22 de Abril de 2026

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Las 3 competencias clave (y no tan evidentes) para los recién egresados en el campo de la logística

Vale la pena repasar algunas de las competencias comúnmente aceptadas en la cadena de suministro.
Pedro Bermúdez
escasez talento logístico

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Esta es una pregunta muy frecuente que nos hacemos —o que suelen hacerles a los profesionales del sector logístico—, y por qué no decirlo, aplica también a cualquier otra disciplina o profesión.

Todos coincidimos en que los profesionales de la logística requieren tanto habilidades técnicas como las denominadas “blandas” o de relación interpersonal.

Vale la pena repasar algunas de las competencias comúnmente aceptadas en la cadena de suministro. Nunca está de más tenerlas presentes:

Herramientas básicas 

  • Conocimiento o noción de software especializado como ERP, WMS, TMS, OMS.
  • Manejo de herramientas que digitalicen y automaticen las operaciones, incluyendo hoy en día la inteligencia artificial como elemento innovador.
  • Capacidad de análisis de datos.
  • Conocimiento de normativas locales e internacionales.
  • Comprensión de los procesos generales de la cadena de abasto, en especial en las áreas de compras, abastecimiento, almacenes, distribución y transporte. 

    También están las habilidades blandas, es decir:                      
  • Trabajo en equipo
  • Orientación al cliente.
  • Adaptabilidad.
  • Atención al detalle.
  • Creatividad.
  • Dominio de otro idioma.
  • Pensamiento crítico.
  • Empatía.
  • Gestión del tiempo.
  • Capacidad para trabajar bajo presión.

Estas habilidades, sin duda, son útiles no solo en logística, sino prácticamente en cualquier actividad o ámbito profesional. 

Sin embargo, si tuviéramos que elegir solo tres competencias imprescindibles, sorprendentemente serían tres habilidades blandas. En mi opinión, son las que más deberíamos recomendar, desarrollar y promover prioritariamente entre estudiantes y ejecutivos logísticos. Aunque parezcan lógicas o básicas, en la práctica suelen ser subestimadas o descuidadas. En muchos casos se dan por sentadas durante la formación académica, y rara vez se ejercitan con plena conciencia.

1. Habilidad para comunicar

No se trata únicamente de hablar, expresar ideas o escuchar. Es mucho más que eso. Por supuesto, se valora la claridad al hablar con un lenguaje simple y directo, evitando tecnicismos si el contexto no los requiere. Pero comunicar también implica empatía: adaptar nuestro mensaje al conocimiento, contexto y necesidades del interlocutor. A menudo hablamos más para desahogar emociones personales que para cumplir un objetivo claro o considerar a quien nos escucha.

Comunicar es también saber escuchar. Es un proceso bidireccional que requiere prestar atención sin interrumpir (lo cual es un verdadero reto), permitiendo entender por completo una idea antes de reaccionar con nuestra opinión.

El lenguaje no verbal, tan mencionado y tan poco practicado, suele decir más que las palabras. A veces lo que decimos no coincide con nuestra postura, gestos, tono de voz o contacto visual. Comunicar no es solo hablar: es actuar con coherencia. Lo que decimos debe reflejar lo que creemos y sentimos. Esa congruencia transmite interés, pasión y compromiso. Por ejemplo, no puedo decir que estoy emocionado si mi lenguaje corporal es pasivo y distante.

Comunicar es también narrar, persuadir, conectar. Aquí es donde la cultura general se vuelve clave: viajar, leer, conocer la historia y el arte nos brinda herramientas para contar historias significativas. Este acervo nos acompañará toda la vida.

Por último, la buena comunicación incluye adaptabilidad. Si el mensaje no se comprende, hay que saber reformularlo. Muchas veces, sin darnos cuenta, asumimos que nos han entendido, y continuamos con esfuerzos que terminan siendo en vano.

2. Control de las emociones

El control emocional consiste en reconocer, comprender y regular nuestras emociones de forma efectiva. No se trata de reprimirlas, sino de gestionarlas para evitar reacciones impulsivas o negativas.

Aunque suene sencillo, es quizá una de las competencias más complejas, ya que involucra muchos factores: nuestra historia familiar, escolar, social y laboral. Miedos, inseguridades y valores moldean nuestras reacciones ante el entorno. La madurez emocional requiere muchas acciones para lograrse. Por eso, es recomendable que los jóvenes profesionales busquen tutores o mentores que los ayuden a reflexionar desde distintas perspectivas.

Nuestro desarrollo no es un camino solitario. Necesitamos apertura para recibir retroalimentación y generar acciones significativas. Practicar la autorregulación emocional permite, antes de reaccionar, entender el contexto —como ya vimos en la competencia anterior.

Las nuevas generaciones, acostumbradas a la tecnología y al acceso inmediato a información, enfrentan un reto aún mayor. Al crecer en entornos más solitarios y digitales (como redes sociales o inteligencia artificial), pueden desarrollar la falsa creencia de no necesitar a nadie. Esto puede llevar a información sesgada y a una dificultad mayor para recibir retroalimentación, generando incluso cierta arrogancia en el conocimiento.

En conclusión, entender que no siempre tenemos la razón, que vivimos en un mundo de percepciones, y que la forma es fondo, nos permite evaluar antes de actuar y regular nuestras emociones con base en un juicio consciente. En logística, donde abundan la urgencia, la presión y la necesidad de tomar decisiones inmediatas, esta competencia resulta vital.

3. Capacidad de influir en otros

Influir en otros significa tener la habilidad de afectar comportamientos, decisiones o actitudes de individuos o grupos. Se trata de persuadir, motivar y guiar hacia un objetivo común, ya sea desde un rol formal de liderazgo o simplemente desde la fuerza de nuestra presencia y coherencia.

Esta competencia se potencia naturalmente cuando las dos anteriores (comunicación y control emocional) están desarrolladas, pues nos facilitan relacionarnos, generar confianza y buscar colaboración.

Pero además de eso, influir implica ser un modelo de comportamiento. La congruencia genera credibilidad. Cuántas veces escuchamos discursos motivadores que luego se contradicen con el actuar del líder. Las palabras pueden convencer, pero el ejemplo arrastra.

Por eso, influir no es solo hablar, sino actuar con integridad.Las tres competencias clave (y no tan evidentes) para los recién egresados  en el campo de la logística Cuando predicamos con el ejemplo, es más fácil ganar el respeto y el compromiso de quienes nos rodean. Y así se construye el verdadero liderazgo: con acciones coherentes que motivan y suman voluntades.

Desde mi perspectiva, estas son las tres competencias clave que deben desarrollarse una vez superado el nivel básico de habilidades técnicas propias de la profesión. Y aunque no siempre se enseñan de forma explícita, marcan una enorme diferencia en el desempeño de los nuevos profesionales en el mundo de la logística… y más allá


Pedro Bermúdez

 Logístico con más de 25 años de experiencia en cadenas de abasto, logística y distribución, diseñando, implementando y operando centros de distribución, transportación y plataformas tecnológicas con modelos integrales de excelencia operativa. Es director de Geografía Logística en Grupo Elektra, y profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de México. 

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