En 2026, las cadenas de suministro operan en un entorno que combina una alta interconexión global —componentes que cruzan múltiples fronteras, proveedores que dependen de insumos de distintos continentes y plataformas digitales que sincronizan datos en tiempo real—, con una gran fragmentación política, regulatoria y tecnológica. Este escenario, ha transformado las reglas que por décadas movieron los insumos, pero ¿cuáles son las nuevas pautas por seguir y qué tendencias impactarán al sector?
El reporte “Outlook 2026 Procurement & Supply Chain: Key Trends, Challenges and Opportunities” de la firma GEP, especializada en software para cadena de suministro, señala que la fragmentación que vive actualmente el sector no ocurre en la infraestructura física, sino en las reglas del juego.
Uno de los cambios más importantes, y que se ha movido con mayor rápidez, es la gestión del procurement y supply chain, que deja de centrarse exclusivamente en costo y eficiencia para incorporar variables como la resiliencia, gobernanza, transparencia y capacidad de adaptación.
Dichos parámetros, derivan de los aranceles, controles de exportación, exigencias ambientales divergentes, normas de datos y políticas industriales locales, que obligan a que una misma cadena opere bajo múltiples marcos regulatorios de forma simultánea.
Por ello, optimizar costos y asegurar suministro ya no es suficiente; ahora, las organizaciones deben adaptarse a las nuevas reglas, en las cuales, la cadena de suministro no es únicamente una función ejecutora, sino que se convierte en una arquitectura estratégica diseñada para absorber volatilidad sin comprometer margen ni cumplimiento. Frente a este panorama, el informe de GEP identifica varias tendencias para 2026, que abordaremos a lo largo de este artículo.
La IA entra en fase operativa, pero el reto es gobernarla
Los días de experimentación con inteligencia artificial quedaron atrás, hoy es una parte activa del flujo operativo; por ejemplo, los llamados agentes autónomos (agentic AI) ya ejecutan tareas delimitadas como:
- Gestión de compras recurrentes
- Generación y análisis de cotizaciones
- Priorización de alertas de riesgo en proveedores
Esto significa que la IA ya no solo recomienda, sino que comienza a actuar dentro de procesos reales de abastecimiento; esto, no representa solo un cambio técnico sino también organizacional.
Sin embargo, el GEP Outlook 2026 advierte que, estos agentes funcionan bien en entornos con reglas claras y datos estructurados, pero deben estar correctamente supervisados porque pueden simplificar en exceso decisiones complejas o no ponderar adecuadamente variables no financieras como serían el riesgo geopolítico, cumplimiento regulatorio o estabilidad del proveedor.
Por lo tanto, la IA y los sistemas digitales introducen ventajas de escala y velocidad, aunque delegarle toda la operación abre nuevas vulnerabilidades que deben ponderarse; en este sentido, la conversación en 2026 se desplaza hacia la gobernanza.

Las organizaciones más avanzadas están desarrollando marcos que delimitan qué puede decidir la IA y bajo qué condiciones, incorporando auditorías, reportes periódicos, paneles de explicabilidad y mecanismos de intervención inmediata.
Gobernar la IA implica asegurar trazabilidad total de cada decisión automatizada y mantener puntos de validación humana en procesos críticos, la innovación ya no se mide por cuántas tareas se automatizan, sino por la calidad del control sobre esa autonomía.
De acuerdo con datos citados en el informe —provenientes del AI-Ready Governance Report 2025—, 82% de las empresas encuestadas consideran que los riesgos asociados a la IA están acelerando la modernización de sus estructuras de gobernanza, mientras que 75% reconoce que la adopción de estas herramientas expone las limitaciones de sus procesos tradicionales.
Con relación al ámbito logístico, el impacto es directo, una decisión automatizada puede escalarse a múltiples órdenes de compra, alterar niveles de inventario o concentrar exposición en un proveedor específico en cuestión de segundos: por ello, el liderazgo en la cadena de suministro en 2026 no depende únicamente de adoptar inteligencia artificial, sino de integrar supervisión humana, métricas de desempeño específicas y reglas claras de responsabilidad.
La cultura de IA define quién captura valor
Otro de los planteamientos más relevantes del GEP Outlook 2026 es que la verdadera brecha competitiva en los próximos años no será tecnológica, sino cultural porque las herramientas de inteligencia artificial están cada vez más disponibles, pero su impacto depende de la capacidad organizacional para integrarlas con criterio, supervisión y claridad en la toma de decisiones.
Este punto se relaciona con la gobernanza, pero desde un enfoque humano; dado que, la tecnología por sí sola no transforma los procesos, lo hacen las personas que las adoptan y deciden cómo utilizarlas.
El informe subraya que, muchas empresas enfrentan lo que algunos analistas describen como “apatía algorítmica”; es decir, los empleados ignoran las nuevas herramientas, las usan solo para cumplir formalidades o aceptan sus resultados sin cuestionarlos. Esa combinación de automatización y falta de criterio humano representa un riesgo estructural, de grandes dimensiones en entornos de procurement y logística, donde pequeños errores pueden escalar a disrupciones operativas.

