El pasado 1 de junio comenzó el verano meteorológico en el hemisferio norte. Esta clasificación, adoptada por especialistas y organismos climáticos para analizar con mayor precisión los patrones de temperatura y precipitación, se diferencia del astronómico —que inicia con el solsticio entre el 20 y 21 de junio— porque abarca los meses completos de junio, julio y agosto. De este modo, el periodo comprende de manera exacta el trimestre que, históricamente, concentra las temperaturas más elevadas del año.
Para las cadenas de suministro farmacéuticas, este cambio de estación representa mucho más que una referencia en el calendario, pues, mientras los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional anticipan condiciones de calor intenso en diversas regiones del país, operadores logísticos, distribuidores y fabricantes enfrentan una creciente presión para garantizar la integridad térmica de vacunas, medicamentos biológicos y otros productos sensibles cuya eficacia depende de mantenerse dentro de rangos de temperatura estrictamente controlados.
De acuerdo con un estudio de IQVIA, firma global especializada en análisis de datos para la industria farmacéutica, alrededor de 5,000 millones de dosis de vacunas requieren cadena de frío cada año a nivel global, mientras que los desperdicios representan hasta 12% de su costo total.
Una parte importante de estas pérdidas está asociada a fallas en la conservación, el monitoreo y el control de temperatura durante el almacenamiento y transporte de los biológicos.
Bajo este escenario, el estrés térmico pasa de ser un dato climático a un desafío operativo real; la exposición en andenes, los cambios de humedad y los puntos de transferencia críticos están forzando a la industria a blindar su logística. Hoy, optimizar la validación térmica y el monitoreo continuo ya no es opcional, sino un requisito indispensable para prevenir pérdidas de calidad y asegurar la resiliencia de la cadena de suministro.
Cuando cambian las temperaturas, cambian los riesgos logísticos
Las cadenas de frío suelen diseñarse con base en condiciones operativas promedio; sin embargo, la llegada del verano introduce variables que alteran ese equilibrio:
- Picos de temperatura
- Mayores niveles de humedad
- Contrastes térmicos entre almacenes y unidades de transporte
- Una mayor exposición durante las maniobras de carga y descarga
En el sector farmacéutico, donde miles de millones de dosis de vacunas y otros productos biológicos deben mantenerse dentro de rangos térmicos específicos, estas variaciones pueden afectar directamente la estabilidad de los productos.
La complejidad aumenta si se considera que cada embarque atraviesa múltiples puntos de transferencia, desde centros de distribución y almacenes hasta hospitales, clínicas y puntos de vacunación.
De acuerdo con Carlos Humberto Infante y Loya, presidente del Consejo de Administración de la empresa Kryotec, el cambio de estación pone a prueba el desempeño de toda la cadena de frío, ya que obliga a verificar que cada componente continúe operando adecuadamente bajo nuevas condiciones ambientales.
El desafío es particularmente relevante porque muchas organizaciones continúan utilizando los mismos criterios de empaque, embalaje y transporte durante todo el año, sin considerar que las condiciones climáticas han cambiado. Lo que funcionó durante el invierno o la primavera puede resultar insuficiente durante los meses más cálidos.

El costo oculto de una desviación térmica
Uno de los mayores riesgos de las fallas en cadena de frío es que sus consecuencias no siempre son visibles de inmediato; a diferencia de otros incidentes logísticos, una desviación de temperatura puede pasar inadvertida durante días o incluso semanas, hasta que una auditoría detecta inconsistencias o un lote pierde eficacia y debe ser retirado.
Además de la pérdida del producto, las empresas pueden enfrentar costos de reposición, retrasos operativos, sanciones regulatorias y afectaciones reputacionales. En sectores altamente regulados, como el farmacéutico, una desviación térmica puede comprometer la trazabilidad completa de un embarque.
Según IQVIA, una de las principales causas de desperdicio en vacunas está relacionada con ineficiencias en la cadena de suministro, particularmente en el control y monitoreo de temperatura durante el almacenamiento y transporte.
Esta situación explica por qué la gestión térmica se ha convertido en una prioridad estratégica para fabricantes, operadores logísticos y distribuidores.
Validación térmica: la nueva línea de defensa
Frente a escenarios climáticos cada vez más variables, las empresas están migrando de modelos basados únicamente en refrigeración hacia esquemas de validación continua.
La validación térmica consiste en comprobar, mediante pruebas reales o simuladas, que una operación puede mantener las condiciones requeridas durante todo el recorrido logístico; esto implica:
- Evaluar rutas
- Tiempos de exposición
- Desempeño de empaques
- Eficiencia de sistemas de refrigeración
- Comportamiento de los productos ante distintos escenarios ambientales
De acuerdo con Kryotec, la diferencia entre una operación estable y una vulnerable suele encontrarse precisamente en esta etapa. Un sistema que mantiene adecuadamente la temperatura durante una estación del año puede no ofrecer el mismo desempeño cuando las condiciones climáticas cambian.
Por ello, cada vez más organizaciones incorporan herramientas de monitoreo en tiempo real, sensores IoT, registradores de datos y sistemas de trazabilidad que permiten identificar desviaciones antes de que se conviertan en una pérdida económica o un problema de cumplimiento regulatorio.

Del control de temperatura a la gestión del riesgo climático
El reto que enfrentan actualmente las cadenas de frío va más allá de mantener una temperatura específica; toda vez que, la creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos está obligando a las empresas a incorporar variables climáticas dentro de sus estrategias de gestión de riesgos.
La cadena de suministro farmacéutica ofrece uno de los ejemplos más visibles de esta transformación, pero no es el único. Los mismos desafíos afectan a industrias como alimentos y bebidas, dispositivos médicos, biotecnología y productos químicos especializados, donde la estabilidad térmica es un requisito indispensable para garantizar calidad y seguridad.
En este contexto, la adaptación climática comienza a convertirse en un componente de la resiliencia logística. La capacidad para anticipar cambios ambientales, validar procesos y responder oportunamente ante condiciones extremas será cada vez más importante para garantizar la continuidad operativa.
Una prueba de estrés para la cadena de suministro
Las altas temperaturas asociadas al verano meteorológico representan una prueba de estrés para las operaciones de cadena de frío; más allá de las vacunas y los productos farmacéuticos, el fenómeno pone de manifiesto la necesidad de que las empresas revisen periódicamente sus procesos, validen sus sistemas y fortalezcan sus capacidades de monitoreo.
A medida que los eventos climáticos extremos se vuelven más frecuentes, la gestión térmica deja de ser una tarea de cumplimiento para convertirse en un elemento estratégico de competitividad. En una cadena de suministro cada vez más compleja y exigente, anticiparse a las desviaciones puede marcar la diferencia entre una operación resiliente y una interrupción costosa.














