La ciberseguridad logística enfrenta una paradoja creciente: la misma tecnología que optimiza la eficiencia y trazabilidad en almacenes, centros de distribución y transporte, también multiplica los vectores te ataque que comprometen la continuidad operativa.
Un dispositivo móvil comprometido, una cuenta con permisos indebidos o una conexión insegura con un proveedor tecnológico pueden convertirse en puntos de entrada para ataques capaces de interrumpir el flujo de mercancías.
En América Latina, los intentos de explotación de vulnerabilidades aumentaron 39.85% durante 2025, hasta alcanzar aproximadamente 14,910 millones, según el Informe del Panorama Global de Amenazas 2026 de FortiGuard Labs.
A su vez, el Global Threat Report 2026 de CrowdStrike revela que el 82% de las detecciones registradas durante 2025 no involucró malware y que el tiempo promedio para que un atacante de ciberdelincuencia pasara de un equipo comprometido a otro se redujo a solo 29 minutos.
Ante este panorama, y con base en los hallazgos de ambos reportes, el Foro Económico Mundial (WEF) y las advertencias de especialistas de Zebra Technologies, analizamos cinco puntos ciegos que pueden comprometer la operación logística, así como las medidas para reducir su exposición y fortalecer la capacidad de respuesta de las empresas.
1). Dispositivos conectados y sistemas desactualizados
Los escáneres de códigos de barras, las computadoras móviles y las terminales portátiles forman parte de las herramientas utilizadas cotidianamente para recibir mercancías, actualizar inventarios, preparar pedidos y verificar embarques.
Sin embargo, cuando estos dispositivos se conectan con aplicaciones y redes corporativas, también pueden convertirse en puntos de acceso para los atacantes si no cuentan con controles de seguridad adecuados.
Michael Zachman, vicepresidente y director de Seguridad de la Información de Zebra Technologies, advierte que la protección de estos equipos debe formar parte de la estrategia de ciberseguridad empresarial: “Un dispositivo móvil en un almacén o un hospital es un endpoint tan potente que, si se llega a vulnerar, puede dar acceso a partes sustanciales de la organización”.
Dicho riesgo, suele nacer de descuidos básicos: equipos operando con sistemas desactualizados, aplicaciones innecesarias instaladas, falta de configuraciones seguras o conexiones sin mecanismos de autenticación robustos.
Este escenario cobra mayor relevancia frente a la creciente automatización cibercriminal. El informe de FortiGuard Labs detectó 635 vulnerabilidades en explotación activa durante 2025; de estas, el 53.86% ya contaba con un código público de prueba de concepto, lo que reduce la barrera de entrada para los atacantes.
El reporte también advierte que las vulnerabilidades conocidas pueden mantenerse activas durante años cuando los sistemas permanecen expuestos y las actualizaciones de seguridad no se aplican oportunamente.
A nivel operativo, las consecuencias son paralizantes; una intrusión en el almacén, puede comprometer los datos críticos para localizar inventarios, confirmar movimientos o procesar órdenes de trabajo, deteniendo en seco cualquier actividad dependiente de las terminales afectadas.
Para reducir estos riesgos, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) recomienda gestionar la seguridad de los dispositivos móviles durante todo su ciclo de vida.
En sus Guidelines for Managing the Security of Mobile Devices in the Enterprise (NIST SP 800-124 Rev. 2), publicadas en mayo de 2023, el organismo explica que es imperativo establecer mecanismos de administración centralizada, aplicar configuraciones seguras y mantener controles de protección desde la implementación de los dispositivos hasta su retiro.
El documento contempla tanto equipos proporcionados por la empresa, como dispositivos personales autorizados para acceder a sus sistemas, y plantea medidas para administrar los riesgos asociados con cada modalidad.

2). Credenciales robadas y accesos que parecen legítimos
Uno de los giros más alarmantes en la táctica cibercriminal es prescindir del malware; según CrowdStrike, los atacantes ahora explotan credenciales válidas, mecanismos de autenticación legítimos e integraciones de software autorizadas para moverse por los sistemas empresariales sin levantar sospechas ni activar alarmas.
El problema también se extiende a la comercialización de accesos corporativos en mercados clandestinos. De acuerdo con el reporte de FortiGuard Labs, las conexiones VPN representaron el 37.05% de los tipos de acceso empresarial anunciados por intermediarios delictivos, seguidas de las conexiones mediante protocolo de escritorio remoto (RDP), con 29.71%.
Tales mecanismos, pueden permitir que terceros no autorizados ingresen a redes corporativas y utilicen los permisos asociados a una cuenta o conexión comprometida.
En una operación logística, la exposición de estos accesos resulta particularmente delicada cuando se utilizan para administrar plataformas de gestión, prestar soporte técnico o mantener conexiones con proveedores tecnológicos.
La vulnerabilidad se multiplica cuando las empresas toleran malas prácticas de ciberhigiene: usuarios compartidos, otorgamiento de permisos excesivos o cuentas "fantasma" que permanecen activas tras la salida o reubicación de un empleado.
