La valorización de desechos como el PET y la proliferación de pequeños centros de acopio de residuos explican buena parte de la tasa de reciclaje en la industria del plástico, que ya alcanza 25% en México. Aun así, el desafío es grande: pasar de la recuperación y reciclaje de residuos posconsumo en sectores específicos a un modelo de economía circular con alcance transversal en distintas industrias.
En ese proceso, los puntos de reciclaje de barrio han ganado relevancia porque acercan la logística inversa a la fuente de generación de residuos. Esa red de acopio, dispersa pero funcional, ha permitido mejorar la recuperación de materiales y su reinserción en cadenas de producción, sobre todo en industrias como la refresquera.
“Los residuos valorizables se han movido más cerca de la fuente -los consumidores- y se han desarrollado miles de unidades económicas, depósitos y centros de acopio… México hoy tiene una infraestructura de reciclaje muy sólida”, resaltó Carlos Mendieta, director de Asuntos Públicos y Sustentabilidad de PetStar, firma que opera la planta de reciclaje de PET grado alimenticio más grande del mundo.
El PET, además, ya no se limita a su uso en botellas. Hoy tiene aplicaciones potenciales en industrias como la textil, de fleje y de lámina. Pero para escalar esa integración no basta con recolectar más residuos: las empresas deben rediseñar productos, ajustar especificaciones y decidir desde el origen cómo incorporar materiales reciclados en sus procesos productivos.
Innovación, la gran detonadora
La incorporación de material reciclado en la manufactura depende, en buena medida, de la innovación industrial. No solo se trata de recuperar residuos, sino de rediseñar envases, reformular procesos y adaptar operaciones para que los materiales reciclados cumplan con los estándares técnicos, sanitarios y comerciales que exige el mercado.
Ese trabajo de innovación ya permitió, por ejemplo, que hoy existan botellas de PET elaboradas totalmente con material reciclado. Sin embargo, detrás de ese avance hay una apuesta empresarial de largo plazo que no siempre se alinea con las lógicas tradicionales de rentabilidad inmediata.
“La resina reciclada de PET es más cara que la resina virgen”, dijo Mendieta al participar en un conversatorio sobre economía circular convocado por la Semarnat. La afirmación resume uno de los puntos críticos para la cadena de suministro sostenible: la transición circular exige inversiones que no siempre generan retornos en el corto plazo.

Andrea Amozurrutia, directora de Finanzas y Sostenibilidad de Grupo Herdez, coincidió en que muchos proyectos de sostenibilidad fracasan a corta edad porque las empresas esperan resultados rápidos. Por ello, subrayó, es indispensable vincular la estrategia de sostenibilidad con la estrategia financiera de cada organización.
“Si el (director) Financiero quiere un retorno pronto, en economía circular no lo va a lograr y si el de Sustentabilidad no quiere que la empresa piense en el retorno de inversión, difícilmente las inversiones (en sostenibilidad) ocurrirán”, planteó.
Ese compromiso de largo plazo es pieza clave para detonar una economía circular que hoy tiene un marco regulatorio favorable en la Ley General de Economía Circular, según coincidieron los panelistas como Carlos Becerra, gerente de Creación de Valor Compartido de Nestlé México.
Becerra destacó que hay grandes empresas llevan décadas desarrollando modelos de economía circular, más allá de la presión regulatoria. El punto, explicó, es cómo llevar esa experiencia a escala y replicarla en otros materiales, como el HDPE, para extender el éxito que ya se observa en el reciclaje de PET.
Marco de certidumbre y gradualidad
Desde la perspectiva del gobierno federal, el nuevo marco legal busca ofrecer certidumbre para la planeación empresarial. Franco Fernández, director general de Alianzas y Proyectos Estratégicos para la Economía Circular de la Semarnat, afirmó que la Ley General de Economía Circular envía una señal de largo plazo a la industria.
Uno de los ejes de esa legislación es la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), mediante la cual el productor o importador asume responsabilidad ambiental sobre su producto a lo largo de su ciclo de vida, bajo criterios de gestión circular. Para las empresas con operaciones logísticas, esto implica revisar diseño, abastecimiento, distribución, recuperación y disposición.
