Afirmar que la inteligencia artificial es una de las tecnologías más transformadoras del siglo XXI no es una exageración. Su impacto continúa extendiéndose a prácticamente todas las industrias y su adopción dentro de las organizaciones avanza con rapidez.
De acuerdo con Deloitte, un 60 % de los trabajadores a nivel global ya tiene acceso a soluciones de IA aprobadas por sus organizaciones, reflejo de una tecnología que está dejando atrás la etapa de experimentación para integrarse cada vez más en la operación y la toma de decisiones empresariales.
La demanda seguirá al alza y ello impulsa una cadena de valor necesaria que comienza por la materia prima, la cual incluye minerales críticos como el cobre para llevar a cabo la fabricación de componentes tecnológicos y la infraestructura energética necesaria.
Se podría decir que el cobre es el sistema nervioso de la infraestructura tecnológica moderna: permite el flujo de electricidad, la transmisión de datos y el funcionamiento de chips y centros de datos.
Cobre, un mineral crítico
El cobre es un componente clave tanto en las redes eléctricas como en los sistemas de enfriamiento que hacen posible el funcionamiento de esta infraestructura. Ante su creciente relevancia, se prevé que la demanda mundial de cobre aumente de 28 millones de toneladas métricas que se tenían en 2025 a 42 millones en 2040, lo que representa un crecimiento del 50%, de acuerdo con un estudio de S&P Global.
Si bien se trata de una materia prima con un papel importante en la economía desde hace mucho tiempo por su uso en la construcción, en los últimos años se ha posicionado como un recurso estratégico en la economía digital.
Por ello, Estados Unidos designó al cobre como un mineral crítico a finales de 2025, puesto que su suministro no es solamente una cuestión de política minera, sino que se ha convertido en un desafío sistémico con impacto en la tecnología, la energía y la seguridad.
Principalmente, el crecimiento acelerado de la IA triplicará el consumo eléctrico de los data centers hacia 2035, lo que exigirá un alto volumen de este material.
Sed de cobre
El panorama global de la demanda de cobre está evolucionando muy rápido: hacia 2040 se espera que China y el resto de Asia representen el 60 % del crecimiento de la demanda mundial de cobre, impulsada por la rápida adopción de vehículos eléctricos, la generación de energía limpia, la electrificación de infraestructuras y la expansión de las redes eléctricas.
En tanto, en Norteamérica y Europa, la carrera por construir capacidad para centros de datos de IA y la expansión de la energía solar, eólica y los vehículos eléctricos serán los principales motores del consumo de cobre, estima S&P Global.
Mientras tanto, Asia Occidental experimentaría una de las tasas de crecimiento anual compuesto más altas en la demanda de cobre, aproximadamente un 4 % anual hasta 2040.
Te puede interesar: Así presiona el gasto militar al suministro de minerales críticos
Los centros de datos consumen mucha electricidad, y su proliferación está impulsando inversiones masivas tanto en el uso directo de cobre —para el suministro eléctrico, la refrigeración y la infraestructura de TI— como en la infraestructura de la red eléctrica que los abastece.
La demanda también será impulsada por otros factores, por ejemplo, la combinación de urbanización y cambios en las prácticas de construcción implica un mayor consumo de electricidad y, por lo tanto, de cobre. De igual forma, se prevé que la demanda impulsada por la defensa se triplique para 2040.
¿Una demanda superior a la oferta?
En este contexto, se plantean retos importantes para la oferta, ya que el balance actual en el mercado es bastante apretado y se espera que haya un déficit importante de cobre en los próximos años.
S&P Global detalla que, sin una expansión significativa de la oferta, el resultado podría ser un déficit de 10 millones de toneladas métricas para 2040.
Te recomendamos: América Latina ante la reconfiguración del suministro de cobre y el nuevo ciclo comercial
Por ello, el cobre ha registrado una fuerte alza en los mercados: recientemente su precio se ubicó alrededor de $6.6 dólares por libra, cerca de 37% por encima del promedio observado en 2025.
Más que un movimiento exclusivamente coyuntural, esta tendencia refleja un mercado que comienza a incorporar una demanda estructuralmente mayor y las crecientes dificultades para desarrollar nueva oferta.
En nuestras estimaciones, hacia 2030 la demanda podría superar a la oferta en alrededor de 1.8 millones de toneladas, un faltante equivalente a cerca de 20 días de consumo mundial.
Yacimientos del futuro
Por ello, para entender hacia dónde puede dirigirse el precio del cobre, es indispensable conocer de dónde proviene y por qué incrementar su producción es un proceso particularmente complejo.
Los recursos de una mina son finitos y, eventualmente, sus reservas se agotan. Al mismo tiempo, desarrollar nuevos proyectos es un proceso largo y complejo: en promedio, una nueva mina tarda 16 años en comenzar a producir, desde la exploración del yacimiento hasta la gestión de diversos factores políticos, económicos y sociales. Por ello, incrementar la oferta de cobre representa un reto importante.
Esta tensión entre la demanda y la oferta del cobre hace importante entender cómo un inversionista puede analizar a una empresa minera. Lo primero que se debe observar son las reservas del mineral y conocer el costo de extracción, porque si estos indicadores son positivos, la operación se mantendrá sana.
Sin duda, buscar exposición a este mineral implica comprender su contexto y su vínculo con la economía digital para evaluar qué lugar puede tener dentro de un portafolio de inversión, más allá de la diversificación en commodities o de la exposición a la cadena de valor de la inteligencia artificial.













