Desde enero de 2025, con el inicio del segundo mandato de Donald Trump, la política comercial de Estados Unidos priorizó reducir la dependencia de la manufactura china a través de la relocalización (nearshoring). Para la supply chain global, este viraje —sumado a la volatilidad arancelaria y los conflictos geopolíticos— disparó nuevos riesgos operativos, como el efecto lock-in, que expone la vulnerabilidad de las industrias al depender de un proveedor estratégico sin alternativas de salida.
Pero, ¿cuál es el problema de tener un único proveedor? Para responder esta incógnita, vale la pena mirar un poco atrás para entender cómo funcionaban las cadenas de suministro antes de la era Trump y por qué su nueva estrategia de relocalización generó una disrupción tan importante.
¿Cómo se consolidaron las cadenas de suministro antes de 2025?
En las décadas de los 60 y 70, Silicon Valley vivía una encarnizada lucha entre las incipientes empresas de semiconductores, que, buscando ser más competitivas que sus rivales, trasladaron la maquila de sus productos a Asia.
Las subcontrataciones comenzaron en Taiwán y pronto se extendieron a India, Corea del Sur, Malasia, Filipinas e Indonesia; para los años 80 y 90, con el boom de la computación, las fábricas se ampliaron a China y nuevas industrias movieron su manufactura a Asia, como la de textiles y calzado.
A partir de entonces, el modelo de producción fue cada vez más eficiente, iniciando con el diseño y las patentes en Estados Unidos o Europa, pasando por la manufactura en Asia y regresando a la distribución final alrededor del mundo.
Por décadas, la manufactura asiática sostuvo el crecimiento de las grandes potencias occidentales; sin embargo, a lo largo de ese tiempo, en el lejano oriente comenzaron a surgir nuevas empresas tecnológicas y automotrices que desarrollaron sus propias patentes.
Japón y Corea del Sur se posicionaron como la punta de lanza tecnológica en oriente y, para elevar su producción, adoptaron la estrategia occidental de enviar la manufactura a sus vecinos asiáticos. La maquinaria corría sobre ruedas, un mismo proveedor podía alimentar cientos de fábricas y las cadenas de suministro avanzaban bajo un modelo replicado por décadas.

Mientras tanto, China (cuyo territorio casi quintuplica al de México) ya se había convertido en un gigante centro manufacturero, pero en 2001, cuando entró a la Organización Mundial del Comercio (OMC) el éxito de sus ventas se disparó. Menos de una década después, en 2009, ya era el mayor exportador a nivel global.
Aquí es donde llega el punto de choque con Estados Unidos, el déficit comercial entre ambas naciones pasó de 103,000 millones de dólares (mdd) en 2002 a más de 400,000 mdd en 2018. Al notar este desequilibrio, durante su primer mandato, Trump desató una Guerra Comercial con China, acusando al país de robar sus patentes tecnológicas.
Para entonces, el Gigante Asiático ya no sólo era el corazón de la manufactura mundial, pasó de fabricar baterías a desarrollar sus propias patentes, tener la industria de electromovilidad más avanzada y económica del mundo, capaz de enfrentar a titanes como Tesla Motors, además de concentrar la minería y producción de tierras raras (claves para el sector tecnológico y militar).
Tras fracasar en su primer intento por frenar a China, en este segundo mandato, el presidente de Estados Unidos ha tomado una postura aún más recalcitrante, basada en la seguridad nacional y la protección industrial, la cual desarticuló la red global de proveedores, cadenas de suministro e insumos que habían funcionado bajo una misma lógica por décadas.
¿Por qué la dependencia de un solo proveedor se convirtió en un riesgo?
En un mundo donde los procesos eran claros y repetitivos, las empresas podían elegir a sus proveedores con base en el precio o en la cercanía; aún en la actualidad, muchas compañías centran sus vínculos en un grupo reducido de vendedores ante la búsqueda de eficiencia operativa, capacidad instalada y continuidad en el suministro.
No obstante, ante una nueva realidad marcada por la regionalización de las cadenas de suministro, las tensiones geopolíticas y la necesidad de responder con rapidez a mercados cada vez más volátiles, consultoras como Gartner proponen a la diversificación como una de las mejores estrategias de resiliencia operativa.
Además, el Dr. John Keogh, un reconocido experto global y asesor científico del proyecto europeo Titan, explica que depender de un proveedor esconde una gran trampa económica y operativa, pues a medida que las organizaciones invierten recursos financieros, tecnológicos y humanos en un número reducido de proveedores, el costo de sustituirlos se vuelve prohibitivo.
Keogh —cuya investigación actual se centra en la transformación digital de las cadenas de suministro agroalimentarias, con énfasis en la trazabilidad, la recuperación de productos, la transparencia, la confianza y el oportunismo— explica que la dependencia de un proveedor puede derivar en el lock-in o efecto de atrapamiento, una condición que puede mermar la resiliencia industrial y abrir la puerta al oportunismo corporativo.

