Durante años, gran parte de la conversación sobre el futuro del transporte de carga giró alrededor de una sola pregunta: cuál sería la tecnología que reemplazaría al diésel.
La narrativa dominante apuntaba a que tarde o temprano surgiría una solución capaz de imponerse sobre todas las demás, ya fuera la electrificación, el hidrógeno o algún combustible alternativo.
Sin embargo, la realidad operativa y económica del mercado parece estar llevando a la industria hacia otro camino. Más que sustituir completamente una tecnología por otra, las flotas están construyendo modelos híbridos que combinan distintas soluciones energéticas y digitales para reducir exposición al riesgo.
Esa es una de las principales conclusiones del informe The State of Sustainable Fleets 2026, el cual describe a la industria del transporte atravesando un momento de “peak uncertainty”: un escenario caracterizado por volatilidad económica, tensiones geopolíticas, cambios regulatorios, presión ambiental y transformación tecnológica simultánea.
El estudio señala que las empresas ya no están tomando decisiones únicamente con base en sostenibilidad o innovación, sino también en resiliencia operativa. En otras palabras, el objetivo ahora es construir operaciones capaces de adaptarse rápidamente a cambios en costos de combustible, disponibilidad energética, regulación o condiciones del comercio internacional.
La transición energética, bajo esta lógica, dejó de verse como una línea recta.
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Diversificar para reducir exposición
Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es que las flotas más resilientes son aquellas que están evitando depender de una sola tecnología o fuente energética.
La incertidumbre regulatoria en Estados Unidos, especialmente alrededor de subsidios, incentivos y estándares ambientales, mostró qué tan vulnerable puede ser una estrategia construida alrededor de una única apuesta tecnológica.
A ello se suman factores externos como los aranceles a vehículos y componentes, la volatilidad del petróleo derivada de conflictos internacionales y las presiones financieras generadas por la desaceleración del freight.

En respuesta, muchas compañías comenzaron a desarrollar estrategias de diversificación. Esto implica operar vehículos eléctricos en rutas urbanas o de última milla, utilizar gas natural en aplicaciones regionales, mantener flotas diésel optimizadas para trayectos de larga distancia e incorporar combustibles renovables para reducir emisiones sin transformar completamente la infraestructura existente.
El reporte incluso plantea que esperar a que aparezca “la solución perfecta” puede convertirse en un riesgo operativo. Las empresas que postergan decisiones hasta tener total certeza tecnológica podrían enfrentar mayores presiones de costos, restricciones regulatorias o pérdida de competitividad frente a operadores más flexibles.
La diversificación también está relacionada con la gestión financiera. Los cambios abruptos en incentivos federales para vehículos cero emisiones demostraron que las inversiones de capital intensivo pueden verse alteradas rápidamente por decisiones políticas o económicas.
Por ello, las flotas están priorizando modelos capaces de adaptarse a distintos escenarios de mercado. Más que elegir un ganador definitivo, la industria parece estar construyendo capacidad de maniobra.
El diésel sigue lejos de desaparecer
Aunque gran parte de la conversación pública sobre movilidad sostenible se concentra en electrificación, el informe deja claro que los combustibles líquidos continúan desempeñando un papel central en el transporte comercial.
De hecho, el uso de renewable diesel y biodiésel creció de manera importante durante 2025, especialmente porque permiten reducir emisiones sin exigir reemplazos masivos de vehículos ni nuevas inversiones complejas en infraestructura.
En California, ambos combustibles ya desplazaron cerca de tres cuartas partes del diésel convencional utilizado en transporte. El atractivo para las flotas es evidente: la posibilidad de reducir huella de carbono manteniendo la operación prácticamente intacta.
Para muchos operadores logísticos, esta ruta representa una transición más pragmática. Electrificar una flota completa todavía implica desafíos relacionados con autonomía, tiempos de carga, infraestructura energética y costos iniciales. Los combustibles renovables, en cambio, permiten avanzar en objetivos ambientales utilizando activos ya existentes.
Al mismo tiempo, los fabricantes continúan mejorando la eficiencia del diésel tradicional. El reporte destaca avances importantes en aerodinámica, consumo de combustible y desempeño operativo de vehículos pesados.

