipo en completar el servicio y quedar disponible para un nuevo embarque. Si un tractocamión necesita más tiempo para cruzar, descargar o regresar, puede realizar menos viajes en el mismo periodo y dejar menos capacidad disponible para otros clientes.
Cómo se trasladan las restricciones a los costos logísticos
Cuando se reduce la oferta de transporte disponible en una ruta, las empresas pueden enfrentar tarifas más altas, menor flexibilidad para programar recolecciones y más dificultades para cumplir las ventanas de entrega.
El impacto no es idéntico en todos los corredores: puede responder a la concentración de carga, la disponibilidad de operadores para un recorrido específico o el costo de reposicionar unidades vacías.
Las consecuencias también alcanzan a almacenes y plantas. Un retraso puede alterar una cita de recepción, cambiar la secuencia de entregas o generar tiempos de espera en patios. En operaciones con inventarios ajustados, el mismo retraso puede afectar la disponibilidad de materiales para producción o el cumplimiento de pedidos.

Por eso, comparar cotizaciones solo por precio puede ser insuficiente. Una tarifa baja pierde atractivo si el proveedor no puede asegurar capacidad, respetar los tiempos acordados o responder ante una contingencia.
Para evaluar el servicio conviene considerar el costo total de mover la mercancía dentro del plazo requerido, incluidos los tiempos de espera, los cambios de ruta, el inventario adicional y los posibles incumplimientos.
Qué pueden hacer las empresas para asegurar capacidad
La planeación debe contemplar variaciones por corredor y evitar que la operación dependa exclusivamente de conseguir transporte en el mercado spot. Estas acciones ayudan a reducir la exposición, aunque por sí solas no eliminan las restricciones regulatorias ni garantizan tarifas estables:
1. Reservar capacidad con anticipación. Los compromisos de volumen y los contratos previsibles permiten a los transportistas organizar recursos y dan a los embarcadores mayor certidumbre que depender únicamente de solicitudes de última hora.
2. Diversificar proveedores y rutas. Contar con más de un transportista y evaluar cruces alternativos reduce la exposición a interrupciones localizadas. La decisión debe considerar tiempos de tránsito, infraestructura, costos y requisitos operativos.
3. Revisar la documentación antes del despacho. Coordinar transportistas, agentes aduanales y equipos de comercio exterior ayuda a detectar información incompleta o inconsistente que podría generar revisiones y demoras.
4. Ajustar los tiempos de tránsito y las ventanas de entrega. Los programas deben contemplar márgenes razonables y evitar calendarios que dependan de que cada cruce se complete sin contratiempos.
5. Comparar el transbordo con el traslado directo. La decisión debe basarse en costos totales, tiempos, capacidad de las instalaciones y riesgos de manipulación, no en asumir que una modalidad siempre supera a la otra.
6. Medir el desempeño por corredor. Registrar tiempos de cruce, disponibilidad de unidades, cumplimiento de entregas, costos adicionales e incidencias permite identificar rutas expuestas y ajustar la estrategia con datos propios.
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