El cierre en el Estrecho de Ormuz, un paso clave por donde transitan alrededor del 20% de los hidrocarburos a nivel mundial, ha elevado los precios de los combustibles. En México, la energía cara y la desaceleración industrial ya presionan la logística, especialmente los costos de transporte y el volumen de mercancías.
Dicho escenario económico fue analizado durante la ponencia “Panorama global y mercado del corrugado en México”, presentada por Guadalupe Carracedo, analista de mercado en la consultora Fastmarkets, en el marco de un encuentro de la industria de empaque y cartón corrugado, celebrado el pasado 26 de marzo en el Club de Industriales de la Ciudad de México.
A partir de datos de inteligencia de mercado, proyecciones macroeconómicas y seguimiento sectorial, la especialista explicó cómo variables como el precio de la energía, el desempeño industrial y la demanda de cajas anticipan cambios relevantes en la dinámica logística del país.
Transporte: el eslabón más expuesto de la cadena
Uno de los principales hallazgos presentados en el análisis de Carracedo, es que el impacto energético no se distribuye de manera homogénea en la cadena de suministro. Mientras que la producción industrial en México mantiene cierta estabilidad, el transporte enfrenta una exposición directa al aumento en los precios de los combustibles.
Esto responde a la estructura energética del país; toda vez que, la industria mexicana depende en gran medida del gas natural importado desde Estados Unidos, un mercado regional menos expuesto a la volatilidad global del petróleo. Sin embargo, el transporte —responsable de movilizar mercancías a lo largo del territorio— depende principalmente de gasolina y diésel, lo que lo vuelve particularmente vulnerable.
En términos operativos, esto se traduce en:
- Incremento en costos de transporte de larga distancia
- Mayor presión en la distribución secundaria
- Sensibilidad creciente en la última milla
El resultado es un desbalance: producir puede mantenerse relativamente estable, pero mover mercancías se vuelve cada vez más costoso.

Menor actividad industrial: menos volumen en la cadena
A la presión por costos se suma un segundo factor estructural: la desaceleración de la actividad industrial. De acuerdo con datos presentados por la analista, en 2025 la economía mexicana mostró un crecimiento limitado, acompañado de una caída en sectores clave para la demanda logística.
La industria manufacturera, que en los últimos 15 años crecía a tasas cercanas al 1.5%, registró un retroceso, afectando directamente el volumen de carga; además, aunque las exportaciones manufactureras crecieron, lo hicieron de forma concentrada en segmentos como maquinaria y equipo, con menor intensidad en el uso de empaques y transporte en comparación con industrias como la automotriz, que mostró una caída.
En paralelo, otros sectores relevantes para la logística presentaron debilidad:
- Textil: contracción significativa
- Químico: desempeño negativo
- Agroexportaciones: caída en productos como jitomate, cítricos y fresas
Si bien algunos nichos —como el aguacate— mostraron crecimiento, el comportamiento general fue heterogéneo y, en conjunto, insuficiente para compensar la caída en otros segmentos.
Energía global: un factor que redefine costos logísticos
Carracedo explicó que el entorno energético internacional añade una capa adicional de presión; dado que, la tensión en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial— genera incertidumbre sobre el suministro y el precio del crudo.
Aunque hasta ahora el impacto se ha manifestado principalmente como un problema logístico —más que de producción—, la reducción en la oferta disponible y la volatilidad en precios ya se reflejan en los costos de transporte a nivel global.
En este contexto, México presenta una ventaja relativa en producción, pero no en distribución. El país puede amortiguar parcialmente el impacto energético en procesos industriales, pero no en el movimiento de mercancías, donde los combustibles líquidos siguen siendo predominantes.
Planeación logística en un entorno más complejo
Este doble ajuste —mayores costos y menor volumen— obliga a las empresas a replantear su estrategia logística.
Entre los principales efectos operativos destacan:
- Volatilidad en tarifas. Los ajustes por combustible se vuelven más frecuentes, afectando la estabilidad de contratos y presupuestos.
- Rediseño de rutas. Las empresas buscan optimizar trayectos, reducir kilómetros recorridos y consolidar carga.
- Cambios en inventarios. La incertidumbre impulsa la necesidad de mayor inventario de seguridad o ajustes en la frecuencia de envíos.
- Presión en márgenes. Transportistas y operadores logísticos enfrentan costos crecientes sin una transferencia inmediata al cliente final.
Un entorno contenido, pero no resuelto
A diferencia de otros mercados, México ha implementado medidas para contener el impacto en el precio de los combustibles, lo que contribuye a sostener el consumo interno; sin embargo, estos mecanismos no eliminan la presión sobre la logística, que sigue expuesta a la dinámica internacional.
Esto genera un escenario intermedio: el consumo se mantiene relativamente estable, pero la operación logística enfrenta mayores retos en costos y eficiencia.
De cara a 2026, las perspectivas apuntan a un entorno de crecimiento moderado, con un repunte limitado en la demanda de cajas y, por extensión, en el movimiento de mercancías.
Pero, de acuerdo con la experta, el verdadero desafío no estará en el volumen, sino en la gestión operativa. La combinación de energía volátil, menor dinamismo industrial y riesgos en mercados clave como Estados Unidos obliga a las empresas a operar con mayor precisión.
Ante este panorama, la ventaja competitiva en la logística no dependerá únicamente de la capacidad de movilizar más mercancías, sino de hacerlo con mayor eficiencia en un entorno de costos crecientes.
La cadena de suministro en México entra así en una fase de ajuste, donde el transporte se consolida como el eslabón más presionado y la optimización operativa se convierte en una prioridad estratégica.