La paradoja de la inversión: ¿Qué es el asset specificity?
El también fundador de Shantalla Insight Partners LLC y asesor científico, participó en un webinar de ILSI Mesoamérica, como parte del "Programa de capacitación técnico-científico 2026: Sistemas de gestión de inocuidad por sector", donde mencionó que “el fenómeno del lock-in no ocurre por accidente, suele ser el resultado de decisiones de negocio bien intencionadas que se detonan a través de la especificidad de activos (asset specificity)”.
Dicho término hace referencia a las inversiones que un comprador realiza para fortalecer una relación particular con un proveedor, tales como:
- Financiamiento de maquinaria especializada.
- Integración de plataformas tecnológicas.
- Capacitación técnica del personal.
- Desarrollo conjunto de procesos operativos.
- Infraestructura dedicada.
- Adaptación de líneas de producción.
Aunque estas acciones incrementan la eficiencia en el corto plazo, reducen tiempos de respuesta y fortalecen la colaboración entre ambas partes, también generan una asimetría de poder; toda vez que, al volverse irreemplazable, el proveedor adquiere una ventaja que altera los incentivos de la relación comercial.
Cuando la confianza modifica los incentivos
Uno de los hallazgos más disruptivos presentados por Keogh, sobre investigaciones recientes basadas en modelos de ecuaciones estructurales (SEM-PLS), es que los procesos tradicionales de evaluación de proveedores (screening) no reducen el oportunismo de manera directa.
Si bien, el análisis preventivo genera confianza relacional entre ambas partes, cuando la relación evoluciona hacia una dependencia operativa absoluta debido a las altas inversiones conjuntas, el escenario cambia drásticamente.

El proveedor, consciente de que cambiarlo representaría un costo significativo para el comprador, encuentra incentivos para adoptar conductas oportunistas en beneficio propio, las cuales, a menudo se manifiesta de forma sutil y progresiva a través de:
- Desviación de especificaciones (spec drift): Variaciones paulatinas en la calidad acordada de los componentes.
- Juegos de papeleo: Manipulación o filtración selectiva de datos operativos y de auditoría.
- Sustituciones no autorizadas: Cambios en el origen de ingredientes o materias primas secundarias aprovechando la falta de supervisión.
“A medida que aumenta la dependencia, debe elevarse la supervisión”, dice de forma tajante el experto, quien subraya que la confianza sin mecanismos de control equivalentes se transforma rápidamente en exposición al riesgo.
El riesgo de las “mentiras inmutables” en la era tecnológica
La digitalización y el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) prometen automatizar la verificación de las cadenas de suministro; sin embargo, el especialista advierte que “la tecnología actúa únicamente como un acelerador: escala la velocidad de los procesos, pero no discrimina si la información es verídica o manipulada”.
¿A qué se refiere Keogh? Cuando un proveedor incurre en oportunismo, los certificados digitales, reportes de auditoría y registros electrónicos pueden convertirse en simples accesorios de una simulación.
Si se introducen datos falsos en plataformas tecnológicas avanzadas (como sistemas integrados o redes de trazabilidad tipo blockchain), el resultado es lo que los especialistas denominan “mentiras inmutables”; es decir, fraudes u omisiones operativas que quedan revestidos de una falsa capa de credibilidad institucional.
Por ello, la debida diligencia no puede depender exclusivamente de tableros digitales o de la revisión pasiva de documentos, requiere una verificación activa de la realidad en el campo; o sea, investigar en organismos especializados o laboratorios externos que los datos del proveedor coincidan con las certificaciones y papeleo presentados antes de firmar cualquier contrato.

¿Cómo prevenir el lock-in en supply chain sin sacrificar colaboraciones?
El investigador deja claro que la solución para las empresas no consiste en negarse a construir alianzas estratégicas de largo plazo, sino en equilibrar la cercanía con la autonomía mediante una gobernanza proporcional al riesgo.
Para mitigar el efecto de atrapamiento, el especialista recomienda a las direcciones de compras y cadena de suministro, implementar cuatro movimientos clave:
- Monitoreo continuo y diferenciado: No todos los proveedores requieren el mismo nivel de auditoría, la supervisión debe ser directamente proporcional al nivel de dependencia y relevancia del insumo.
- Evaluaciones de duplicidad en laboratorio: En sectores críticos (como el alimentario, farmacéutico o de manufactura avanzada), las empresas deben solicitar muestras físicas de los lotes y duplicar las pruebas de manera independiente para corroborar los Certificados de Análisis (CoA) entregados por el proveedor.
- Descomposición de la cadena (Tier Analysis): El riesgo rara vez está en el proveedor directo (Tier 1); por ello, es indispensable mapear de dónde obtienen ellos sus materias primas (Tier 2 y Tier 3) para identificar puntos de mezcla o co-mingling donde se diluye la trazabilidad.
- Desarrollo activo de fuentes alternativas: Mantener canales de comunicación abiertos y homologaciones activas con proveedores secundarios, incluso si el volumen asignado actual es menor, para conservar la capacidad de respuesta y el poder de negociación.
Las empresas deben transformar la selección de proveedores en una capacidad estratégica que busque siempre la verificación de la realidad antes de escalar la operación.

Resiliencia sin perder flexibilidad
A lo largo de su ponencia, el Dr. John Keogh mencionó que la confianza continuará siendo un elemento indispensable para impulsar la eficiencia y la innovación en las cadenas de suministro; sin embargo, la experiencia reciente demuestra que ninguna organización puede permitirse perder la capacidad de decisión.
Bajo un entorno caracterizado por la incertidumbre geopolítica, los fenómenos climáticos extremos y los mercados cada vez más dinámicos, la resiliencia exige algo más que alianzas estratégicas: demanda mantener la flexibilidad para adaptarse a condiciones altamente variables.
Otro insight importante es que la gestión del abastecimiento no puede seguirse viendo como una función puramente administrativa enfocada en conseguir el menor precio por unidad y asegurar el inventario. Para Keogh la aprobación de un proveedor debe combinar:
- Controles técnicos
- Incentivos comerciales
- Derechos legales
- Integridad de los datos compartidos
Por ello, la elección no puede depender de un solo departamento, toda vez que se trata de un proceso que permitirá gestionar la incertidumbre y blindar la continuidad del negocio.

En este sentido, la resiliencia industrial exige comprender a fondo el grado de exposición vinculado a cada socio comercial y entender que, en las cadenas de suministro modernas, la única confianza defendible es aquella que se sustenta en la evidencia empírica y la evaluación continua del riesgo.













