En la operación logística, pocas decisiones parecen tan tácticas —y al mismo tiempo tan subestimadas— como la selección del empaque para tarimas. Sin embargo, detrás de ese proceso hay variables críticas que impactan directamente en costos, mermas, sostenibilidad y eficiencia operativa.
Hoy, la conversación ya no gira únicamente en torno al precio del material, sino en su desempeño real dentro de la cadena de suministro.
En ese contexto, compañías como Xpack Films han construido su propuesta sobre una idea clara: el empaque no es un insumo, es una solución de ingeniería aplicada.
Fundada en 2007 en San Luis Potosí, la empresa se ha especializado en películas stretch de alto rendimiento y soluciones termoencogibles, posicionándose como uno de los referentes en México y América Latina.
Más allá del plástico: ingeniería aplicada a la contención
Uno de los errores más comunes en la industria es asumir que el empaque es un commodity. En realidad, se trata de un producto altamente técnico, donde cada componente responde a una lógica de ingeniería.
“La película stretch es un producto 100% de ingeniería. Nada está hecho al azar; todo tiene una razón técnica de por qué se fabrica como se fabrica”, explica José Santos, Stretch and Shrink Film Packaging Consultant.
Desde esta perspectiva, el objetivo no es simplemente envolver una carga, sino garantizar su estabilidad durante todo el trayecto logístico. La clave está en lograr la fuerza de contención necesaria utilizando la menor cantidad de material posible.

Esto no solo asegura la integridad del producto, sino que también redefine la eficiencia del proceso.
El gran mito del costo: cuando lo barato sale caro
Durante décadas, el precio por kilo ha sido el principal criterio de compra en materiales de empaque. Sin embargo, este enfoque ha quedado obsoleto frente a las nuevas tecnologías.
“El mercado sigue tomando decisiones con base en el precio por kilo, pero eso puede ser engañoso”, señala Carlos Vega, Key Account Manager en X-Pack Films. “Un material más barato puede requerir más gramos para lograr la misma contención, lo que termina elevando el costo real”.
Este cambio de lógica es fundamental: el costo ya no debe medirse por unidad de compra, sino por desempeño en aplicación.
En otras palabras, lo relevante no es cuánto cuesta el rollo, sino cuánto material necesitas para asegurar cada tarima.
Cómo elegir la película correcta: de la carga al trayecto
Elegir el tipo de película no es una decisión estándar. Depende directamente de la operación, del tipo de carga y de las condiciones logísticas.
Uno de los primeros factores es la configuración de la carga. No es lo mismo una tarima uniforme y estable que una con productos irregulares o mixtos. Las cargas más homogéneas requieren menor complejidad, mientras que aquellas con formas variables demandan soluciones de mayor desempeño.
A esto se suma el tipo de equipo utilizado. Las envolvedoras automáticas con pre-estiramiento, por ejemplo, requieren películas de grado premium, mientras que equipos más básicos pueden operar con soluciones intermedias o económicas.
Otro elemento clave es el peso de la carga y los requerimientos específicos del producto. Factores como la fragilidad, la exposición al exterior o el almacenamiento prolongado pueden exigir propiedades adicionales, como resistencia al deslizamiento o protección contra rayos UV.

Finalmente, la distancia de envío también influye en la decisión. A mayor recorrido, mayor necesidad de asegurar la estabilidad de la carga con materiales de alto rendimiento.
En conjunto, estos criterios cambian completamente la lógica de selección: ya no se trata de elegir un rollo, sino de diseñar una solución de embalaje.
Costos ocultos: el verdadero impacto en la operación
Cuando el empaque falla, las consecuencias son inmediatas y costosas. La merma es uno de los principales indicadores de una mala decisión en este rubro.
“Si una tarima colapsa durante el transporte, el costo es altísimo. Ese es el principal costo oculto”, advierte Israel Rivera, Territory Sales Manager in Paragon Films, Inc. México.
Pero no es el único. También existen otros impactos menos visibles:
- Sobreconsumo de material
- Ineficiencias en la aplicación
- Falta de estandarización operativa
- Mayor huella ambiental
En conjunto, estos factores pueden representar pérdidas significativas que no siempre se reflejan de forma inmediata en los indicadores financieros, pero sí en la rentabilidad global de la operación.
La clave está en medir: de la intuición al dato
La transición hacia soluciones más eficientes requiere un cambio de mentalidad: pasar de decisiones basadas en percepción a decisiones basadas en datos.
El primer paso es entender la necesidad específica de cada operación. No todas las cargas requieren el mismo nivel de contención, ni todas las aplicaciones demandan las mismas características del material.
“Todo se centra en la fuerza de retención de carga. No es lo mismo embalar latas vacías que productos pesados. Cada caso requiere una solución distinta”,
explica Rivera.
A partir de ahí, el proceso debe incluir evaluación en sitio, medición de consumo en gramos, análisis de desempeño en transporte y seguimiento continuo.
“El retorno de inversión se construye con seguimiento. Puedes tener el mejor material, pero si la operación no está alineada, no se sostienen los resultados”, añade Vega.
Sustentabilidad real: menos material, mayor impacto
En un contexto donde la sostenibilidad es prioridad, el enfoque más efectivo no siempre está en cambiar de material, sino en reducir su uso.
“Si logras bajar el calibre y usar menos material manteniendo la misma contención, estás generando un impacto ambiental inmediato”, apunta Santos.
Este enfoque coincide con la visión de empresas como Xpack Films, cuya estrategia se basa en desarrollar películas de alto rendimiento que reduzcan el uso de plástico virgen sin comprometer la seguridad de la carga.
La reducción de gramos por tarima no solo disminuye costos, sino también la cantidad de residuos generados en la cadena.
En este sentido, los expertos apuntan a que la evolución del sector camina hacia materiales cada vez más delgados, pero con mayor resistencia. Es decir, soluciones de alto desempeño que permitan hacer más con menos.
“Las películas seguirán adelgazando, pero serán más resistentes. La clave está en eliminar el consumo innecesario de plástico”, concluye Rivera.
En paralelo, la innovación continuará enfocándose en:
- Nuevas formulaciones
- Mejora en procesos de extrusión
- Mayor precisión en la aplicación
- Integración de tecnología en la operación
El resultado será un empaque cada vez más estratégico dentro de la cadena logística.
Lo que antes se veía como un insumo más, hoy se posiciona como un factor clave en la eficiencia logística.
Optimizar el empaque no es solo una mejora técnica: es una decisión que impacta costos, sostenibilidad, calidad de servicio y competitividad.
Porque en logística, asegurar que un producto llegue en perfectas condiciones no es un detalle operativo. Es, literalmente, lo que hace posible que todo lo demás funcione.













