Un semáforo en rojo al salir de una aduana en México puede convertirse en una ventana de alto riesgo para el transporte de mercancías. Se trata de un punto vulnerable identificado por especialistas en seguridad logística y, sin embargo, el robo de carga continúa.
El botón de muestra es el robo de drones, cámaras y accesorios de la marca DJI, ocurrido en agosto pasado. El cargamento salió de la aduana del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y, un par de kilómetros adelante, la unidad fue interceptada y sufrió interferencias en su sistema de rastreo.
Información proporcionada por uno de los socios de la Asociación Nacional de Empresas de Rastreo y Protección Vehicular (ANERPV) permitió identificar el punto donde la unidad comenzó a desacelerar, el momento de su interceptación y cuándo dejó de ser rastreable.
El caso evidencia una vulnerabilidad para el transporte de mercancías en instalaciones aeroportuarias: el riesgo de robo está en las vialidades por las que circula la carga una vez que abandona el perímetro de seguridad.
Carga de alto valor, el atractivo para los delincuentes
El fenómeno del robo de carga no es exclusivo del AIFA. En Jalisco también se presentan incidentes relacionados con mercancías de alto valor, como los microprocesadores, de acuerdo con Luis Villatoro, presidente de la ANERPV.
“Desafortunadamente, el semáforo en rojo es un punto de vulnerabilidad”, advierte el especialista. Sin embargo, el riesgo no se limita a ese punto, sino que puede extenderse a los primeros cinco o seis kilómetros posteriores a la salida de la terminal aérea.
La naturaleza de los productos transportados por vía aérea es un factor que puede aumentar su exposición al robo de carga. Se trata de mercancías de alto valor comercial que, por sus dimensiones, pueden trasladarse en vehículos de menor tamaño.
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“Es mercancía pequeña, pero de alto valor y que va a salir en unidades pequeñas que son vulnerables para los grupos delictivos”, comenta a The Logistics World.
En las vialidades que conectan al AIFA, como la carretera 85 y la 85-D, así como el Circuito Exterior Mexiquense; se han reportado incidentes de robo de mercancías, entre ellas relojes de lujo, artículos deportivos y productos farmacéuticos.
“Son las tres vías de comunicación que son las más riesgosas para la carga, en el Estado de México”, señaló Villatoro en una entrevista a finales de septiembre, donde destacó que la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional mantienen resguardado el perímetro de la terminal aérea.
La vulnerabilidad aparece cuando los vehículos abandonan ese entorno e ingresan a corredores carreteros donde la exposición al delito adquiere otras características.
El riesgo de robo de carga también alcanza a los puertos
El perímetro de seguridad de las terminales no necesariamente se extiende a las vías de comunicación por las que circulan las mercancías.
Esta situación se presenta en aeropuertos, pero también en las conexiones terrestres de puertos marítimos como Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz, así como en corredores logísticos interiores, entre ellos los de Guanajuato.
“La mentalidad criminal ve una oportunidad; un sitio donde seguramente observa mercancía de alto valor que puede ser tomada y que necesariamente se tendría que establecer un corredor seguro”, expuso Villatoro a TLW.
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Para las autoridades, establecer corredores seguros en las inmediaciones de puertos y aeropuertos requiere conocer los patrones del robo de carga, desde los sitios donde se presentan los incidentes hasta los horarios y las rutas de mayor exposición.
Parte de esa información proviene de las empresas de transporte, operadores logísticos y compañías dedicadas al rastreo vehicular, cuyos registros permiten identificar incidentes y comportamientos que no siempre son visibles para las autoridades.
Operativos de seguridad frente al persistente robo de carga
En el caso del AIFA existe el operativo Mamut, mientras que la Guardia Nacional cuenta con mecanismos de acompañamiento y atención a incidentes en la red carretera, como el operativo Escalón y la Línea de Atención Inmediata Contra Asaltos (LAICA).
Sin embargo, la existencia de estas medidas no ha eliminado los incidentes de robo de carga en las vialidades que conectan los principales centros logísticos.
De acuerdo con Villatoro, líderes de organismos empresariales como la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), la Asociación Nacional de Transporte Privado (ANTP) y la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) han manifestado la urgencia de fortalecer la coordinación con las autoridades de seguridad.
El objetivo es mejorar la capacidad de prevención y respuesta ante la operación de grupos delictivos en corredores utilizados para transportar mercancías.
“No es que no exista, existe, pero desafortunadamente no se ha logrado percibir en algunos casos, la magnitud que tiene la operación de grupos criminales alrededor de zonas importantes como los aeropuertos”, afirma Villatoro.
El especialista reconoce que existen esfuerzos institucionales de vigilancia y colaboración. No obstante, considera necesario que las estrategias de seguridad incorporen una visión más amplia del riesgo, particularmente en las rutas que conectan puertos, aeropuertos y centros de distribución.
El subregistro dificulta dimensionar el robo de carga en México
Durante una reciente asamblea de la ANERPV, Villatoro expuso que los registros de incidentes de robo de carga del sistema oficial de seguridad pública muestran una tendencia a la baja, situación que contrasta con la experiencia reportada por algunas organizaciones del transporte.
