Takeaways:
- Aprende por qué la seguridad depende de los controles aplicados y no del modelo tecnológico elegido.
- Identifica los riesgos que surgen cuando terceros acceden a sistemas, datos e integraciones críticas.
- Define permisos mínimos y temporales para terceros y evita accesos abiertos o privilegios innecesarios.
- Reconoce la responsabilidad compartida entre la empresa, el proveedor tecnológico y las áreas operativas.
El diseño de una estrategia de ciberseguridad en logística B2B suele pasar por el eterno debate sobre cuál es la infraestructura tecnológica más confiable. Las empresas se preguntan si conviene alojar sus sistemas en servidores propios (On-Premise), contratar servicios en la nube o combinar ambos modelos.
Pero el punto central no está en dónde vive la tecnología, sino en cómo se controlan los accesos, las integraciones y la participación de terceros.
El modelo cambia, la exposición permanece
La logística B2B comprende el movimiento de mercancías entre proveedores, fabricantes, distribuidores y minoristas. Incluye almacenamiento, inventarios, pedidos, embalaje, distribución y transporte.
Cada actividad depende de plataformas como WMS, TMS, ERP y portales de proveedores que comparten información operativa entre distintas empresas.
Un entorno On-Premise mantiene aplicaciones y datos en servidores o centros de datos administrados por la propia organización. La nube utiliza infraestructura y servicios tecnológicos operados por un proveedor externo.
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El modelo híbrido conecta ambos mundos, por ejemplo, cuando un WMS instalado localmente consume analítica o inteligencia artificial desde la nube. Los expertos consultados por The Logistics World coinciden en que ninguna arquitectura queda protegida por definición:
“La ciberseguridad es un tema del eslabón más débil, ya sea que estés en la nube, on premises o en un modelo híbrido”, sostiene Luis Adrián Ochoa, director de la práctica Cloud, Infraestructura de TI y Ciberseguridad Norte de Latam en Capgemini.
Enfatiza que aun dentro de un centro de datos propio, los transportistas y los proveedores ingresan desde el exterior y, por ende, requieren protocolos de seguridad.
El híbrido exige vigilar cada conexión
La nube puede acelerar el despliegue de aplicaciones y aportar seguridad perimetral, actualizaciones y capacidades especializadas.
On-Premise también puede alcanzar altos niveles de protección, aunque la empresa debe asumir el costo y la disciplina de actualizar infraestructura, hacer pruebas y mantener estándares que cambian con rapidez.
El modelo híbrido concentra un reto adicional porque cada enlace entre aplicaciones locales y servicios externos crea un punto que debe autenticarse, monitorearse y documentarse. “Cuando tienes plataformas híbridas, ahí se abre una brecha gigantesca”, advierte Cecilia Hermida, Country Manager de Infor, al referirse a sistemas logísticos locales que empiezan a consumir servicios en la nube.

La advertencia no significa que la arquitectura híbrida sea inviable. Significa que la integración debe diseñarse desde el inicio con interfaces estandarizadas, cifrado, bitácoras y responsabilidades claras.
El riesgo aparece cuando una conexión se habilita para resolver una necesidad operativa, pero nadie define quién la vigila, qué datos transfiere o cuándo debe cerrarse.
Los terceros concentran el punto crítico
La cadena de suministro depende de transportistas, almacenes externos, operadores logísticos, proveedores de software y socios comerciales. Su participación obliga a compartir pedidos, inventarios, facturas y evidencias de entrega.
Esa colaboración es necesaria, pero no justifica accesos abiertos o permanentes. El control debe comenzar con identidades individuales, autenticación multifactor y permisos proporcionales a cada tarea.
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Un transportista necesita confirmar una cita, no consultar toda la operación comercial. Un proveedor de mantenimiento puede requerir acceso temporal a una aplicación, no conservar privilegios después de terminar el servicio.
La aplicación práctica es un esquema de mínima confianza, donde cada solicitud se valida según la identidad, el contexto y el nivel de acceso. También exige revisar bitácoras, cancelar usuarios inactivos y auditar diariamente la disciplina de los proveedores.
Los contratos deben acompañar estos candados tecnológicos. La empresa necesita definir qué información comparte, a través de qué canal, por cuánto tiempo y quién responde ante un incidente. Sin embargo, es claro que “tenemos que ser rígidos, sin impactar temas operativos del negocio”, según Ochoa.
El control se construye en la operación
Los proveedores de nube o de aplicaciones pueden encargarse de ciertas capas de infraestructura, seguridad lógica y protección perimetral. La organización, en tanto, conserva el gobierno sobre los datos, los roles y la conducta de quienes utilizan el sistema.
“Sigue siendo una responsabilidad compartida, porque el uso y la data son de la compañía”, remarca Hermida, de Infor.
Esa responsabilidad involucra a tecnología, ciberseguridad, logística y compras. Operaciones debe validar que la solución sostenga pedidos, inventarios y transporte; el área tecnológica debe revisar arquitectura y configuraciones; compras debe incorporar requisitos de seguridad; y ciberseguridad debe vigilar accesos, vulnerabilidades y cumplimiento.
On-Premise, nube y modelos híbridos pueden sostener una operación logística segura. La diferencia está en la capacidad para ver cada conexión, limitar cada permiso y mantener bajo vigilancia a todos los participantes. En logística B2B, el control no proviene del lugar donde se aloja el sistema, sino de los protocolos que impiden que un acceso necesario se convierta en una puerta abierta.













