El nearshoring en México está redefiniendo su papel como nodo logístico-industrial en Norteamérica, pero enfrenta retos estructurales en logística e infraestructura que pueden limitar su crecimiento. En un escenario donde la globalización da paso a la regionalización, el país se posiciona como una pieza clave en la integración productiva con Estados Unidos.
Durante el panel realizado en Cello Square 2026, especialistas como Francisco Cervantes Díaz, expresidente del Consejo Coordinador Empresarial; Larry Rubin, presidente de la American Society of Mexico; y José Fabela, director general de Samsung México, coincidieron en un diagnóstico claro: México tiene una ventaja estratégica, pero su ejecución operativa aún no está a la altura del momento.
“El mundo en el 94 se globaliza… y hoy se está regionalizando”, sintetizó Cervantes. Este cambio responde a tensiones geopolíticas y los ajustes en las cadenas de suministro, donde Norteamérica concentra cerca del 30% del PIB global, consolidándose como uno de los bloques económicos más relevantes.
Con más de 1,258 millones de dólares en intercambio diario entre México y Estados Unidos, el dinamismo comercial confirma que el nearshoring ha dejado de ser una tendencia y se ha convertido en una realidad operativa.
Retos del nearshoring en México: la logística como cuello de botella
¿Cuál es el principal reto del nearshoring en México? La falta de eficiencia logística e infraestructura suficiente.
Aunque el debate suele centrarse en el T-MEC o en factores geopolíticos, el verdadero problema está en la operación diaria de las cadenas de suministro. La logística en México continúa siendo compleja, costosa y vulnerable.
“Tenemos todo: ubicación, conectividad, tratados… pero hay que acelerar en infraestructura”, advirtió Cervantes.
Entre los principales desafíos destacan:
- Dependencia del transporte terrestre
- Problemas de seguridad en rutas
- Ineficiencias aduaneras
- Altos costos logísticos
- Limitaciones en infraestructura energética, hídrica y digital
Desde la perspectiva empresarial, el diagnóstico es contundente. José Fabela lo resume así: “La logística en México es compleja… hacemos mucho transporte terrestre, hay riesgos”.
Estos factores pesan más que cualquier cláusula comercial y determinan la competitividad real del país en el contexto del nearshoring.
Infraestructura logística en México: el factor que condiciona la inversión
El atractivo de México para la inversión extranjera sigue vigente, pero está condicionado. La infraestructura logística se ha convertido en el principal habilitador —o freno— del crecimiento.
“La infraestructura detona las inversiones”, subrayó Cervantes.
En la práctica, esto significa que sin mejoras en:
- capacidad portuaria
- transporte ferroviario
- redes de energía
- conectividad digital (fibra óptica)
- disponibilidad de agua
El flujo de capital asociado al nearshoring puede desacelerarse o redirigirse hacia otros mercados.
Como señaló Larry Rubin esta visión desde la óptica de los inversionistas: la certidumbre es el factor determinante. Elementos como la estabilidad del tipo de cambio —el llamado “superpeso”— permiten planificar a mediano y largo plazo.
“El inversionista busca certidumbre… y la estabilidad de la moneda permite planeación a cinco o siete años”, explicó.
En este contexto, iniciativas como la simplificación administrativa, la reducción de trámites y la creación de ventanillas únicas son clave para mejorar la competitividad sistémica.

Trazabilidad, China y presión geopolítica en las cadenas de suministro
A los retos internos se suma una variable crítica: la creciente tensión entre Estados Unidos y China.
La expansión de empresas chinas —muchas veces a través de terceros países— representa un desafío para México, tanto en términos de competencia como de cumplimiento regulatorio.
Este fenómeno introduce un elemento clave en las cadenas de suministro en México: la trazabilidad de origen.
México enfrenta el reto de demostrar que no funciona como una “puerta trasera” para productos chinos hacia Estados Unidos, especialmente en industrias como:
- automotriz
- textil
- transporte pesado
En este contexto, el T-MEC evoluciona de ser un acuerdo comercial a un mecanismo de verificación constante sobre contenido regional, cumplimiento normativo y consistencia operativa.
El verdadero desafío: convertir el potencial en ejecución
México está en una posición históricamente favorable dentro de la nueva economía regional. Su ubicación, base industrial y relación con Estados Unidos lo colocan como un nodo logístico clave para el nearshoring.
Sin embargo, el desafío es estructural: transformar ese potencial en ejecución eficiente.
La competitividad del país dependerá de su capacidad para:
- modernizar su infraestructura logística
- reducir costos operativos
- fortalecer la seguridad en transporte
- optimizar procesos aduaneros
- garantizar trazabilidad en las cadenas de suministro
En este contexto, el nearshoring en México no depende únicamente de su ubicación estratégica, sino de su capacidad para resolver sus retos logísticos y operativos.
Entre la oportunidad histórica y la realidad operativa se define el futuro del país como eje de la nueva manufactura regional.