Por esa razón, el informe hace hincapié en la importancia de construir una cultura de IA, que implica, en primer lugar, una alfabetización transversal; es decir, no se trata de que solo el área de tecnología entienda cómo funcionan los modelos, sino de que category managers, analistas logísticos y responsables de relación con proveedores comprendan conceptos básicos como sesgo de datos, límites del modelo y condiciones de escalamiento.
La claridad en la asignación de responsabilidades —actualizar matrices RACI, definir quién valida decisiones críticas y cuándo intervenir— se vuelve indispensable para evitar zonas grises de accountability.
Asimismo, el reporte señala que la adopción efectiva de nuevas tecnologías requiere espacios seguros para experimentar; por lo tanto, las organizaciones que buscan impulsar esta nueva cultura de IA no penalizan los errores iniciales en pruebas controladas, sino que los utilizan como aprendizaje estructurado.
Este enfoque reduce la resistencia interna y permite que la IA evolucione como una capacidad organizacional, no como un proyecto aislado del área digital; sin esa apertura cultural, la inversión tecnológica corre el riesgo de convertirse en un activo infrautilizado.
Procurement necesita hablar el lenguaje financiero
Llegamos a uno de los puntos incómodos: Los líderes de supply chain compiten por capital dentro de sus propias organizaciones. Pero, mientras áreas comerciales justifican inversión con crecimiento de ingresos, las áreas operativas suelen presentar argumentos técnicos o de mitigación de riesgo que no siempre se traducen en métricas financieras directas.
¿Cómo superar esta barrera? De acuerdo con el informe, la respuesta no es técnica sino narrativa, los equipos deben aprender cómo la resiliencia, digitalización y eficiencia se traducen en términos financieros medibles como:
- Margen operativo
- Retorno sobre capital invertido (ROIC)
- Estabilidad del flujo de caja
- Reducción de volatilidad presupuestaria
No basta con demostrar un ahorro unitario, es necesario modelar impacto en working capital, rotación de inventario, costo financiero de interrupciones o exposición a shocks externos.
Esta evolución obliga a procurement a sofisticar su narrativa; por ejemplo, un programa de visibilidad end-to-end no debe presentarse solo como mejora operativa, sino como herramienta para reducir días de inventario, mejorar previsibilidad de ingresos o disminuir provisiones por riesgo.
Cuando el lenguaje cambia, la percepción estratégica del área también se transforma; en el entorno actual, marcado por presión sobre márgenes y mayor escrutinio del capital, quien cuantifica mejor su impacto obtiene prioridad presupuestaria.

La resiliencia comienza a tener precio de mercado
Tradicionalmente, la resiliencia se financiaba con inventarios de seguridad, redundancia de proveedores o sobrecapacidad logística; sin embargo, uno de los giros más relevantes del reporte es la financiación del riesgo logístico.
Es decir, parte del riesgo operativo puede gestionarse mediante instrumentos financieros, trasladando exposición al mercado en lugar de absorberla totalmente en la estructura física: instrumentos como futuros de flete, seguros vinculados a eventos disruptivos y coberturas financieras permiten gestionar la volatilidad sin recurrir únicamente a inventarios o sobrecapacidad.
No obstante, las ventajas de la “financialización” se acompañan de nuevas exigencias de gobernanza; por ejemplo, la diferencia entre la exposición real de una empresa y el comportamiento de un índice (basis risk) puede generar desalineaciones.
Por ello, el reporte subraya la necesidad de integrar equipos financieros y operativos en una gestión coordinada del riesgo, donde la resiliencia ya no es solo diseño de red sino una arquitectura híbrida entre activos físicos y estrategias financieras.
China no pierde poder manufacturero, lo redistribuye
Uno de los análisis más provocadores del informe es que la narrativa de desindustrialización china simplifica una dinámica más compleja porque la manufactura no se le ha ido de las manos al Gigante Asiático, sino que es él mismo quien la redistribuye.
A pesar de los esfuerzos del presidente Donald Trump para restarle protagonismo a China en la dinámica manufacturera mundial, el reporte señala que, si bien la producción se expande hacia otras naciones del Sudeste Asiático, India o México, el control y el capital están bajo estructuras de propiedad o influencia china.
Este fenómeno —denominado “China-outside-China”— altera la forma en que las empresas evalúan el riesgo geopolítico y el cumplimiento regulatorio, pues el país de origen ya no es suficiente para determinar exposición. La pregunta estratégica se desplaza hacia la propiedad efectiva, las cadenas de control y los ecosistemas industriales detrás del proveedor.
Para procurement, esto implica elevar el estándar de due diligence; no se trata únicamente de diversificar geografía, sino de comprender redes de capital, financiamiento y dependencia tecnológica. En un entorno donde reguladores comienzan a examinar estructuras de control más que ubicación física, la trazabilidad profunda se vuelve una ventaja competitiva.

