Cuando se dé el silbatazo inaugural del Mundial 2026 en el Estadio Banorte y el balón se ponga en juego el próximo 11 de junio, millones de aficionados en el estadio, las fanzones y sus hogares lucirán con orgullo los colores de las selecciones de México y Sudáfrica. Pero detrás de cada camiseta, cada gorra y cada accesorio hay una historia logística que comenzó meses antes, en fábricas repartidas por al menos tres continentes, y que involucra a uno de los operadores más poderosos del comercio deportivo global: Fanatics.
Esta firma estadounidense fue designada por la FIFA como el licenciatario oficial de ventas en estadios y fan festivals para el torneo, una operación que abarca 104 partidos en 16 ciudades de México, Estados Unidos y Canadá a lo largo de 39 días.
“Esta es una empresa increíblemente compleja, con 16 ciudades sede en tres países”, reconoció Romy Gai, director comercial de la FIFA, al anunciar la alianza. No obstante, Fanatics no llega sola: su red de socios incluye a las principales marcas deportivas del mundo y una constelación de proveedores que desde hace meses trabaja a destajo para garantizar que la mercancía esté en el lugar correcto en el momento exacto.
El mapa de la producción: China, Vietnam, México y África
El epicentro de la fabricación de indumentaria deportiva sigue siendo China, donde ciudades como Yiwu, en la provincia de Zhejiang, concentran una parte sustancial de la producción de camisetas de aficionados, bufandas y artículos promocionales.
Reportes de la agencia Xinhua indican que desde agosto de 2025 las fábricas de Yiwu operan a máxima capacidad para cumplir con los pedidos provenientes principalmente de México, Estados Unidos y Europa. Empresas como Yiwu Danasi Import & Export han registrado 20 patentes de diseño para las camisetas de los equipos favoritos, y las exportaciones de artículos deportivos desde la ciudad crecieron 16.8% en los primeros siete meses de 2025, alcanzando los 6,780 millones de yuanes (unos 951 millones de dólares).
Pero China ya no es la única fuente. Vietnam se ha consolidado como un proveedor estratégico para marcas que buscan diversificar sus riesgos y agregar valor. Puma, por ejemplo, produce en Vietnam las playeras oficiales de la selección de Portugal, utilizando tecnología Ultraweave para reducir peso y fricción, y Drycell para el control de la humedad. La fábrica vietnamita también produce calzado de alta gama con materiales de origen orgánico, renovables y fabricados localmente, lo que sugiere que el país del sudeste asiático está escalando posiciones en la cadena de valor.
Y, en un movimiento sin precedentes, la FIFA anunció en marzo que parte de las camisetas del torneo serán producidas en África Occidental bajo el programa “Made in West Africa”, con Benín como país piloto. La iniciativa busca fortalecer la industria textil local y la cadena de valor del algodón, y podría extenderse a Mali, Burkina Faso, Chad y Costa de Marfil.
En México, la producción local también tiene un lugar destacado, especialmente para la selección nacional. Adidas, proveedor oficial de la Selección Mexicana, ha optado por fabricar en el país parte de la indumentaria del equipo, una decisión que responde tanto a razones logísticas como de mercado.
Producir localmente reduce los tiempos de tránsito, evita los costos arancelarios y permite una respuesta más ágil ante picos de demanda impredecibles. La cercanía con los centros de distribución en territorio mexicano y la capacidad de reabastecer rápidamente las tiendas oficiales en los estadios y fan festivals son factores críticos en un torneo donde la fidelidad de los aficionados puede disparar las ventas de un día para otro.
Adidas no ha sido la única en apostar por la producción regional: el operador global Fanatics confirmó que utilizará su cadena de suministro global, que incluye operaciones locales en los tres países sede, para garantizar la producción rápida y la reposición de productos.
El cerebro logístico detrás de la mercancía mundialista
La magnitud de la operación que enfrenta Fanatics no tiene precedentes. La empresa, que reportó ingresos por 8,100 millones de dólares en 2024 y mantiene alianzas con más de 900 entidades deportivas en 190 países, gestionará la venta en estadios para los 104 partidos del torneo, además de operar tiendas en las fanzones oficiales de las 16 ciudades sede. Su modelo combina la planeación anticipada con la capacidad de reacción en tiempo real.
“Estamos combinando nuestra experiencia en operaciones de eventos y venta minorista física, compras y comercialización, creación de productos y producción rápida para atender a millones de aficionados en tiempo real”, explicó Andrew Low Ah Kee, director ejecutivo de Fanatics Commerce.
La clave del modelo es la capacidad de producción on demand.. Fanatics utilizará su cadena de suministro global y sus operaciones locales en Canadá, México y Estados Unidos para producir artículos que celebren los momentos impredecibles del torneo: una sorpresa en la fase de grupos, un gol histórico, la clasificación de un equipo favorito.
En lugar de apostar meses antes por cuáles selecciones avanzarán, la empresa puede reaccionar con agilidad y tener productos en las tiendas en cuestión de días. Esta flexibilidad es posible gracias a una red de proveedores distribuida y a sistemas de gestión de inventarios que operan con datos en tiempo real.
Aduanas, tres regulaciones y una sola ventana de tiempo
La logística de la indumentaria mundialista enfrenta un obstáculo adicional: la fragmentación regulatoria. A diferencia de torneos anteriores concentrados en un solo país, el Mundial 2026 se disputa en tres naciones con sistemas aduaneros, aranceles y marcos de cumplimiento distintos. La documentación incompleta puede causar demoras y sanciones significativas, y las rutas comerciales estándar pueden experimentar retrasos de varios días o semanas si no se planifican adecuadamente, según advierte DB Group en su análisis de la logística del torneo.
Las autoridades tienden a reforzar los protocolos en eventos de esta magnitud, lo que genera tiempos de verificación más largos, revisiones de carga adicionales y controles de documentos más estrictos.
Un legado que trasciende el torneo
El Mundial 2026 es un laboratorio de dimensiones extraordinarias. La necesidad de coordinar cadenas de suministro en tres países con regulaciones distintas, la presión por reducir los tiempos de tránsito y la apuesta por la producción local y on demand son tendencias que, una vez consolidadas, probablemente se extenderán más allá del torneo. La presencia de operadores globales como Fanatics, con su exigencia de velocidad y flexibilidad, también puede contribuir a elevar los estándares de la industria local.
Lo que está en juego no es sólo vestir a los aficionados durante un mes, sino demostrar que México puede ser un nodo confiable en las cadenas de suministro más exigentes del mundo. Y en esa demostración, cada camiseta que llegue a tiempo a una tienda en el estadio o a una fanzone en cualquier lugar del país será una prueba superada.













