La creación del Sistema Universal de Salud en México supone una nueva prueba de fuego para la cadena de suministro de fármacos y de dispositivos médicos en el país, industria que además se alista para la compra consolidada de medicamentos 2027-2028.
El reto detrás del plan que busca que una persona pueda recibir atención en instituciones como IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar o Pemex sin que su afiliación sea una barrera inmediata, está en inventarios, almacenes, presupuestos, claves adjudicadas, contratos, rutas de reparto y entregas que deben llegar a tiempo a quirófanos, laboratorios, áreas de urgencias y farmacias hospitalarias.
El gobierno prevé desplegar el Sistema Universal de Salud desplegar de forma gradual a partir de 2027. Empezará con servicios críticos y avanzará después hacia una cobertura más amplia.
Te puede interesar: La logística en salud exige precisión quirúrgica y así evolucionan las torres de control
Para la industria de dispositivos médicos en México, el cambio abre una discusión sobre cobertura sanitaria y obliga a revisar cómo se comprarán, distribuirán y administrarán los productos que sostienen la operación clínica en una red pública que ya enfrenta presión por abasto hospitalario, planeación de la demanda, entregas nacionales y trazabilidad.
La compra consolidada que viene
La transición al Sistema Universal de Salud coincide con la compra consolidada de medicamentos 2027-2028, un proceso clave para proveedores de dispositivos médicos, tratamientos y operadores especializados en logística sanitaria.
La convocatoria estaba prevista para inicios de mayo, pero a la fecha, no ha sucedido. Se espera que ocurra antes de que termine el mes y que contenga nuevas reglas, entre ellas, que los proveedores que ganen los contratos entreguen, de inicio, una reserva equivalente a 5% del volumen de los productos a suministrar.
Reportes periodísticos que citan a autoridades de la Secretaría de Salud, plantean que en una primera etapa Birmex -la paraestatal encargada de biológicos y reactivos- fungiría como compradora para institutos nacionales y hospitales de alta especialidad.

En una primera etapa, también tendrá responsabilidad sobre contratos, recepción de productos, distribución hospitalaria y pago a proveedores. En los siguientes años, el proceso se extendería al resto de instituciones de salud.
La industria rumbo a la universalidad
Para Carlos Jiménez, tesorero de la Asociación Mexicana de Industrias Innovadoras de Dispositivos Médicos (AMID) conocer los detalles de la convocatoria será determinante para la planeación logística de la industria que en cada licitación debe incorporar el costo logístico.
“Aún no es público el detalle final de cómo se hará la licitación”, advierte a The Logistics World; en especial por el hecho de saber si las entregas se realizarán en centros regionales o directamente en cada hospital.
Esa definición marcará una parte del reto logístico del nuevo Sistema Universal de Salud. La frase resume el reto que viene: convertir una política de acceso en una cadena de suministro de salud capaz de sostenerla.
El Sistema Universal se está respaldando logísticamente sobre el concepto de compras consolidadas que está direccionando Birmex
El desafío de la red hospitalaria
El tamaño de la red muestra por qué el reto no termina en adjudicar claves. El decreto publicado en el DOF, el 17 de abril, refiere que la creación del Servicio Universal de Salud requiere integrar capacidad instalada del IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar, Pemex, hospitales federales de referencia, institutos nacionales y otras instituciones públicas que se adhieran al nuevo esquema.
Tan solo el IMSS tiene una red de más de 12,000 unidades médicas rurales y urbanas, y de 250 hospitales en operación, incluyendo hospitales generales y de especialidad.
Te recomendamos: El T-MEC hizo de Tijuana la fábrica de dispositivos médicos del hemisferio occidental
El dato ayuda a dimensionar la diferencia entre surtir a un almacén y sostener una red nacional de atención. Jiménez estima “entre 600-700 lugares de entrega” donde se consumirán productos a nivel nacional.
Si la licitación exige llegar directamente a cada hospital, las empresas de dispositivos médicos se apoyarán en operadores logísticos con cobertura especializada.
“Las manufactureras no tenemos un brazo logístico suficientemente fuerte para llegar a cada hospital a nivel nacional”.
En ese escenario, la subcontratación de servicios de distribución deja de ser un apoyo táctico y se vuelve una condición para competir.
Del fallo al contrato
La compra consolidada no elimina la relación operativa con cada institución. De acuerdo el representante de la AMID, el gobierno emite una sola licitación, pero después se derivan contratos con entidades como IMSS o ISSSTE. Ese paso permite recibir pedidos, facturar y acceder al presupuesto asignado.
