La huella ambiental de una prenda comienza mucho antes de llegar a una tienda. Está en la energía utilizada para fabricar los tejidos, en los procesos térmicos de una planta, en la electricidad que alimenta una línea de producción y, después, en la manera en que ese producto se mueve entre países hasta llegar al consumidor.
Para las grandes marcas globales de apparel, buena parte de estas operaciones ocurre además fuera de sus propias instalaciones. Las prendas pueden diseñarse y comercializarse bajo una misma marca, pero fabricarse en plantas independientes, operadas por proveedores que también trabajan para otras compañías.
Esto convierte la reducción de emisiones en un problema que va más allá de la operación interna: implica trabajar sobre una red productiva que la empresa no controla directamente.
El caso de lululemon permite observar esta tensión. En su informe de impacto 2025, la compañía señala que más de 95% de sus emisiones correspondían a la cadena de suministro en su línea base de 2018.
En otras palabras, el mayor desafío climático no estaba en sus oficinas, tiendas o centros de distribución, sino en los procesos necesarios para producir y mover las prendas.
En ese año, la fabricación de productos terminados y telas representó aproximadamente 33% de su huella de carbono, mientras que las materias primas, la producción de hilo y el packaging aportaron otro 28%. El transporte inbound y outbound representó alrededor de 15%.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto puede reducir una empresa sus propias emisiones, sino cómo puede intervenir sobre los procesos de una cadena productiva que ocurre, en buena medida, fuera de sus instalaciones.
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El primer cambio: pasar de exigir a acompañar
Una vez que la fabricación ocurre fuera de las instalaciones propias, la relación con los proveedores adquiere otra dimensión. No basta con establecer requisitos ambientales; también hay que crear condiciones para que las plantas puedan realizar inversiones y cambios técnicos.
En el caso de lululemon, la estrategia se concentra especialmente en sus proveedores Tier 1 y Tier 2. La compañía establece lineamientos ambientales y, de acuerdo con el reporte, puede participar mediante estudios de factibilidad, capacitación, asistencia técnica, financiamiento o cofinanciamiento y trabajo directo con las instalaciones.

También señala que busca desarrollar modelos de financiamiento escalables junto con socios de la industria.
Es una diferencia relevante frente a un modelo basado únicamente en auditorías o requisitos de compra. El problema deja de plantearse como “el proveedor debe reducir sus emisiones” y pasa a una lógica más cercana a “qué necesita esta instalación para poder hacerlo”.
La propia empresa reconoce que sus proveedores operan en mercados con condiciones muy distintas. El acceso a electricidad renovable, por ejemplo, está condicionado por la disponibilidad local, los permisos y la regulación de cada región.
Ahí aparece uno de los aprendizajes del caso: la descarbonización de una cadena global también es un problema de infraestructura.
Electricidad renovable: cambiar la fuente, no necesariamente la fábrica
Una de las vías que lululemon está utilizando es trabajar sobre la electricidad consumida por sus proveedores.
En 2025, sus proveedores Tier 1 y Tier 2 considerados core alcanzaron 33% de electricidad renovable, por encima del objetivo de 25% que la empresa había establecido para ese año. La siguiente meta es llegar a 50% para 2030.
Pero el mecanismo es más amplio que simplemente contabilizar certificados de energía renovable. La compañía señala que, cuando es posible, busca priorizar alternativas como generación solar en sitio y acuerdos de compra de energía.
También participa en iniciativas destinadas a ampliar la disponibilidad de renovables en los mercados donde se concentra su manufactura. En Vietnam, por ejemplo, puso en marcha un programa para ayudar a proveedores a establecer objetivos y hojas de ruta, después de evaluar sus necesidades de electricidad y las opciones disponibles localmente.
En paralelo, la empresa invirtió en un fondo de energía renovable gestionado con Schroders Capital para apoyar nueva capacidad de generación y trabajar con proveedores en China continental. El reporte señala que ya se ha destinado capital del fondo a varios proyectos eólicos.
