El código de barras ha sido una pieza decisiva en la operación del comercio mexicano. Su adopción desde hace cuatro décadas ha permitido acelerar el cobro, homologar la identificación de mercancías y simplificar procesos de inventario en supermercados, tiendas de conveniencia, marketplaces y comercio electrónico.
En México, 34,457 empresas utilizan el código de barras para detectar mercancías, desde piezas individuales hasta cajas, tarimas y unidades logísticas. De acuerdo con GS1 México, este estándar está presente en 98% de los productos que se comercializan en las cadenas de retail del país.
La historia comenzó en 1986, con 18 empresas -nueve retailers y nueve fabricantes- que impulsaron un lenguaje común de identificación comercial. Esta decisión ha permitido “hacer más eficiente el cobro de productos en los puntos de venta y la gestión de inventarios”, mencionó Jorge Garcés Domínguez, presidente de GS1 México.
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El código de barras también sentó las bases para el intercambio de información y la trazabilidad, dos elementos clave para su escalabilidad: a nivel mundial se realizan más de 10,000 millones de escaneos diarios.
En México, esa lógica de identificación ya no solo sostiene el registro de ventas, sino también procesos de recepción, almacenamiento, surtido, reposición y control de existencias.
El código de barras y la gestión de datos
Ahora esa infraestructura entra en una nueva etapa. La evolución hacia códigos bidimensionales, como QR y DataMatrix bajo estándares de identificación comercial, amplía la capacidad de vincular cada producto con información sobre lotes, caducidad, origen y otros datos útiles para fabricantes, distribuidores, retailers y consumidores.
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El cambio se traducirá en una mayor trazabilidad de la cadena de suministro. Una empresa de alimentos, por ejemplo, puede relacionar un artículo con su lote y fecha de caducidad, facilitando la rotación de mercancía, el control de inventarios y la identificación de productos ante una incidencia de calidad.
QR: Detrás de la trazabilidad
El código QR también aumenta la transparencia. Un mismo identificador sirve como acceso a información adicional sobre procedencia, características o instrucciones del producto, siempre que la empresa tenga datos actualizados y procesos capaces de respaldarlos. La etiqueta cambia, pero el verdadero salto ocurre en la calidad de la información disponible.
La tecnología, sin embargo, no genera trazabilidad por sí sola. Su valor aparece cuando la identificación se integra con inventarios, producción, calidad, distribución y plataformas de venta.
Para las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) el reto va más allá de añadir un nuevo símbolo en etiquetas; implica desarrollar procesos para generar, conservar y compartir información confiable.
¿Qué cambia para una MiPyME?
La escala del sistema muestra por qué esta transición importa a los pequeños negocios. Cada año, alrededor de 3,000 compañías, principalmente MiPyMEs, solicitan códigos de barras, según información difundida por GS1 México con motivo de los 40 años de la introducción de este estándar en el país.
Destaca que desde 2011, en México se han emitido más de 13 millones 227,378 códigos considerados como la “huella digital” de los productos.

Para los negocios, contar con catálogos consistentes y datos estructurados puede facilitar su integración con cadenas comerciales, distribuidores y marketplaces. También permite responder con mayor rapidez a devoluciones, incidencias o requerimientos de información y tomar decisiones de abastecimiento con una base operativa más sólida.
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La ventaja competitiva del código bidimensional o QR está en utilizarla para profesionalizar la operación y cerrar brechas frente a proveedores de mayor escala.
Gracias a esta solución una pequeña empresa es capaz de intercambiar información estandarizada, rastrear sus productos y cumplir con exigencias crecientes de identificación y transparencia.
Ese avance también implica costos y aprendizaje. Las MiPyMEs deberán revisar capacidades de impresión, software, gestión de inventarios y disciplina de captura de datos.
Adoptar el código sin fortalecer esos procesos puede limitar sus beneficios; hacerlo como parte de una estrategia operativa puede mejorar su acceso a canales y su capacidad de respuesta.
Prepararse antes de que sea requisito
La transición será gradual. GS1 México prevé que la adopción de códigos 2D gane escala a partir de 2028, mientras algunas empresas mexicanas ya realizan pruebas. Para las MiPyMEs, ese periodo puede convertirse en una ventana para revisar procesos antes de que estas capacidades tengan mayor presencia en los puntos de venta.
Durante la celebración por estas cuatro décadas del código de barras, Juan Carlos Molina, director general de GS1 México, anticipa que el ciclo del QR estará marcado por “más datos, más trazabilidad y más inteligencia para un mercado hiperconectado que exige velocidad, transparencia y confianza”.
Para una pequeña empresa, esa idea puede traducirse en una agenda concreta de operación y no únicamente de tecnología.
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El punto de partida es identificar qué datos son críticos para vender, surtir y rastrear un producto; después, definir cómo se capturan, actualizan y comparten. También conviene evaluar qué información demandan canales donde la empresa busca crecer y qué procesos internos necesitan fortalecerse para responder con consistencia.
Si durante 40 años el código de barras ayudó a ordenar el comercio mexicano, la siguiente etapa exigirá algo más: que las empresas conviertan cada identificador en una puerta de acceso a información útil. Para las MiPyMEs, la oportunidad no está en seguir una tendencia tecnológica, sino en usar mejores datos para operar, integrarse y competir.