El proceso se formaliza con cada entidad después del fallo. En la licitación se definen cantidades mínimas y máximas por institución. Con esa base se firma el contrato y posteriormente se habilitan las entregas conforme a pedidos específicos, no como una transferencia automática de inventario.
En un escenario tradicional, cada institución expide pedidos dentro de su presupuesto autorizado. El fabricante recibe la orden y tiene un plazo de entre 12 y 14 días para llevar el producto al punto final, generalmente el almacén hospitalario.
Cuando no se refleja la demanda real
La convocatoria de la Compra Consolidada de Medicamentos puede resolver una parte del camino, pero no todo el recorrido del producto.
Jiménez identifica una fricción menos visible para la cadena de suministro de dispositivos médicos: los consumos históricos.
La falta de abasto reportada en años previos pudo dejar registros artificialmente bajos. El dato importa porque los sistemas internos suelen autorizar pedidos con base en lo que históricamente se consumió, no necesariamente en la demanda clínica real.
Si el sistema registra tres piezas al mes, pero el hospital necesita cuatro, la cuarta puede quedar fuera aunque exista contrato, presupuesto y necesidad médica.
Camino lento a la corrección
La discrepancia no se resuelve solo con inventario disponible. Requiere ajustes administrativos, validaciones internas y coordinación entre áreas que no siempre operan al mismo ritmo que la urgencia clínica.
En salud pública, esa distancia puede convertirse en espera para el paciente y en costos adicionales para el proveedor. La universalidad amplifica esa tensión.
Una unidad que antes atendía a una determinada población objetivo podría recibir pacientes de otra institución por cercanía, urgencia o continuidad de tratamiento.
Si los consumos promedio mensuales no se actualizan con rapidez, la demanda real puede crecer antes que la capacidad administrativa para pedir, recibir y pagar.
La urgencia que encarece la distribución
Jiménez usa un caso hipotético para aterrizar el riesgo. Bajo el Sistema Universal de Salud, si una inundación afectara una clínica, los pacientes podrían acudir a otra institución.
Esa unidad tendría que absorber consumos no previstos en su historial ni en su operación mensual. El ajuste, advierte, puede tomar de cuatro a seis semanas si los sistemas no están coordinados.
“No puede ser que los sistemas de consumo influyan en lo que realmente limitaría compras presupuestadas y autorizadas”, señala. El problema no sería solo clínico, sino también contractual y financiero.
La válvula que ejemplifica el reto
El ejemplo de una válvula hidrocefálica solicitada desde Chiapas muestra cómo la operación puede volverse reactiva. Son productos de uso poco frecuente, pero con urgencia clínica. El hospital puede pedir entrega antes del plazo contractual porque el paciente ya está esperando.
En ese punto, la logística sanitaria deja de ser planeada y se vuelve de emergencia. Jiménez admite que entre más urgente y menos previsto es el pedido, mayor es el costo para entregar a tiempo.
“El costo logístico varía, pero puede ser hasta 12% del valor del producto. Hay que entenderlo porque a veces, reta un poquito. Este costo logístico está incorporado en el precio que tenemos que ofrecer”, comparte.
Competir con volumen, precio y capacidad de respuesta
El reto hacia 2027 será armonizar la compra consolidada con el despliegue del Sistema Universal de Salud.
Jiménez considera que aún no está claro si la Convocatoria incorpora todos los efectos de una demanda que podrá moverse entre instituciones. El punto crítico será que mínimos, máximos, históricos y presupuestos no choquen con la atención real de pacientes.
Aun así, el panorama no es únicamente adverso. La compra bianual ofrece una ventaja frente a procesos previos: más tiempo entre el fallo y el arranque del contrato.
Para dispositivos médicos, donde la fabricación, importación, esterilización, almacenamiento y distribución requieren planeación, cinco o seis meses pueden marcar una diferencia.
Antes, recuerda Jiménez, había procesos en los que se asignaba una licitación y se pedía iniciar en 30 días.
Para una cadena de suministro de salud con productos especializados, esa ventana era limitada. Ahora, el mayor margen de preparación puede ayudar a evitar arranques desordenados.
La mayor dificultad, concluye, no estará solo en mover cajas. La industria ya tiene experiencia para contratar servicios logísticos especializados. El verdadero desafío será mantenerse “competitivos en una licitación consolidada de altos volúmenes en una presión de precios importante”.