Se termina la era de la escala barata
Durante décadas, la expansión global permitió que el volumen generara economías de escala claras, donde mayores plantas eran igual a menores costos unitarios, pero el reporte sostiene que ese paradigma se debilita ante una combinación de energía volátil, exigencias ambientales, fragmentación comercial y tensiones políticas.
Aunque la escala sigue generando eficiencia también amplifica la exposición; por lo tanto, una red altamente concentrada sí puede optimizar costos, pero a la vez, aumenta la vulnerabilidad ante interrupciones regulatorias o geopolíticas.
Por consecuencia, el concepto de eficiencia se amplía para incorporar estabilidad, sostenibilidad y confianza; las organizaciones más avanzadas, comienzan a construir modelos que asignan valor económico al riesgo, al carbono o a la reputación.
El objetivo no es abandonar la disciplina de los costos, sino integrar múltiples dimensiones en la toma de decisiones, dado que la ventaja ya no proviene únicamente del tamaño, sino de la capacidad de equilibrar escala y flexibilidad.
Reshoring no es igual a resiliencia
Desde 2025, bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ha buscado impulsar el nearshoring para generar cadenas más cortas y reducir su dependencia a insumos y manufactura china; sin embargo, el informe advierte que la proximidad geográfica no es sinónimo automático de estabilidad porque muchos proyectos enfrentan limitaciones estructurales como:
- Escasez de talento especializado
- Ecosistemas de proveedores incompletos,
- Infraestructura insuficiente
- Costos energéticos elevados
Entonces, sin un rediseño integral de la red y sin un control digital que permita visibilidad en tiempo real, trasladar la producción puede incrementar los costos sin reducir la exposición.
Según el GEP Outlook 2026, el reshoring efectivo depende de un diseño estratégico que incluya:
- Integración con demanda
- Coordinación financiera
- Digitalización que permita monitorear desempeño y riesgo
En ausencia de estos elementos, la relocalización puede convertirse en una decisión reactiva más que en una mejora estructural, pues la resiliencia depende más de la arquitectura de la red que de la geografía.

El “latigazo regulatorio” obliga a operar en tiempo real
Una de las razones por las que nos encontramos en una situación tan volátil, se describe en el informe como “regulatory whiplash”, que se refiere a cómo las regulaciones se expanden y retroceden simultáneamente en distintas jurisdicciones, especialmente en temas de sostenibilidad, datos y comercio.
Ante este panorama, el cumplimiento ya no se traduce en una revisión anual, sino que se transforma en una capacidad operativa continua, en la cual, las empresas deben:
- Monitorear cambios normativos en tiempo real
- Ajustar contratos y sistemas con rapidez
- Coordinar áreas legales, técnicas y comerciales de forma permanente
El costo de la inacción puede ir más allá de las sanciones financieras, también se refleja en retrasos en embarques, pérdida de acceso a mercados o deterioro reputacional; en este contexto, la agilidad regulatoria se convierte en un diferenciador estratégico, donde las empresas que adapten más rápido su cadena a un nuevo marco normativo reducirán riesgos y ganarán velocidad competitiva.
El futuro de la logística: Equilibrio entre control y autonomía
Como hemos podido notar a lo largo de este artículo, las tendencias dictadas por el reporte de GEP para este 2026 destacan la transición hacia una logística de precisión. El desafío para los profesionales del sector será triple:
- Gobernar la IA. Pasar de la experimentación a una supervisión humana robusta.
- Replantear las estrategias de nearshoring. Entender que la relocalización y la influencia de China requieren un análisis de datos profundo, no solo cambios de ubicación.
- Dominio financiero. Cuantificar el riesgo y la resiliencia en métricas de rentabilidad.
La era de la escala barata ha terminado, dando paso a una era de agilidad estratégica donde la visibilidad total y la capacidad de respuesta en tiempo real son las únicas garantías de continuidad.