Una de las explicaciones que plantea es la existencia de incidentes que no terminan reflejados en las estadísticas oficiales, particularmente cuando la carga o las unidades son recuperadas sin que se formalice la denuncia correspondiente.
Según el presidente de la ANERPV, en ocasiones, una vez que se recupera la mercancía y se acredita la propiedad de la unidad robada, las autoridades permiten su liberación sin que el hecho quede registrado en las estadísticas delictivas.
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“Obviamente se agiliza el movimiento de mercancías, pero desafortunadamente esos números no aparecen a pesar de que el delito sucedió”, cuenta.
La ANERPV mantiene registros propios de incidentes de robo de carga que, de acuerdo con Villatoro, no siempre tienen correspondencia con las cifras del sistema oficial.
Aunque ambas fuentes pueden utilizar metodologías distintas, esta diferencia plantea dificultades para dimensionar el fenómeno y conocer su comportamiento en los corredores logísticos.
El problema también se relaciona con las consecuencias operativas que enfrentan los transportistas después de un incidente.
De acuerdo con Villatoro, integrantes de organismos como la Canacar y la Concamin han señalado que algunos operadores prefieren continuar sus recorridos aun con daños en los vehículos, antes que enfrentar procesos que puedan derivar en la inmovilización prolongada de sus unidades.
Esta situación, advierte, puede desalentar la denuncia y contribuir a que determinados incidentes no aparezcan en los registros oficiales, pese a que el delito se haya cometido.
El robo de carga se desplaza hacia otras vialidades
La vigilancia en determinados corredores carreteros también está modificando la distribución territorial del riesgo, según la experiencia de la ANERPV.
En palabras de Villatoro Martínez, algunos tramos de las carreteras México-Puebla y México-Querétaro, donde existe presencia puntual de la Guardia Nacional, han registrado una disminución de los incidentes de robo de carga.
Sin embargo, el especialista identifica un desplazamiento de la actividad delictiva a otras vialidades, particularmente en zonas interurbanas y carreteras secundarias.
Mientras la carretera 57 conocida como NAFTA highway, cuenta con dispositivos de vigilancia, se presentan incidentes en el Circuito Exterior Mexiquense y otras áreas urbanas bajo jurisdicción local: “En unos sitios baja y en otros se dispara”.

Villatoro Martínez señala que se han observado avances en la carretera federal 57 y en la autopista 150-D, que conecta con Puebla. En contraste, identifica una mayor incidencia delictiva en rutas que van de Jalisco hacia San Luis Potosí y la zona de Matehuala.
Este comportamiento, de acuerdo con su análisis, muestra que la atención a determinados corredores debe acompañarse de un seguimiento constante de las vialidades a las que puede desplazarse el riesgo.
La colaboración con las autoridades resulta fundamental para identificar esos cambios y ajustar las estrategias de seguridad.
La comunicación “sí sucede, quizás no en el sentido en que quisiéramos, pero impulsamos esa comunicación, mostrando a autoridades, haciéndoles ver los patrones de días y horarios. Esto ayuda mucho a que la estrategia se vaya afinando”, explica.
Colaboración para proteger las cadenas de suministro
Identificar y atender los puntos donde una unidad de transporte enfrenta mayor riesgo de robo requiere la participación de autoridades federales y estatales, así como un intercambio de información con el sector privado.
Para las empresas, la seguridad de las mercancías no solo implica evitar pérdidas económicas, sino preservar la continuidad de las operaciones y reducir las interrupciones en las cadenas de suministro.
“La autoridad tiene que estar enterada del efecto posterior que puede generar la detención de la carga”, afirma Villatoro.
Como parte de los esfuerzos para combatir el robo de mercancías, la ANERPV sostiene reuniones semanales con altos mandos de la Coordinación Nacional de Seguridad en Carreteras de la Guardia Nacional, donde comparte información de inteligencia y análisis de datos.
Entender el comportamiento del robo
Estos insumos son generados por miembros de la Canacar, la ANTP y otros organismos, y permiten revisar el comportamiento del robo de carga en tramos que pueden escapar a la vigilancia de las autoridades.
La información incluye patrones relacionados con días, horarios y zonas donde se presentan los incidentes, elementos que contribuyen a identificar cambios en la actividad delictiva.
La asociación también ha estrechado la comunicación con mandos de la Guardia Nacional en Jalisco y San Luis Potosí, entidades que forman parte de los corredores utilizados para movilizar mercancías desde el Bajío y el centro del país hacia la frontera norte.
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De igual forma, ha establecido acercamientos con autoridades de la Ciudad de México e Hidalgo, particularmente por los riesgos identificados en las conexiones terrestres del AIFA.
En Puebla, la ANERPV firmó un convenio de colaboración con el Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Cómputo y Calidad (C5), con el propósito de fortalecer la capacidad de reacción ante incidentes de robo de carga.
Estos mecanismos de colaboración buscan que la información generada por las empresas contribuya a mejorar la vigilancia y la respuesta institucional en los corredores donde se movilizan mercancías.
Para Villatoro, el intercambio de información sobre los patrones delictivos es una herramienta para ajustar las estrategias de seguridad frente a un fenómeno que continúa afectando al transporte de carga en México.













