Durante años, la optimización logística se centró en una ecuación relativamente directa: reducir costos de transporte, negociar mejores tarifas con proveedores y optimizar rutas. Este enfoque, aunque funcional en entornos estables, ha demostrado ser insuficiente en costos logísticos 2026 frente a la creciente volatilidad global y los costos ocultos en los que se refleja.
“Muchos gerentes logísticos siguen enfocados en negociar tarifas o reducir costos visibles. Pero eso ya no es suficiente”, advirtió Edward Lee durante su intervención en Cello Square 2026, organizado por Samsung.
La razón es clara: el entorno ha cambiado. Hoy, la logística opera en un escenario donde las disrupciones no son excepciones, sino parte estructural del sistema. Desde conflictos geopolíticos hasta restricciones regulatorias y crisis climáticas, cada variable introduce costos que no aparecen en los modelos tradicionales, pero que impactan directamente en la rentabilidad.
Qué es “true cost economics”
Frente a este contexto, Samsung SDS propone un cambio de paradigma: adoptar una visión integral del costo logístico basada en lo que Lee denomina “true cost economics”. Este enfoque implica considerar no solo los costos operativos visibles, sino también todos los factores ocultos que pueden afectar el desempeño de la cadena de suministro.
“El concepto de true cost significa que debemos incorporar el riesgo, las disrupciones globales y los costos ocultos a lo largo de todo el ciclo de vida del producto”, explicó Lee.
Esto incluye, por ejemplo, variaciones en precios de combustible, congestión portuaria, retrasos en rutas críticas, sanciones comerciales, cambios regulatorios y eventos climáticos extremos. Todos estos elementos generan costos que, aunque no siempre se contabilizan de forma directa, afectan tiempos de entrega, inventarios, servicio al cliente y, en última instancia, ingresos.
Cómo se relaciona la logística con gestión de riesgo financiero
La integración del riesgo dentro del cálculo logístico transforma radicalmente la función. Deja de ser un área centrada en ejecución para convertirse en un componente estratégico de gestión financiera.
Lee ilustró este punto al destacar que eventos como bloqueos en rutas marítimas, incrementos en precios del petróleo o tensiones en regiones clave pueden alterar significativamente la operación logística global.
En este sentido, el costo ya no se limita a lo que se paga por mover mercancías, sino que incluye el costo de no tener visibilidad, de no anticipar disrupciones o de no contar con rutas alternativas preparadas. Es decir, el costo de la falta de resiliencia.
Geopolítica, clima y regulación explicados en los costos
Uno de los elementos más relevantes que subraya Lee es el peso creciente de factores externos en la estructura de costos. La logística ya no depende únicamente de eficiencia interna, sino de un entorno global altamente interconectado y volátil.
Conflictos en Medio Oriente, restricciones en el Mar Rojo, tensiones comerciales entre potencias y fenómenos climáticos extremos están alterando rutas, incrementando tiempos de tránsito y elevando costos de operación.
A esto se suma la presión regulatoria, particularmente en materia ambiental. Nuevas normativas en transporte marítimo, aéreo y terrestre están incrementando los costos de cumplimiento, obligando a las empresas a adaptar sus operaciones.
“Las regulaciones ambientales están generando un impacto directo en los costos logísticos, y son factores que no pueden evitarse”, señaló Lee.

La visibilidad ya no es suficiente
En este nuevo contexto, contar con visibilidad sobre la cadena de suministro deja de ser un diferenciador. Saber dónde está un embarque o cuánto tardará en llegar es apenas el punto de partida.
Lo que realmente genera valor es la capacidad de anticipar problemas, evaluar escenarios y tomar decisiones informadas antes de que ocurra una disrupción.
Aquí es donde la inteligencia artificial juega un papel fundamental. Al integrar datos de múltiples fuentes —incluyendo información no estructurada como correos, mensajes y reportes operativos—, las plataformas logísticas avanzadas pueden identificar riesgos, predecir impactos y proponer alternativas en tiempo real.
“Ya no se trata solo de mostrar datos, sino de analizarlos y ofrecer soluciones prescriptivas”, explicó Lee.
De la eficiencia a la resiliencia
El enfoque tradicional de reducción de costos priorizaba la eficiencia: menor gasto, mayor velocidad, optimización continua. Sin embargo, en el contexto actual, esta lógica puede resultar contraproducente si no se equilibra con resiliencia.
Reducir costos a costa de eliminar redundancias, concentrar proveedores o depender de una sola ruta puede generar vulnerabilidades críticas. En cambio, invertir en flexibilidad, diversificación y capacidad de respuesta puede implicar un mayor costo inicial, pero reduce significativamente el riesgo de interrupciones costosas.
Este cambio de mentalidad es central en el concepto de “true cost economics”. El costo no se reduce simplemente eliminando gastos visibles, sino gestionando de manera inteligente los riesgos que pueden generar impactos mucho mayores.
Implicaciones para la toma de decisiones
El replanteamiento del costo logístico tiene implicaciones directas en la forma en que las empresas toman decisiones. Ya no es suficiente que las áreas operativas lideren la estrategia logística; se requiere una integración más estrecha con finanzas, estrategia y dirección general.
“El top management debe considerar el costo real, no solo las tarifas, para tomar decisiones más acertadas”, enfatizó Lee.
Esto implica incorporar modelos de simulación, análisis predictivo y evaluación de riesgos en la planificación estratégica. También requiere una mayor madurez digital para capturar y procesar datos de manera efectiva.
Un nuevo lenguaje para la competitividad
El concepto de “true cost economics” no es solo una herramienta analítica, sino un nuevo lenguaje para entender la competitividad empresarial. En un entorno donde la incertidumbre es constante, la capacidad de gestionar costos invisibles y anticipar disrupciones se convierte en un diferenciador clave.
La logística, bajo esta nueva óptica, deja de ser un centro de costos para convertirse en un sistema de inteligencia estratégica. Uno que no solo mueve mercancías, sino que permite a las organizaciones navegar la complejidad global con mayor precisión, resiliencia y control.
En palabras de Edward Lee, el reto ya no es simplemente reducir costos, sino “tomar decisiones basadas en el costo real, considerando todos los factores que impactan la cadena de suministro”.













