La transición hacia vehículos eléctricos se ha convertido en uno de los principales ejes de transformación para el transporte y la logística global; impulsadas por objetivos de descarbonización, presiones regulatorias y estrategias ESG, cada vez más empresas avanzan hacia la electrificación de flotas urbanas, de última milla y transporte corporativo. Sin embargo, mientras la conversación suele centrarse en autonomía, infraestructura de carga y reducción de emisiones, comienza a emerger un desafío menos visible: cómo gestionar operativamente los riesgos asociados a esta nueva movilidad.
La incorporación de vehículos eléctricos e híbridos no solo cambia el consumo energético de una flota; también impacta en los protocolos de seguridad, el mantenimiento, la atención a emergencias y la continuidad operativa.
En este sentido, las baterías de alto voltaje, los riesgos térmicos y la complejidad estructural de los nuevos vehículos están obligando a replantear la manera en que las organizaciones preparan su respuesta ante incidentes, tanto en carretera como en patios logísticos, centros de distribución y operaciones urbanas.
Durante el Safety Summit 2026, realizado el 6 y 7 de mayo en São Paulo y organizado por MSA Safety, el Teniente Coronel Alan Muniz, del Cuerpo de Bomberos del Estado de São Paulo, explicó cómo esta transición tecnológica ya está modificando la logística de rescate y los protocolos de atención de emergencias en Brasil .
Su ponencia abordó desde la evolución de la seguridad vehicular hasta los nuevos retos asociados a vehículos eléctricos, incluyendo capacitación especializada, interoperabilidad de sistemas y herramientas digitales para respuesta en tiempo real.
La discusión dejó claro que el reto de la electromovilidad no se limita al vehículo, también involucra infraestructura de emergencia, acceso inmediato a datos técnicos, integración tecnológica y coordinación entre fabricantes, operadores y cuerpos de rescate. En otras palabras, la electrificación del transporte está obligando a transformar toda la arquitectura operativa que rodea a una flota.

Vehículos más seguros… pero más complejos de rescatar
La evolución de la seguridad automotriz ha reducido significativamente el impacto de los siniestros sobre los ocupantes. Estructuras reforzadas, zonas de deformación programada, múltiples airbags y sistemas avanzados de retención han permitido mejorar las tasas de supervivencia en accidentes de tránsito.
Sin embargo, estas mismas tecnologías han incrementado la complejidad de las operaciones de rescate. Durante su intervención, Muniz explicó que los vehículos actuales “preservan más vidas, pero también exigen mayor conocimiento técnico para el rescate”. Para los cuerpos de emergencia, esto implica nuevos desafíos relacionados con la extracción, la estabilización y la intervención segura en estructuras más resistentes.

La situación se vuelve aún más compleja con la expansión de vehículos eléctricos e híbridos; pues, la presencia de baterías de alto voltaje, sistemas eléctricos distribuidos y componentes sensibles obliga a modificar protocolos tradicionales de intervención. Ya no basta con acceder físicamente al vehículo, ahora, es necesario entender su arquitectura energética antes de iniciar cualquier maniobra.
Dicho cambio tiene implicaciones directas para los operadores logísticos y los administradores de flotas; toda vez que, la gestión de riesgos ya no puede limitarse a mantenimiento preventivo o capacitación de conducción: debe incorporar escenarios de emergencia, coordinación con servicios de rescate y protocolos específicos para incidentes eléctricos.
El nuevo riesgo operativo: baterías y alto voltaje
Uno de los principales focos de atención dentro de la electromovilidad es la gestión de baterías de ion-litio porque, si bien los vehículos eléctricos reducen emisiones y mejoran eficiencia energética, también introducen riesgos distintos a los de los motores de combustión interna.
Durante la ponencia, Muniz planteó preguntas que ya forman parte de la operación cotidiana de los cuerpos de emergencia: “¿Dónde están las baterías? ¿Qué ocurre si el vehículo se inunda? ¿Cómo se desconecta el alto voltaje?”. Tales dudas reflejan un cambio profundo en la naturaleza de los riesgos asociados al transporte.
Uno de los fenómenos más relevantes es el thermal runaway o fuga térmica, donde una batería dañada puede generar un aumento incontrolado de temperatura y provocar reignición incluso horas después del incidente, lo cual obliga a modificar protocolos de contención, aislamiento y almacenamiento posterior al siniestro.