Fernández señaló también que la ley incorpora el principio de gradualidad en su adopción, “no como concesión política sino como una mirada crítica” a la realidad productiva del país. Esa realidad, dijo, sigue dominada por un modelo lineal que considera al capital natural —suelo, agua y aire— como un insumo gratuito.
La infraestructura del reciclaje
Las cifras del manejo de residuos en México muestran tanto avances como rezagos. De acuerdo con el representante de Semarnat, en el país se generan 140,000 toneladas de residuos sólidos urbanos cada día y 77% se recolecta. Sin embargo, solo 14% de lo recolectado llega separado desde origen, y casi todo proviene de la Ciudad de México.
Eso significa que más de 86 de cada 100 toneladas recolectadas se mezclan de forma irreversible, lo que complica su valorización, encarece la operación y limita las posibilidades de una logística circular eficiente. Para la cadena de suministro, esta falla de origen sigue siendo uno de los principales cuellos de botella.
En infraestructura, el panorama también exhibe debilidades. En México existen poco más de 2,200 sitios de disposición final, pero apenas 2% cumple con la NOM 083. “Hay un 98% de sitios en incumplimiento lo que habla de una externalización del costo ambiental”, añadió Fernández.
“Reciclamos 25% del plástico, solo 1% de textil y prácticamente nada en residuos de construcción y demolición con alrededor de 8% de 10 millones de toneladas que se generan al año”, expuso.
El dato revela que el reto no está solo en aumentar tasas de reciclaje, sino en construir infraestructura, trazabilidad y esquemas operativos para materiales distintos al plástico.
Para Andrea Amozurrutia, el reto empresarial no se limita a encontrar cómo reciclar mejor. También pasa por evitar la generación del residuo desde el origen. En especial, dijo, la industria alimentaria enfrenta una misión compleja: asegurar que todo alimento producido sea efectivamente consumido y no termine convertido en desperdicio.
El nuevo paradigma en la regulación
La Ley General de Economía Circular propone un cambio de enfoque en la intervención del Estado. Ya no se trata solo de regular el tratamiento de residuos una vez generados, sino de participar en una fase más estratégica, desde el diseño de productos hasta su recuperación y reaprovechamiento dentro de la cadena de valor.
“En una década vamos a transitar de gestionar residuos con costo público a generar valor económico con materiales recuperados”, aseguró Fernández, de la Semarnat. La afirmación apunta a una transformación con implicaciones directas para logística, manufactura, consumo, diseño industrial y planeación de redes de suministro.
Sandra Leyva, Sr. Director Head of Sustainability -Americas de Brambles, señaló que la economía circular modifica la relación entre todos los actores de la cadena de valor. Cada fase del producto genera información y métricas que pueden utilizarse para optimizar la operación, hacer cruces financieros y definir objetivos ambientales con mayor precisión.
“En un modelo de economía lineal la interacción termina con el punto de venta”, señaló. En cambio, en un modelo circular, el flujo de información, materiales y decisiones continúa después de la venta, lo que obliga a repensar indicadores, infraestructura, colaboración industrial y modelos logísticos.
De la reglamentación a los acuerdos generales
Lo planteado en el conversatorio es crucial para enriquecer el trabajo realizado por el gobierno federal en su camino por desarrollar la reglamentación secundaria de la Ley General de Economía Circular aprobada a inicios de este año.
De acuerdo con la Ley publicada el 19 de enero en el Diario Oficial, el Ejecutivo Federal deberá expedir el o los reglamentos correspondientes, en los siguientes 180 contados a partir de su publicación.
Como parte de lo realizado, la Semarnat mantiene contacto con organismos empresariales como la Concamin cuyos integrantes han planteado puntos sensibles y de coincidencia sobre la eventual regulación.
Según Franco Fernández, uno de los primeros sectores en avanzar hacia un acuerdo general de implementación sería el hulero, particularmente la industria de las llantas. Ese esquema obligaría a las empresas a desarrollar una gestión circular de sus productos, marcando un precedente para otros sectores con alta generación de residuos y gran peso logístico.