Para neutralizar este vector, CrowdStrike recomienda implementar autenticación multifactor (MFA) resistente al phishing, aplicar estrictamente el principio de privilegio mínimo y monitorear proactivamente actividades anómalas tanto en aplicaciones empresariales como en la nube.
Por su parte, FortiGuard Labs enfatiza la urgencia de rastrear credenciales expuestas, revocar sesiones vulneradas y acelerar el bloqueo de accesos comprometidos.
En la práctica, esto exige que los líderes logísticos trabajen codo a codo con los departamentos de TI para definir estrictamente quién necesita acceder a cada sistema, acotar las operaciones permitidas y afinar los radares operativos para detectar cualquier comportamiento inusual.
3). Conexiones IT/OT y accesos remotos sin protección suficiente
La automatización de almacenes ha incrementado la interacción entre los sistemas de tecnologías de la información (IT) y los equipos y plataformas que intervienen en procesos físicos, conocidos como tecnología operativa (OT).
Esta convergencia permite conectar información administrativa con procesos de control y ejecución, pero también puede ampliar la superficie de ataque cuando las redes no están adecuadamente segmentadas o existen accesos remotos sin controles suficientes.
La Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad de Estados Unidos (CISA), en su guía Foundations for OT Cybersecurity: Asset Inventory, destaca la importancia de identificar y documentar los activos de tecnología operativa para comprender sus interconexiones, dependencias y nivel de exposición.
Entre los riesgos que deben considerar las organizaciones se encuentran los mecanismos de autenticación débiles, el software obsoleto, los accesos remotos inseguros y la segmentación insuficiente entre redes.
A estas vulnerabilidades se suma el uso indebido de herramientas administrativas legítimas, una técnica que permite a los atacantes aprovechar funciones ya disponibles en los sistemas comprometidos.
De acuerdo con FortiGuard Labs, el 48.96% de las señales sospechosas de ejecución analizadas en su telemetría de detección y respuesta en endpoints (EDR) correspondió a aplicaciones legítimas utilizadas de forma indebida.
El informe identifica, entre otros mecanismos, el aprovechamiento de herramientas de administración remota y utilidades nativas para ejecutar comandos, desplazarse entre equipos y mantener acceso a los sistemas sin depender necesariamente de malware desarrollado a medida.
Particularmente, en centros de distribución automatizados, estos riesgos deben evaluarse considerando las conexiones entre plataformas de gestión, redes industriales y equipos que participan en la ejecución de los procesos.
Una interrupción en sistemas críticos podría afectar la coordinación de bandas transportadoras, sistemas de clasificación, equipos automatizados o procesos de preparación de pedidos, dependiendo de su arquitectura y nivel de dependencia tecnológica.
Para reducir la exposición, CISA recomienda mantener un inventario actualizado de activos OT que permita identificar equipos, conocer sus interconexiones y establecer prioridades de protección.
Esta visibilidad debe complementarse con controles de acceso remoto, segmentación de redes y mecanismos de monitoreo que ayuden a detectar actividades anómalas antes de que se propaguen hacia otros sistemas.

4). Proveedores tecnológicos y dependencias críticas
La operación logística depende cada vez más de sistemas y servicios proporcionados por terceros, desde plataformas de gestión hasta integraciones tecnológicas que permiten intercambiar información con clientes, proveedores y socios comerciales.
Aunque estas conexiones favorecen la coordinación de la cadena de suministro, también generan dependencias que pueden convertirse en vulnerabilidades cuando no se evalúan adecuadamente.
El Foro Económico Mundial (WEF), en su informe Cybersecurity's Strategic Inflection Point: A Senior Leadership Agenda for 2027, publicado en octubre de 2026, señala que el 61% de los participantes en su encuesta identificó las interrupciones de proveedores y terceros como una de las principales vías por las que los incidentes cibernéticos pueden propagarse a través de la economía.
Esta preocupación coincide con los hallazgos de CrowdStrike, que documentó durante 2025 ataques en los que los ciberdelincuentes comprometieron proveedores de software, manipularon mecanismos de actualización o modificaron componentes legítimos para aprovechar la confianza depositada en ellos.
Para las empresas logísticas, el problema puede presentarse cuando un servicio externo indispensable para consultar inventarios, transmitir órdenes o coordinar entregas deja de estar disponible o pierde integridad.
La protección de estos vínculos requiere ir más allá de los controles internos; es necesario, evaluar la seguridad de proveedores críticos, revisar los permisos otorgados a terceros y establecer procedimientos para mantener las funciones esenciales cuando se interrumpe un servicio externo.
El WEF también subraya la importancia de identificar las dependencias críticas y contar con alternativas viables de sustitución, especialmente cuando distintas organizaciones dependen de un mismo proveedor.
