El nearshoring en México sigue avanzando, pero bajo una presión creciente que muchas empresas aún no terminan de dimensionar: la inseguridad ya está afectando directamente los costos logísticos, la confiabilidad de las operaciones y la toma de decisiones de inversión.
En entrevistas con The Logistics World, Alberto Hernández, director Comercial de Onest SmartLogistics, y Kenia Caballero, directora de SIA México, coinciden en un punto clave: operar en el país ya no depende únicamente de ventajas estructurales como ubicación o costos, sino de la capacidad de gestionar riesgos de manera integral.
“El momento en que la seguridad empieza a impactar continuidad operativa, predictibilidad logística y reputación, deja de ser administrable y se convierte en un freno real”, advierte Caballero. En paralelo, Hernández subraya que este impacto ya es tangible en números: “la inseguridad puede incrementar los costos logísticos entre 5% y 15%, dependiendo del tipo de operación”.
La implicación es clara: entender el entorno de seguridad no es un complemento, sino una condición para diseñar operaciones viables en México.
La seguridad ya redefine cómo se toman decisiones de nearshoring
Uno de los principales cambios que identifican ambos especialistas es que el nearshoring no se está deteniendo, pero sí se está volviendo más selectivo.
Las empresas globales siguen viendo a México como una plataforma estratégica, pero están incorporando nuevas variables en su evaluación. Ya no basta con analizar costos o ubicación; ahora se mide la capacidad de sostener operaciones sin interrupciones.
Caballero lo explica con claridad: proyectos que antes se aprobaban bajo criterios tradicionales hoy pueden retrasarse, redimensionarse o moverse de ubicación si existen riesgos operativos relevantes.
“No se cancelan necesariamente, pero sí migran hacia estados con mejores condiciones de gobernabilidad y logística segura”,
señala.
Esto introduce un cambio estructural: la seguridad pasa a ser parte del diseño del negocio, no un ajuste posterior.
El costo oculto: cómo la inseguridad encarece la logística
Más allá del discurso, el impacto económico ya es medible y, sobre todo, acumulativo.
Hernández sitúa el sobrecosto en un rango de entre 5% y 15% en operaciones estándar, mientras que Caballero advierte que en entornos más sensibles puede alcanzar hasta 20%. Sin embargo, ambos coinciden en que el error más común es pensar únicamente en el robo como fuente de pérdida.

“El verdadero costo no está solo en la mercancía robada, sino en todo lo que ocurre alrededor: seguros, custodias, monitoreo, interrupciones y pérdida de confianza comercial”, explica Caballero.
En la práctica, esto se traduce en decisiones operativas que impactan directamente la eficiencia: rutas más largas para evitar zonas de riesgo, ventanas de operación limitadas o incluso cambios en el tipo de transporte utilizado. Cada ajuste suma costos y reduce productividad.
La conclusión es contundente: la inseguridad ya forma parte del costo estructural de operar en ciertas regiones del país.
Transporte y nodos logísticos: dónde se concentra hoy el riesgo
Aunque el transporte carretero sigue siendo el punto más visible de vulnerabilidad, la conversación ya no puede limitarse al trayecto.
Hernández lo resume de forma directa: “el punto más vulnerable está en las carreteras”, donde confluyen riesgos como robo, cierres, zonas conflictivas o incluso suplantación de autoridad. Esto ha obligado a reforzar monitoreo, protocolos de reacción y planeación de rutas.
Sin embargo, Caballero introduce un matiz clave: el riesgo también se ha desplazado hacia los puntos de transición dentro de la cadena. “Hoy el punto más vulnerable es la transición entre nodos”, afirma, refiriéndose a patios, centros de transferencia o procesos donde la mercancía cambia de control.
Este cambio es relevante porque implica que muchas empresas pueden estar invirtiendo en proteger activos individuales —transporte o almacén— sin atender las brechas que existen entre procesos.
Un entorno más sofisticado: del robo al riesgo híbrido
Otro de los hallazgos más importantes es la evolución del delito.
Caballero describe un cambio radical en el modus operandi en los últimos años: de robos oportunistas a estructuras organizadas con inteligencia previa, análisis de rutas y uso de tecnología. “Ya existen grupos que monitorean patrones de rutas, horarios y vulnerabilidades digitales”, señala.
En esa misma línea, Hernández advierte que los riesgos en operaciones, especialmente crossborder, ya incluyen desvíos de ruta, falsos retenes, infiltración y pérdida de trazabilidad.
Pero el punto más crítico es la convergencia entre lo físico y lo digital. Caballero lo resume así: “hoy un ataque digital puede detener operaciones físicas enteras”. Desde la manipulación de accesos hasta la alteración de información logística, las amenazas ya operan de forma híbrida.
Esto plantea un reto importante para las empresas que aún gestionan la seguridad en silos.
Empresas que llegan: el costo de no entender el contexto
Ambos expertos coinciden en que las empresas extranjeras que llegan a México suelen subestimar el riesgo.
Hernández lo explica desde la operación: muchas no conocen las dinámicas locales, las zonas críticas ni los protocolos necesarios, lo que hace indispensable un proceso de adaptación o “soft landing”.
Caballero añade que el error más grave es incorporar la seguridad demasiado tarde. “Todavía vemos compañías que primero definen ubicación y operación, y después preguntan cómo van a protegerla”, señala.

Este desfase no solo incrementa la exposición al riesgo, sino que también encarece los ajustes posteriores. En un entorno como el mexicano, la seguridad debe integrarse desde la planeación, no como una capa adicional.
De la reacción a la anticipación: el cambio que define la competitividad
Si hay un punto donde ambas visiones convergen es en la necesidad de evolucionar hacia modelos de anticipación.
Hernández destaca que las empresas más preparadas ya operan con monitoreo en tiempo real, rutas alternas y protocolos claros de reacción, lo que les permite responder en minutos ante incidentes. De hecho, menciona casos donde la recuperación de unidades se logra en menos de 30 o 40 minutos gracias a estos sistemas.
Caballero, por su parte, advierte que muchas organizaciones aún operan con esquemas reactivos y fragmentados. “Comprar tecnología no equivale a tener estrategia”, subraya.
La diferencia entre ambos enfoques no es menor: determina la capacidad de sostener la operación, cumplir con clientes y evitar pérdidas mayores.
El nearshoring en México no está en riesgo, pero sí está cambiando las reglas del juego. La seguridad dejó de ser un tema periférico y se convirtió en un factor que define costos, eficiencia y viabilidad operativa.
Las empresas que entiendan esto desde el diseño de su cadena de suministro podrán anticipar riesgos, ajustar su operación y mantener competitividad. Las que no, enfrentarán una realidad más costosa y menos predecible.
Como advierte Caballero, la diferencia en los próximos años no la marcará únicamente quién produzca más barato, sino “quién logre operar con mayor resiliencia, trazabilidad y continuidad”.