El carbón pone a prueba la estrategia
Hay, sin embargo, procesos manufactureros que no se resuelven simplemente contratando electricidad renovable.
Uno de ellos es el calor utilizado en determinados procesos textiles. Las calderas de carbón siguen siendo un reto para parte de la industria porque sustituirlas requiere encontrar otra tecnología capaz de proporcionar el calor necesario para producir.
lululemon trabaja con sus proveedores para eliminar el carbón utilizado en sitio y establecer hojas de ruta para retirar las calderas existentes hacia 2030.
De las instalaciones Tier 1, Tier 2 y algunos subcontratistas que habían utilizado carbón en sitio desde 2020, 50% había dejado de utilizarlo para 2025; la compañía continuaba trabajando con las 14 instalaciones restantes. El siguiente paso es determinar qué puede sustituirlo.
Para instalaciones cuyos procesos requieren altas temperaturas, lululemon reporta estudios de factibilidad que analizan alternativas como biomasa, gas natural y electrificación.

La empresa identifica a esta última, combinada con electricidad renovable, como una vía de largo plazo, pero también reconoce obstáculos relacionados con el costo, la madurez tecnológica y el acceso a electricidad renovable.
Es probablemente el punto donde el caso deja de ser solamente ambiental y se vuelve claramente industrial: reducir emisiones puede significar modificar equipos, procesos térmicos y fuentes de energía dentro de una fábrica que pertenece a otra compañía.
La eficiencia también depende de datos y capacidades
No todo pasa por sustituir combustibles. Otra parte de la estrategia consiste en entender dónde y cómo se está consumiendo la energía.
A través de programas de Apparel Impact Institute, lululemon trabaja con proveedores para realizar evaluaciones de desempeño energético, establecer objetivos y desarrollar hojas de ruta de reducción de emisiones. En 2025, 31 instalaciones de proveedores participaban en programas multianuales de este tipo.
La compañía también recopila información ambiental de sus proveedores mediante distintos mecanismos, incluido el Higg Facility Environmental Module. Esto permite incorporar datos de las propias instalaciones a la medición de la cadena de suministro.
Ese punto es menos visible que una nueva planta solar o una caldera electrificada, pero resulta importante para gestionar una red productiva distribuida: sin información comparable sobre lo que ocurre en cada instalación, resulta más difícil identificar dónde están las oportunidades de reducción y medir si realmente están ocurriendo.
El límite: avanzar no significa reducir cada año
El resultado de 2025 también introduce una tensión que vale la pena mantener en el análisis. La compañía reportó una reducción de 29% en la intensidad de sus emisiones Scope 3 frente a 2018, pero señaló que tanto las emisiones absolutas como la intensidad permanecieron relativamente estables respecto de 2024.
¿Qué muestran los datos del año?
| Indicador | Resultado 2025 |
|---|---|
| Reducción de intensidad de Scope 3 vs. 2018 | 29% |
| Meta de reducción de intensidad para 2030 | 60% |
| Emisiones absolutas vs. 2024 | Relativamente estables |
| Intensidad de emisiones vs. 2024 | Relativamente estable |
| Electricidad renovable en proveedores core | 33% |
| Instalaciones que ya eliminaron el carbón de las que lo utilizaban desde 2020 | 50% |
Los datos climáticos de 2025 corresponden al año calendario terminado el 31 de diciembre de 2025.
La diferencia entre reducción acumulada e impacto anual es importante. Una cadena puede avanzar frente a su año base y, al mismo tiempo, no registrar una disminución adicional de un año a otro.
En el caso de lululemon, la compañía relaciona la reducción acumulada de intensidad con factores como la descarbonización de proveedores, una mayor participación de electricidad renovable, avances en materiales y una menor utilización de transporte aéreo.
También señala que en 2025 contó con una mayor disponibilidad de datos primarios de proveedores, lo que modificó parte de la información utilizada para calcular la huella.













