30 de Julio de 2026

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Actualidad logística

Cadena de frío: cómo reducir el consumo de agua en el transporte refrigerado

Presión hídrica y nuevas normas impulsan cambios operativos en logística de temperatura controlada
Laura Herrera
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La cadena de frío es uno de los procesos logísticos de mayor complejidad, debido a que sus eslabones —que incluyen el almacenamiento, transporte y distribución— deben mantenerse estables en todo momento para garantizar la seguridad de los productos. Durante los últimos años, a los desafíos habituales de este sector se ha sumado el de la sostenibilidad, pero ¿cómo reducir el consumo de agua y otros recursos en este delicado proceso?

Primero, las presiones específicas respecto del consumo de agua responden al calentamiento global, la sobreexplotación de recursos naturales y a una preocupación mundial sobre el futuro de las nuevas generaciones.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), sin acciones coordinadas, la extracción de recursos naturales podría aumentar hasta un 60% hacia 2060 frente a los niveles de 2020, intensificando riesgos como el estrés hídrico y la pérdida de biodiversidad.

Paralelamente, el World Resources Institute (WRI) ubica a México como uno de los países con mayor estrés hídrico, lo cual eleva la urgencia de incorporar criterios de eficiencia en sectores intensivos en recursos, como la logística de temperatura controlada.

Ante este panorama, donde la eficiencia energética ya no es suficiente, el transporte refrigerado surge como un punto de intervención clave para optimizar el uso de recursos hídricos a lo largo de la operación.

¿Cuál es la importancia del transporte refrigerado en la cadena de frío?

Recordemos que la cadena de frío es imprescindible para diversos insumos y productos del sector alimentario y de salud. En términos generales, se sostiene sobre cinco procesos: la fase de producción y tratamiento, el transporte, la fase de almacenamiento en cámaras o almacenes de refrigeración, distribución y finalmente el consumidor.

Cada etapa del proceso juega un papel vital y demanda una gran especialización por parte del personal, debido a que no todas las mercancías requieren las mismas condiciones térmicas; por ejemplo, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el caso de las vacunas hay dos rangos de temperaturas: “las sensibles al congelamiento deben almacenarse (y transportarse) a entre 2°C y 8°C, mientras que las producidas con cepas víricas y/o liofilizadas necesitan entre -15°C y -25°C”.

Sin embargo, las temperaturas varían para otros medicamentos, estudios clínicos y diversas clases de alimentos como carne, alimentos listos para comer, así como pescados y mariscos.

A lo largo de toda la cadena de frío, la importancia del transporte refrigerado radica en que es el eslabón que permite movilizar los productos desde su origen hasta el consumidor final; no obstante, es una de las etapas más vulnerables debido a que se expone a variables externas incontrolables, a diferencia de los almacenes o cámaras fijas.

Un consumo poco visible, pero relevante

Volviendo a la optimización de recursos hídricos en el transporte refrigerado, cabe mencionar que, a diferencia del consumo energético —medible en combustible, emisiones o costos—, el uso de agua en la cadena de frío suele permanecer fuera del radar operativo.

Gran parte de este consumo ocurre de forma indirecta, en procesos como el mantenimiento de equipos, la limpieza de unidades o la gestión térmica.

El consumo de agua en la cadena de frío suele diluirse en procesos secundarios, por lo que ha permanecido fuera del radar de operación”, explica José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King.

Sin embargo, este carácter indirecto no reduce su impacto; desde la fabricación de componentes hasta la disipación térmica en ciertos sistemas, el agua forma parte del ciclo operativo del transporte refrigerado, configurando una huella hídrica que, hasta ahora, ha sido poco cuantificada.

Del riesgo ambiental a la eficiencia operativa

El aumento del estrés hídrico, junto con nuevas exigencias de clientes y cadenas globales, está llevando a los operadores logísticos a replantear prácticas históricas; lo que antes era un factor marginal, comienza a integrarse como parte de la estrategia operativa.

En este escenario, el transporte refrigerado no solo representa un desafío, sino también una oportunidad para reducir el consumo de agua en la cadena de frío a través de distintas palancas:

1). Transición tecnológica

La adopción de sistemas de refrigeración más eficientes permite reducir la carga térmica, lo que disminuye la necesidad de procesos indirectos intensivos en agua en etapas previas de la operación. Tecnologías con mejor coeficiente de desempeño y el uso de energías alternativas contribuyen a este objetivo.

2). Innovación en materiales y componentes

El desarrollo de nuevos materiales y lubricantes está extendiendo los ciclos de mantenimiento, reduciendo intervenciones que implican consumo de agua. A esto se suman decisiones operativas como la consolidación de carga o la reducción de aperturas de puerta, que generan efectos acumulativos en la eficiencia.

3). Digitalización y monitoreo en tiempo real

La incorporación de sistemas inteligentes permite ajustar con precisión variables como temperatura y humedad dentro de las unidades. Esto evita sobreenfriamientos y ciclos innecesarios, optimizando tanto el consumo energético como el hídrico de forma indirecta.

4). Optimización logística

La mejora en la planeación de rutas, la reducción de tiempos de espera y una gestión más eficiente de cargas disminuyen las horas de operación de los sistemas de refrigeración. Menos tiempo en funcionamiento se traduce en menor consumo de recursos.

5). Mantenimiento eficiente y nuevas prácticas de limpieza

Equipos bien calibrados operan con mayor eficiencia. Además, el uso de tecnologías de lavado en seco o sistemas de recirculación permite reducir el consumo directo de agua en las operaciones de mantenimiento.

El impacto que se extiende a toda la cadena

Uno de los aspectos más relevantes es la capacidad del transporte refrigerado para influir en otros eslabones de la cadena de frío; dado que, las decisiones tomadas en la movilidad de productos perecederos pueden impulsar estándares más estrictos en centros de distribución, almacenes y procesos productivos.

Esta articulación “aguas arriba y aguas abajo” permite que la eficiencia hídrica se integre de manera transversal, alineando la operación logística con objetivos de sostenibilidad cada vez más exigentes.

Para el sector logístico, el reto ya no se limita a garantizar la integridad de los productos o a optimizar costos operativos, la nueva ecuación integra tres variables clave:

  • Control térmico
  • Eficiencia energética y
  • Uso inteligente del agua

En un entorno donde la disponibilidad de recursos se perfila como un factor determinante para la operación, la capacidad de anticipar y gestionar el consumo de agua en la cadena de frío será clave para mantener la competitividad y cumplir con estándares ambientales cada vez más estrictos.


Laura Herrera

Periodista con experiencia en sitios digitales como El Universal, Univision, Condé Nast y TecScience. Apasionada por la investigación y el storytelling.

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