Algunas pruebas realizadas en Estados Unidos mostraron tractocamiones alcanzando eficiencias cercanas a las 11 millas por galón, cifras muy superiores a las registradas hace apenas una década.
Esto demuestra que el diésel no está desapareciendo del mapa logístico. Más bien, está entrando a una etapa de evolución tecnológica y coexistencia con otras alternativas energéticas.
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La electrificación madura, pero entra en una etapa más selectiva
El mercado de vehículos eléctricos comerciales sigue avanzando, particularmente en segmentos medianos y urbanos donde las condiciones operativas facilitan la adopción.
El informe destaca que las ventas y registros de vehículos eléctricos de rango medio crecieron durante 2025, impulsados principalmente por aplicaciones de reparto y distribución urbana. En este tipo de operaciones, los recorridos son más predecibles y la infraestructura de carga puede integrarse con mayor facilidad.
Sin embargo, el mercado también comenzó a mostrar señales de una transición más racional y menos acelerada que en años anteriores.
La eliminación de incentivos federales para vehículos cero emisiones en Estados Unidos, junto con la presión económica sobre transportistas y operadores, provocó que muchas empresas replantearan la velocidad de sus inversiones.
Algunos fabricantes también ajustaron estrategias y producción ante un entorno de menor certidumbre.
Más que un freno total, la industria parece entrar en una etapa de adopción selectiva: electrificar donde el retorno financiero ya es visible y mantener otras tecnologías en aplicaciones donde la infraestructura o los costos todavía representan barreras importantes.
El reporte también señala que la madurez del mercado internacional podría acelerar la competitividad futura de los eléctricos. China, por ejemplo, ya registra una participación relevante de camiones pesados eléctricos y una reducción importante en costos de baterías, lo que eventualmente podría impactar la economía global de estas tecnologías.
Mientras tanto, la electrificación en logística comienza a verse menos como una tendencia homogénea y más como una solución específica para determinados segmentos operativos.
La inteligencia artificial entra al tablero estratégico
La diversificación tecnológica no solo está ocurriendo en los combustibles. También está transformando la manera en que las flotas operan y toman decisiones.
El reporte muestra que la inteligencia artificial dejó de ser un experimento aislado para comenzar a integrarse en procesos cotidianos de gestión logística. Cerca de la mitad de las flotas consultadas afirmó utilizar herramientas de IA, especialmente en optimización de rutas, mantenimiento predictivo, monitoreo de seguridad y planeación operativa.

La presión sobre márgenes y eficiencia está acelerando esta adopción. En un mercado afectado por sobrecapacidad, costos crecientes y volatilidad de demanda, cualquier mejora en utilización de activos, consumo de combustible o uptime puede traducirse en ventajas competitivas importantes.
Las plataformas basadas en IA ya permiten ajustar rutas en tiempo real considerando tráfico, clima, patrones históricos y consumo energético. También ayudan a detectar fallas mecánicas antes de que provoquen paros no programados, reduciendo costos de mantenimiento y tiempos fuera de operación.
En vehículos eléctricos, estas herramientas tienen un papel todavía más relevante porque permiten gestionar autonomía, recargas y consumo energético con mayor precisión.
Además, la IA comienza a conectarse con el desarrollo de operaciones autónomas y sistemas avanzados de asistencia para conducción, particularmente en Estados Unidos.
Más allá del componente tecnológico, el fenómeno refleja un cambio de mentalidad en la industria: la sostenibilidad y la eficiencia ya no dependen únicamente del tipo de combustible utilizado, sino también de qué tan inteligente puede volverse la operación logística.
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La resiliencia reemplaza a las apuestas absolutas
Uno de los mensajes más relevantes de The State of Sustainable Fleets 2026 es que la industria parece estar dejando atrás las narrativas binarias sobre el futuro del transporte.
La conversación ya no gira únicamente alrededor de cuál tecnología dominará el mercado, sino sobre cómo construir operaciones capaces de resistir cambios regulatorios, energéticos y económicos cada vez más frecuentes.
La combinación de conflictos geopolíticos, aranceles, presión ambiental y transformación digital está obligando a las flotas a operar en escenarios mucho más complejos que hace apenas unos años. Bajo esas condiciones, depender de una sola solución tecnológica puede convertirse en una vulnerabilidad.
Por ello, las empresas están construyendo estrategias más flexibles: mezclan tecnologías, diversifican fuentes energéticas, incorporan inteligencia artificial y priorizan inversiones capaces de adaptarse a distintos contextos operativos.
La transición energética del transporte de carga, según muestra el reporte, probablemente no será lineal ni uniforme. Será híbrida, gradual y profundamente condicionada por las necesidades financieras y operativas de cada flota.
En medio de la incertidumbre, la capacidad de adaptación comienza a convertirse en el activo más importante de la logística moderna.













