México protagoniza en la manufactura de vehículos pesados, pero esa fortaleza aún no se refleja en una clara participación en la transición a la electrificación del transporte de carga.
El país exporta cerca de 77% de lo que produce, aunque menos de 0.1% corresponde a vehículos eléctricos. En el mercado interno, menos de 1% de las ventas de vehículos pesados corresponde a unidades eléctricas.
Además, un 40% de la flota supera los 20 años, una combinación que eleva consumo energético, costos y emisiones. El transporte aportó 23.6% de las emisiones brutas del país en 2022 y el autotransporte concentró 93.9% de ese total.
Las cifras se desprenden de un análisis de WRI que plantea cuatro pilares clave para revertir esa trayectoria. El mayor impacto reside en un cambio de paradigma al estimular regulaciones del lado de la oferta, conocidas como Supply Side Regulations o SSR.
De incentivar compradores a transformar la oferta
Las políticas de electromovilidad en América Latina han privilegiado subsidios, exenciones fiscales e incentivos dirigidos a compradores, según el análisis firmado por Angélica Mazorra e Iván Islas, gerente técnico y director de economía en WRI, respectivamente.
Estas herramientas, menciona, pueden activar la demanda, pero dependen de recursos públicos y no siempre modifican la disponibilidad de vehículos ni la estrategia de los fabricantes.
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El análisis firmado por Angélica Mazorra e Iván Islas, gerente técnico y director de economía en WRI, respectivamente, menciona que las SSR actúan sobre fabricantes, ensambladores e importadores, tomando como base experiencias internacionales.
Su objetivo es influir en los vehículos que llegan al mercado, en los estándares que deben cumplir y en la velocidad con la que las tecnologías de cero emisiones entran a los portafolios comerciales.
China combinó política industrial, infraestructura y obligaciones para fabricantes. La Unión Europea estableció estándares de desempeño y California adoptó mandatos de venta de vehículos de cero emisiones.
La lección es que la demanda avanza más rápido cuando existe una señal estable desde la oferta.
Estándares y datos para reducir incertidumbre
Un primer pilar que favorecerá la transición a la electrificación del transporte de carga consiste en fijar estándares obligatorios de eficiencia y desempeño para vehículos nuevos.
México cuenta con la NOM-044, que fija límites de emisiones contaminantes para motores y vehículos pesados diésel, pero carece de métricas homogéneas de desempeño energético para camiones medianos y pesados.
Un estándar nacional permitiría comparar tecnologías, medir consumo, orientar compras y preparar obligaciones futuras. Para fabricantes e importadores, también daría certidumbre sobre los criterios que deberán cumplir sus productos y sobre la dirección tecnológica del mercado mexicano.
Un segundo pilar es un sistema obligatorio de reporte de desempeño. La información sobre consumo energético, operación, autonomía, mantenimiento y resultados reales ayudaría a transportistas, empresas cargadoras y operadores logísticos a evaluar riesgos con evidencia local, no solo con fichas técnicas.
Oferta disponible y corredores para tractocamiones
Un tercer pilar plantea estándares de disponibilidad o mandatos graduales de ventas de vehículos cero emisiones.
La medida buscaría asegurar que fabricantes e importadores incorporen vehículos eléctricos y eleven su participación conforme el mercado desarrolla infraestructura, financiamiento y capacidades técnicas.
Para la iniciativa privada, esto modificaría decisiones de producción, importación, inventario y servicio posventa. También obligaría a anticipar refacciones, capacitación de técnicos, gestión de baterías y esquemas comerciales que reduzcan el costo total de propiedad para las flotas.
El cuarto pilar son los corredores estratégicos para tractocamiones. Concentrar infraestructura de recarga, energía, demanda y aprendizaje operativo en rutas específicas permitiría probar autonomía, tiempos de carga y costos en trayectos de larga distancia, donde la electrificación enfrenta mayores retos.
Una secuencia para hacer viable la transición
La investigación desarrollada por WRI México y sus autores dentro de la coalición Drive Electric Campaign plantea que los cuatro pilares son complementarios, pero no deberían ejecutarse de manera simultánea.
La primera prioridad sería construir la base regulatoria y de información mediante estándares de eficiencia y desempeño acompañados por reportes obligatorios.
Estas herramientas darían reglas comparables al mercado y permitirían monitorear si las tecnologías responden a las necesidades de carga y productividad.
La segunda prioridad serían los corredores para tractocamiones, porque pueden generar evidencia visible en plazos más cortos. Con datos, estándares y pruebas operativas, México puede avanzar después hacia mandatos de disponibilidad o ventas con mayor credibilidad y menores riesgos.
La regulación debe abrir espacio a la inversión privada
La iniciativa privada tiene tareas concretas. Los fabricantes deben preparar portafolios y capacidades productivas; los transportistas necesitan evaluar ciclos de operación y costo total de propiedad; las empresas cargadoras pueden agregar demanda; y los operadores de infraestructura deben identificar ubicaciones y capacidad eléctrica.
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También será necesario activar instrumentos fiscales y financieros poco utilizados. La deducción acelerada para vehículos pesados, aunque no es exclusiva para unidades eléctricas, puede aprovecharse mejor si se difunde y vincula con arrendamiento, garantías y financiamiento para adopción temprana.
Sin embargo, la prioridad es regulatoria. México, según el análisis, requiere una norma de eficiencia y desempeño que incluya explícitamente a los vehículos eléctricos y se articule con políticas industriales, fiscales, energéticas y de transporte.
Construir mercado antes de perder competitividad
Más que baterías, cargadores o autonomía, la electrificación del transporte de carga depende de reglas capaces de reducir incertidumbre, ordenar inversiones y alinear a fabricantes, importadores, empresas de carga, proveedores de energía y autoridades alrededor de una trayectoria común.
México fabrica vehículos para mercados que tienen estándares de cero emisiones. Si la industria nacional no produce y adopta internamente esas tecnologías, puede perder competitividad frente a países que están alineando desde ahora su oferta con las nuevas exigencias de la logística regional.