Esta perspectiva plantea un cambio importante: la resiliencia de una cadena de suministro no depende únicamente de los controles implementados dentro de cada empresa, sino también de la capacidad de sus socios tecnológicos para prevenir incidentes y recuperar servicios.
5). Detección tardía y falta de coordinación ante incidentes
No todos los puntos ciegos de la ciberseguridad se encuentran en los dispositivos o las redes. Las deficiencias de comunicación entre los equipos técnicos, operativos y directivos también pueden retrasar la contención de un incidente y complicar la recuperación del negocio.
Dicho riesgo se intensifica frente a la creciente velocidad de los ataques. El informe de FortiGuard Labs revela que, en varios casos analizados durante 2025, los primeros intentos de explotación de vulnerabilidades se detectaron el mismo día de su divulgación pública o al día siguiente.
El estudio señala que la automatización permite a los ciberdelincuentes incorporar rápidamente fallas conocidas a sus procesos de ataque, reduciendo el tiempo disponible para aplicar medidas correctivas.
Frente a este panorama, la capacidad de respuesta de las empresas resulta tan importante como sus herramientas de prevención; sin embargo, una encuesta realizada por el WEF en abril de 2026 encontró que el 62% de los participantes había experimentado problemas de comunicación que retrasaron o debilitaron la respuesta de sus organizaciones ante incidentes cibernéticos.
La investigación muestra que uno de los principales obstáculos es la dificultad para traducir los riesgos técnicos en consecuencias comprensibles para los responsables de tomar decisiones.
En una operación logística, esta desconexión puede generar incertidumbre sobre qué procesos deben suspenderse, cuáles pueden continuar bajo procedimientos alternativos y quién tiene autoridad para ordenar medidas de contingencia.
Por ello, la respuesta ante un ciberataque no debería recaer únicamente en las áreas de tecnología, también requiere la participación de los responsables de almacenes, transporte, distribución y continuidad operativa.
Michael Zachman, de Zebra Technologies, destaca la importancia de fomentar una cultura en la que los colaboradores puedan reportar errores o actividades sospechosas sin temor a represalias: “Un reporte rápido es lo que permite contener un incidente a tiempo. La ciberseguridad es un deporte en equipo”.
A esta recomendación se suman los planteamientos de CrowdStrike sobre la necesidad de realizar simulacros periódicos, definir responsabilidades y preparar a los equipos para responder bajo presión.
Asimismo, FortiGuard Labs propone que las empresas evalúen su capacidad defensiva mediante indicadores como el tiempo de detección, la velocidad de contención y el periodo necesario para revocar credenciales comprometidas.
Estos parámetros permiten trasladar la ciberseguridad del ámbito exclusivamente tecnológico hacia la gestión de riesgos operativos y la continuidad del negocio.

¿Cómo reducir los riesgos de ciberseguridad en la operación logística?
Frente a estos puntos ciegos, los especialistas coinciden en la necesidad de pasar de una protección reactiva a una estrategia de prevención que combine controles tecnológicos, vigilancia continua y preparación operativa.
A partir de las recomendaciones de NIST, CISA, CrowdStrike, FortiGuard Labs y el Foro Económico Mundial, las empresas pueden concentrar sus esfuerzos en cinco acciones prioritarias:
- Identificar y actualizar los activos críticos. Mantener inventarios de dispositivos, aplicaciones y equipos operativos, identificar los sistemas que intervienen en procesos esenciales y priorizar la corrección de vulnerabilidades conocidas, especialmente en aquellos expuestos a redes externas.
- Fortalecer la gestión de identidades y accesos. Implementar autenticación multifactor resistente al phishing, limitar los permisos según las funciones de cada usuario y revocar oportunamente las credenciales comprometidas o innecesarias, incluidos los accesos de proveedores externos.
- Segmentar las redes y vigilar las conexiones remotas. Establecer controles entre los sistemas corporativos y operativos, supervisar el uso de herramientas de administración remota y restringir las rutas que permitirían a un atacante desplazarse hacia otros equipos.
- Evaluar la seguridad y las dependencias de terceros. Revisar los controles de los proveedores tecnológicos, identificar los servicios externos indispensables para la operación y preparar alternativas que permitan mantener procesos prioritarios ante una interrupción.
- Preparar y comprobar los protocolos de respuesta. Definir responsabilidades entre TI, almacenes, transporte y dirección; realizar simulacros de incidentes y medir los tiempos de detección, contención y recuperación para identificar oportunidades de mejora.
Estas medidas deben acompañarse de indicadores que permitan evaluar sus resultados; en este sentido, el Foro Económico Mundial propone considerar, entre otros factores, la continuidad de los servicios esenciales, la capacidad comprobada de recuperación y la concentración de dependencias críticas.
Así, más que acumular herramientas de protección, el objetivo para las empresas logísticas es reducir las oportunidades de ataque, limitar su propagación y comprobar que pueden sostener sus procesos esenciales ante una interrupción digital.













