El equilibrio logístico de América del Norte está entrando en una fase crítica. La creciente rivalidad entre China y Estados Unidos ya no es solo un tema diplomático o comercial: está redefiniendo la manera en que se producen, movilizan y certifican los bienes que cruzan las cadenas de suministro globales. En este nuevo contexto, México se encuentra en el centro de una ecuación compleja: oportunidad histórica de integración regional, pero también bajo creciente escrutinio.
Esta fue una de las conclusiones a las que llegaron líderes empresariales como Francisco Cervantes (expresidente del Consejo Coordinador Empresarial, CCE); Larry Rubin (presidente de la American Society of Mexico) y José Fabela (director general de Samsung México), en el marco de Cello Square 2026.
Este factor deriva en una nueva capa de infraestructura logística basada en datos, certificaciones y sistemas de control. Las empresas deberán demostrar, a través de trazabilidad y compliance, el origen de sus productos y manufacturas. De ahí que deberán fortalecer sus plataformas de trazabilidad digital, sistemas de gestión de origen, integración de datos en toda la cadena y el cumplimiento aduanero y regulatorio en tiempo real.
El factor que distorsiona el mercado
Uno de los puntos de mayor fricción en la agenda bilateral es el papel de China en el comercio global. Desde la perspectiva de Estados Unidos y de diversos actores empresariales en México, las empresas chinas operan bajo condiciones profundamente asimétricas, impulsadas por subsidios estatales que les permiten competir durante años sin rentabilidad.
Como señala Larry Rubin, presidente de la American Society of Mexico: “Competir contra una empresa china es prácticamente imposible, debido a que pueden sostener pérdidas prolongadas gracias al respaldo gubernamental”.
Este modelo ha tenido impactos tangibles. En sectores como el automotriz, las marcas chinas ya representan cerca del 10% del mercado nacional, desplazando a competidores tradicionales, mientras que en transporte pesado alcanzan participaciones cercanas al 20%. Lo mismo ocurre en textiles y bienes de consumo, donde la presión sobre precios y márgenes es creciente.
Para la logística, esto implica un cambio estructural: cadenas de suministro más distorsionadas, competencia basada en costos artificiales y una mayor necesidad de diferenciarse por cumplimiento normativo y origen.
El riesgo de “la puerta de atrás”
El avance chino no solo preocupa por su presencia directa, sino por su capacidad de insertarse indirectamente en la región. Uno de los temas más sensibles en la revisión del T-MEC es el riesgo de que México funcione como una plataforma de entrada para productos chinos hacia Estados Unidos.
La preocupación no es teórica. De acuerdo con Rubin, muchas inversiones llegan a México a través de subsidiarias en terceros países, lo que dificulta identificar su verdadero origen: “Entran como inversiones de Japón o de otros mercados, pero realmente son inversiones chinas”.
Este fenómeno plantea un desafío mayúsculo para la logística: la trazabilidad.
Ya no basta con mover mercancía de forma eficiente; ahora es indispensable poder comprobar, con precisión documental y tecnológica, el origen real de los insumos, su transformación y su cumplimiento con reglas de contenido regional.

Presión sobre las reglas del T-MEC: contenido regional en el centro
En este contexto, la próxima revisión del T-MEC se perfila como un punto de inflexión. Estados Unidos busca fortalecer los mecanismos que garanticen que los beneficios del acuerdo se queden dentro de América del Norte.
Francisco Cervantes, expresidente del CCE, lo resume con claridad: uno de los principales retos es asegurar que los contenidos regionales realmente se produzcan dentro de la región y no se “importen disfrazados”.
Esto anticipa un endurecimiento en: reglas de origen; auditorías a cadenas de suministro, certificación de contenido regional; mecanismos de verificación aduanera.
Para operadores logísticos, forwarders y empresas de manufactura, el mensaje es claro: el compliance dejará de ser un requisito administrativo para convertirse en un diferenciador competitivo.
Del nearshoring al “true nearshoring”
La regionalización del comercio global —acelerada tras la pandemia— se profundiza con estas tensiones. América del Norte se consolida como un bloque productivo, pero con nuevas reglas de juego.
Hoy, el nearshoring enfrenta una disyuntiva crítica:
Nearshoring real. Inversión productiva con integración regional, generación de valor local y cumplimiento de reglas de origen
Ensamblaje oportunista. Operaciones que buscan aprovechar ventajas arancelarias sin transformar realmente la cadena de valor.
La distinción es cada vez más relevante. Estados Unidos no solo busca proximidad geográfica, sino confiabilidad estratégica. Como se destacó en el diálogo empresarial, México y Estados Unidos son economías profundamente complementarias, con un intercambio diario que supera los 1,250 millones de dólares. Sin embargo, esa integración dependerá de la capacidad de México para demostrar que es un socio confiable.













