La electrificación de montacargas se consolida entre los cambios tecnológicos de mayor impacto en intralogística. Menor mantenimiento, reducción del consumo de combustibles, nuevas opciones de carga y una gestión más precisa del activo, ya modifican el costo total de propiedad.
El dinamismo impulsará el valor global del mercado de montacargas hasta 50,000 millones de dólares en 2035, desde 34,700 millones estimados en 2026, según un informe de Market Growth Reports que cifra en 65% la participación de equipos eléctricos en montacargas vendidos a nivel global.
La tendencia responde a mayores exigencias de eficiencia energética, reducción de emisiones y automatización dentro de almacenes y centros de distribución. De hecho, otro informe de Grand View Research calcula que el mercado mexicano de montacargas eléctricos podría alcanzar 808.9 millones hacia 2033.
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La experiencia de Vegusa Maquinaria muestra esa transición desde la operación. Juan Ramón Valdenegro, gerente corporativo de Servicio, recuerda que en 2010 cerca de 90% de los equipos que proveían eran de combustión interna. Hoy, 45% de su flota de renta es eléctrica y 55% sigue operando con combustión.
El litio en montacargas eléctricos
La electrificación de montacargas va más allá de sustituir un motor. Durante años, las baterías de plomo-ácido exigieron cuartos de baterías, equipos de intercambio, tiempos prolongados de carga y espacio dedicado dentro de las instalaciones.
La carga rápida redujo parte de esas exigencias y el litio está modificando nuevamente el esquema. “Tú puedes cargar una batería en dos horas aun cuando la hayas llevado al mínimo de su voltaje”, explica Valdenegro al referirse a la posibilidad de operar con una batería por montacargas.

Un informe de Interact Analysis refleja su potencial. Proyecta que la penetración del litio dentro del segmento de montacargas eléctricos pasará de aproximadamente 32% en 2024 a más de 70% en 2034.
La consultora identifica la velocidad de carga, el menor mantenimiento y el costo total de propiedad (TCO) entre sus catalizadores principales.
Valdenegro ejemplifica el impacto al recordar que uno de los clientes de Vegusa reportó un 30% de ahorro en el costo total de mantenimiento de montacargas eléctricos con carga convencional, frente a equipos de combustión interna.
"El mantenimiento de un montacargas de combustión interna es 30% más caro que uno eléctrico", asegura Valdenegro a The Logistics World.
La electrificación exige preparar la operación
El beneficio económico, sin embargo, depende de la capacidad del almacén para soportar el cambio. Por ejemplo, un Centro de Distribución puede adquirir montacargas eléctricos y descubrir después que su acometida, subestación o distribución interna no soportan la demanda simultánea de los cargadores.
Vegusa identifica voltajes de 440 a 480 volts como habituales en grandes instalaciones industriales, aunque la disponibilidad de cargadores de 220 volts ha ampliado las alternativas.
La limitante aparece principalmente en operaciones medianas o inmuebles cuya infraestructura eléctrica no fue diseñada para esas cargas.
Retos ocultos de transitar a montacargas eléctricos
Además, Interact Analysis estima que entre 50% y 60% de las instalaciones de carga para montacargas requieren adecuaciones en la infraestructura del inmueble y que esas modificaciones pueden añadir hasta 25% al costo total del proyecto.
Un segundo reto detrás de la adopción de montacargas eléctricos está en la gestión del cambio. Un operador acostumbrado a sustituir un cilindro de gas debe incorporar ventanas de recarga, nuevas rutinas y criterios distintos de utilización.
Por ello, Valdenegro insiste en la capacitación, la seguridad de las baterías y el conocimiento de la tecnología antes de migrar la flota.
Antes de elegir el montacargas
La combinación de infraestructura, hábitos operativos y características de cada aplicación determina si adquirir montacargas eléctricos será realmente viable.
Por eso, la transición debe comenzar con un diagnóstico del almacén y no con la selección del equipo. El primer filtro es la aplicación. No todos los montacargas eléctricos están diseñados para lluvia, polvo o trabajo intensivo a la intemperie.
Cuando el equipo disponible no responde a esas condiciones, Vegusa considera más conveniente mantener unidades de combustión.
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El segundo filtro es energético. La empresa debe conocer la capacidad de su subestación, el voltaje disponible, posibles caídas de tensión y el consumo que generaría la carga simultánea de varias unidades.
Sin esa revisión, la electrificación puede trasladar el problema del combustible hacia la disponibilidad de energía.
Ese diagnóstico técnico lleva directamente a una segunda pregunta operativa: cómo, cuándo y durante cuánto tiempo se cargarán los equipos. Resolverla antes de comprar permite dimensionar correctamente la flota y evitar que una transición diseñada para reducir costos termine generando tiempos muertos.
El checklist para migrar a montacargas eléctricos
- El punto de partida, según el experto de Vegusa Maquinaria, es verificar la infraestructura eléctrica y confirmar que la subestación soporte la demanda de los cargadores. También debe revisarse el voltaje y las adecuaciones necesarias antes de incorporar los equipos.
- Después debe definirse la estrategia de carga. Turnos, horas efectivas de operación, pausas, picos de actividad y espacio disponible permiten decidir entre carga convencional, rápida o baterías de litio y calcular cuántas unidades requiere realmente la operación.
- El siguiente paso es contrastar esas condiciones con la aplicación del montacargas. Tipo de piso, recorridos, carga manipulada, trabajo interior o exterior y exposición a lluvia o polvo determinan qué tecnología puede operar sin comprometer disponibilidad ni seguridad.
- La última condición es preparar al operador. “Lo principal es la infraestructura”, señala Valdenegro, pero también enfatiza “la capacitación y la educación al operador”. La transición funciona cuando energía, equipo y hábitos de uso se diseñan como un mismo proyecto de intralogística.