Además, las operaciones de carga y mantenimiento también incorporan nuevas variables de seguridad. Centros logísticos, patios de flotas y estaciones de carga deberán integrar sistemas de monitoreo, ventilación y respuesta específicos para vehículos eléctricos.
Como podemos notar, conforme crece la electrificación, también aumenta la necesidad de una infraestructura preparada para responder ante este tipo de eventos.
Capacitación y simulación: la nueva prioridad operativa
Frente a este escenario, el Cuerpo de Bomberos de São Paulo ha comenzado a desarrollar nuevas capacidades técnicas enfocadas en electromovilidad; entre las acciones mencionadas por Muniz, destacan talleres especializados y simulaciones con fabricantes como Volvo, GM y Stellantis .
El objetivo es que los equipos de emergencia comprendan la arquitectura de los vehículos eléctricos y puedan intervenir de manera segura y eficiente. Esto incluye desde identificación de componentes energizados hasta protocolos para manejo de incendios y extracción de ocupantes.
Además, São Paulo ha impulsado competencias y entrenamientos internacionales vinculados al World Rescue Challenge, donde los equipos practican escenarios complejos de rescate vehicular y atención a traumas . Estas iniciativas buscan reducir tiempos de respuesta y mejorar la precisión operativa en entornos cada vez más tecnificados.
Este enfoque también ofrece una señal importante para operadores logísticos: la transición energética requerirá nuevos perfiles técnicos y programas permanentes de capacitación. La electromovilidad no solo implica adquirir nuevos vehículos, sino desarrollar capacidades operativas completamente distintas.

Datos en tiempo real y logística de rescate
Otro de los cambios más relevantes impulsados por la electromovilidad es la necesidad de acceso inmediato a información técnica del vehículo involucrado en un incidente.
Para responder a este reto, el Cuerpo de Bomberos de São Paulo desarrolló la plataforma Rescue Sheet Brasil, una aplicación que permite consultar información clave sobre vehículos, incluyendo ubicación de baterías, componentes eléctricos y puntos estructurales de corte .

La lógica detrás de esta herramienta es transformar la logística de rescate en una operación basada en datos; por ello, antes de llegar al lugar del siniestro, los equipos pueden acceder a información crítica que reduce incertidumbre y acelera la intervención.
Esta integración tecnológica marca un cambio importante en la gestión de emergencias, dado que la velocidad de respuesta ya no depende únicamente de desplazamiento físico, sino de la capacidad de procesar información en tiempo real y distribuirla correctamente entre los actores involucrados.
eCall y la automatización de la emergencia
Muniz también destacó el potencial de los sistemas automáticos de emergencia como eCall, obligatorios en Europa desde 2018, los cuales permiten que el vehículo detecte automáticamente un accidente y envíe información a los servicios de emergencia, incluyendo ubicación y datos del vehículo .
En operaciones logísticas y de flotas, esta tecnología puede reducir significativamente los tiempos de activación de respuesta. En accidentes donde no existen testigos o donde el conductor pierde capacidad de comunicación, la automatización del aviso puede marcar la diferencia entre una intervención oportuna y un retraso crítico.
Actualmente, Brasil aún trabaja en modelos donde la información pasa primero por fabricantes antes de llegar a los cuerpos de emergencia. Esto genera una brecha operativa frente al modelo europeo, donde la integración es directa.
Para Muniz, el siguiente paso consiste precisamente en avanzar hacia una interoperabilidad completa entre vehículos, redes móviles y centros de emergencia . Esta integración permitiría construir una logística de rescate más rápida, automatizada y precisa.

La electromovilidad transforma la gestión de riesgos
La electrificación del transporte ya no puede analizarse únicamente desde la sostenibilidad o eficiencia energética porque, conforme las flotas eléctricas ganan presencia en operación, también crece la necesidad de rediseñar protocolos de emergencia, seguridad y continuidad operativa.
Por ello, la transición energética implica nuevas capacidades técnicas, coordinación con fabricantes, actualización de infraestructura y acceso inmediato a información crítica; asimismo, exige integrar la gestión de riesgos dentro de la estrategia de electrificación de las empresas.
En este contexto, la electromovilidad deja de ser solo un cambio tecnológico y se convierte en una transformación operativa; toda vez que, en las flotas verdes, la diferencia no estará únicamente en quién electrifica primero, sino en quién está preparado para responder cuando ocurre un incidente.













