La industria automotriz en México espera que el péndulo de la incertidumbre que trajo la ola arancelaria de Estados Unidos haya alcanzado su pico máximo. Tan pronto vuelva al punto medio, las inversiones volverán a su cauce y la industria encontrará nuevas vías para colaborar e innovar si quiere mantenerse competitiva.
La revisión del T-MEC, en curso, no ha detenido líneas de producción o exportaciones, pero ha generado un impass en decisiones de inversión que, en otro tiempo, eran frecuentes.
Javier Sosa, presidente de PPG Comex para América Latina, ve en ese intervalo una pausa en la velocidad de las inversiones, más que una pérdida de la capacidad que México ya construyó.
“Estos movimientos económicos tienen péndulos y probablemente hoy estemos alcanzando el lado más alto y ese péndulo tiene que volver más al centro”, asegura en una reciente entrevista con The Logistics World.
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Su previsión mira más allá de la pausa actual: “Creo que los siguientes dos o tres años, la reactivación de inversiones, de nuevas líneas de producción del sector automotriz, la apertura de más cadenas productivas que le den servicio; van a estar presentes en México”.
Obligados a ganar productividad
PPG provee pinturas, recubrimientos y materiales especializados para diversas industrias. En México, el negocio para la industria automotriz es el segundo más relevante de su operación, detrás del arquitectónico a través de Comex, empresa que adquirió en 2014 por 2,300 millones de dólares.
Ambos representan más de tres cuartas partes del negocio local, según Sosa quien asegura que las capacidades, la competitividad y la base instalada que tiene México para atender el sector automotriz de Estados Unidos, le permitirá salir bien posicionado del actual entorno.
México seguirá siendo proveedor de confianza para las armadoras de Estados Unidos y Canadá, y que también podrá atender otros mercados latinoamericanos.
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Esa posición dependerá de que fabricantes y proveedores eleven su productividad. Para lograrlo habrá que superar un reto persistente de la cadena de suministro automotriz: tener suficientes proveedores capaces de cumplir altos parámetros de calidad.
La oportunidad es antes de la inversión
La nueva realidad del sector automotriz que se espera tras la revisión del T-MEC augura una mayor vigilancia al origen de partes y componentes en la cadena de suministro, así como un mayor escrutinio en cuanto a calidad.
Por ello, cada proveedor de requiere validar sus procesos y capacidad de entrega. Sosa advierte que esa certificación consume tiempo y que hay pocas empresas preparadas para asumirla de inmediato, especialmente en PyMEs mexicanas.

El líder de PPG Comex asegura que la proveeduría automotriz no está reservada a compañías globales con grandes presupuestos de investigación. Una firma local puede ofrecer especialización y cercanía si desarrolla sus capacidades antes de que una armadora necesite una alternativa.
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La oportunidad, por tanto, no empieza cuando se anuncia una planta. También surge al proteger la continuidad de las que ya operan. Un proveedor disponible y certificado puede responder a una disrupción sin obligar al fabricante a comenzar desde cero la búsqueda, la evaluación y la puesta a punto.
Prepararse para quedarse
Para ocupar ese espacio, Sosa recomienda partir de un cliente y un componente concretos. La PyME necesita conocer las certificaciones, los parámetros de calidad y los tiempos de entrega exigidos, y después comparar esas condiciones con sus capacidades actuales. La distancia entre ambos puntos define dónde invertir y qué talento formar.
Las herramientas administrativas, el financiamiento y la tecnología pueden respaldar ese trayecto. Su utilidad depende de traducirse en procesos comprobables: entregas consistentes, control de calidad y capacidad para responder cuando cambia la programación de una planta.
La preparación reduce el tiempo necesario para aprovechar una oportunidad. “No tener suficientes proveedores es un reto para la industria automotriz. La oportunidad para las pequeñas y medianas empresas es estar disponibles y certificadas, y de crear procesos para que cuando alguna disrupción ocurra -que ocurre fácil- estén preparadas para tomar la oportunidad”, señala.
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El esfuerzo no elimina la validación del cliente, pero augura altas posibilidades de permanecer en la cadena. “Les aseguro que tomando esa oportunidad bien preparados, es difícil salir. Los parámetros y toda esa inversión tienen un retorno interesante”, agrega.
No plantea una garantía de continuidad: el proveedor debe conservar el desempeño que le permitió ingresar. Una vez establecida esa confianza, puede pasar de entregar un componente a colaborar en su mejora o en el desarrollo de otro.
La colaboración con el cliente
En la industria automotriz, PPG Industries trabaja con armadoras estadounidenses, asiáticas y europeas cuyas plantas y futuros modelos tienen necesidades diferentes y “cada una tiene requerimientos distintos, compromisos distintos en términos de productividad y sostenibilidad”.
Ser un aliado estratégico va más allá de entender una ficha técnica. Implica conocer esos compromisos permite identificar dónde una solución puede modificar el resultado industrial.
En pintura automotriz, la conversación abarca el color y la durabilidad, pero también el tiempo de aplicación, los costos y el consumo de agua o energía.
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Sosa explica que el equipo de PPG participa en desarrollos para próximas unidades junto con sus clientes. La innovación adquiere sentido cuando puede integrarse al proceso de manufactura previsto para ese vehículo.
La misma lógica sirve a un proveedor de cualquier tamaño. Antes de proponer una mejora, necesita saber qué limita la operación del cliente y qué debe conservarse sin cambios. Esa cercanía permite diseñar una solución útil; llevarla a tiempo a la línea exige otra capacidad.
La agilidad se mide desde la prueba
De nada sirve la cercanía si el desarrollo de una idea llega después del lanzamiento del modelo. Las empresas de cualquier tamaño, que se insertan en la cadena deben de ser ágiles, apoyadas en el talento y tecnologías como la automatización y la inteligencia artificial.
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Estos recursos permiten acortar el desarrollo de producto, acelerar procesos y reducir costos de operación o consumo de energía. Pero la velocidad depende también de cómo circula la información.
Desarrollo, compras, manufactura y servicio técnico deben poder ajustar una formulación o resolver un desvío sin esperar a que cada área complete una secuencia aislada. Para el cliente, esa coordinación se traduce en menos tiempo de puesta a punto.

En una PyME, la agilidad no requiere empezar por una plataforma compleja. Procesos visibles, responsables definidos y una respuesta técnica oportuna pueden acercarla a la planeación del fabricante.
Colaboración entre competidores exige fronteras
Un proveedor de varias armadoras aprende en cada proyecto, pero ese aprendizaje, no autoriza a trasladar el desarrollo de una marca a otra.
Sosa explica que las plataformas tecnológicas creadas por PPG Industries sí pueden beneficiar a distintos fabricantes, pero las aplicaciones específicas desarrolladas conjuntamente para un cliente están sujetas a confidencialidad.
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La igualación de color muestra la diferencia. La capacidad técnica para formular y reproducir colores puede mejorar y ofrecerse a varias armadoras. Un tono diseñado para la identidad de una marca, en cambio, corresponde a esa relación particular. Compartir la plataforma no supone compartir la formulación o la información reservada del cliente.
PPG puede adaptar conocimientos de sus negocios en aeroespacial, industrial o marino al sector automotriz. Para que esa innovación cruzada funcione, cada equipo debe identificar el origen del conocimiento, sus condiciones de uso y los límites pactados con el cliente. La colaboración requiere tanto intercambio como resguardo.
Compartir objetivos da continuidad a la relación
En la industria automotriz, como en otras industrias, la confianza que se construye entre un cliente y su proveedor depende, finalmente, de las decisiones cotidianas.
El líder de PPG Comex considera necesario que ambos deben compartir compromisos de calidad, productividad y sostenibilidad. Esos valores comunes se ponen a prueba cuando existe un retraso, cambia un requerimiento o una mejora técnica exige ajustar la operación.
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Para un proveedor mexicano, colaborar significa conectar a ingeniería, compras, logística y servicio con los equipos del cliente. El desarrollo necesita una formulación viable, materiales disponibles y entregas confiables. Si cada área persigue una meta separada, la promesa de innovación difícilmente llegará completa a la línea.
La revisión del T-MEC influirá en el calendario de nuevas inversiones. Mientras ese horizonte se define, los proveedores pueden trabajar en certificaciones, respuestas operativas y colaboración protegida por reglas claras.
La expectativa de Javier Sosa sobre el crecimiento para el sector automotriz dependerá de cuántos proveedores llegarán preparados cuando se abran las siguientes oportunidades.













