La política arancelaria aplicada por Estados Unidos al acero y al aluminio dejó de ser una medida defensiva limitada a sectores específicos; ahora, opera como una herramienta activa de presión geoeconómica, utilizada para influir en flujos comerciales, decisiones industriales y negociaciones internacionales.
Bajo el argumento de “seguridad nacional”, estos gravámenes se insertan en un entorno global cada vez más fragmentado. El multilateralismo pierde fuerza, los acuerdos comerciales enfrentan tensiones crecientes y el comercio exterior se consolida como un instrumento estratégico dentro de disputas políticas y económicas más amplias.
En este contexto, el “Reporte de Riesgos Globales 2026” del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), publicado el 14 de enero, advierte que la confrontación geoeconómica se ha convertido en el principal riesgo para la economía mundial.
De acuerdo con el análisis, este escenario está estrechamente vinculado a las medidas arancelarias promovidas por Estados Unidos desde 2025, las cuales han elevado la incertidumbre económica y debilitado la previsibilidad de las reglas comerciales.
El acero y el aluminio ocupan un lugar central en esta dinámica; al tratarse de insumos básicos para la manufactura, los aranceles no solo afectan a los productores primarios, sino que generan impactos en cascada sobre cadenas regionales altamente integradas, alterando costos, tiempos y decisiones de inversión.
Para México, la coyuntura es especialmente delicada porque la economía mexicana mantiene una fuerte dependencia del mercado estadounidense y una alta integración productiva en sectores intensivos en acero y aluminio.
Además, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sobre la balanza comercial del país en 2025, la manufactura fue el mayor soporte exportador de México, concentrando 91.6% del valor total de las exportaciones.
A este panorama, se suma la revisión del T-MEC prevista para este 2026, un proceso que introduce un componente adicional de incertidumbre sobre la estabilidad de las reglas que han sostenido el comercio regional durante las últimas décadas.
En conjunto, este entorno convierte a los aranceles en un factor estructural del comercio exterior, más allá de una medida temporal, y obliga a empresas y autoridades a replantear su lectura del riesgo comercial en Norteamérica.

¿Cuál es el impacto económico de los aranceles?
El golpe de los aranceles al acero y al aluminio ya se refleja en el comercio exterior mexicano. De acuerdo con información reciente publicada por El País, las exportaciones de acero hacia Estados Unidos han registrado caídas significativas, como resultado del encarecimiento del producto y de una menor competitividad frente a proveedores que no enfrentan los mismos gravámenes.
Sin embargo, el efecto económico va mucho más allá del volumen exportado, el impacto se multiplica porque el acero y el aluminio no son bienes finales, sino insumos estratégicos para buena parte de la manufactura mexicana:
- Son la base de cadenas industriales altamente integradas con Estados Unidos
- Tienen una participación relevante en sectores de alto valor agregado
- Su costo se traslada de forma directa a procesos productivos, contratos y precios finales
Esta condición convierte al arancel en un impuesto indirecto que se propaga a lo largo de múltiples eslabones productivos; por ello, industrias como la automotriz, la de autopartes, la de electrodomésticos, maquinaria, equipo eléctrico y construcción enfrentan un entorno de costos más estrecho.
Incluso cuando el producto final no esté sujeto al gravamen, el encarecimiento del insumo obliga a realizar ajustes en márgenes, renegociar contratos de suministro y replantear estructuras de precios. El impacto es especialmente sensible en cadenas que operan bajo esquemas regionales just-in-time.
En este tipo de cadenas, los aranceles generan efectos inmediatos:
- Alteran decisiones de abastecimiento previamente optimizadas
- Introducen fricciones logísticas al modificar flujos consolidados
- Obligan a renegociar contratos de largo plazo bajo nuevas condiciones de costo
Frente a este escenario, muchas empresas enfrentan un dilema operativo complejo: absorber el sobrecosto —con efectos directos en rentabilidad— o trasladarlo aguas abajo, asumiendo el riesgo de perder participación de mercado.
Desde una perspectiva macroeconómica, el IMCO advierte que este tipo de medidas han elevado de forma significativa la percepción de riesgo económico.
La combinación de aranceles, tensiones geopolíticas y menor previsibilidad regulatoria incrementa la probabilidad de inflación, disrupciones en cadenas de suministro y una menor disposición a invertir en sectores intensivos en capital.
Para México, estos efectos se amplifican por dos factores estructurales:
- La alta dependencia del mercado estadounidense como destino de exportación.
- El peso de la manufactura orientada al comercio exterior dentro del crecimiento económico y el empleo industrial.
En este contexto, la capacidad para redirigir exportaciones a otros mercados es limitada, debido a la fuerte integración productiva regional que reduce el margen de maniobra para diluir el impacto arancelario sin afectar competitividad, inversión y decisiones de largo plazo.
Estrategias de mitigación
Ante un escenario en el que los aranceles dejan de ser excepcionales y se consolidan como una variable estructural del comercio exterior, las estrategias de mitigación adquieren un carácter operativo y estratégico:
1). Gestión aduanera y de cumplimiento. Fortalecer la clasificación arancelaria, la trazabilidad del origen y la documentación técnica es clave para reducir riesgos de sobrecostos, reclasificaciones y sanciones en frontera.
2). Reconfiguración de cadenas de suministro. Las empresas están evaluando esquemas de diversificación de proveedores, ajustes en contenido regional y relocalización parcial de procesos para disminuir la exposición directa a insumos gravados.
3). Renegociación contractual y financiera. Incorporar cláusulas de ajuste por cambios arancelarios, revisar Incoterms y redefinir responsabilidades de pago se vuelve indispensable para repartir riesgos a lo largo de la cadena.
4). Planeación estratégica de largo plazo. Más que esperar una reversión política, las compañías comienzan a integrar la variable arancelaria en su planeación de inversiones, costos y expansión, asumiendo que la volatilidad comercial será parte del entorno operativo hacia 2026.
Como podemos notar, los aranceles al acero y al aluminio ya no representan solo un obstáculo coyuntural para el comercio bilateral, sino un factor que está transformando la lógica del comercio exterior con Estados Unidos.
Para México, el reto no es únicamente defender exportaciones, sino adaptar su estrategia industrial y logística a una nueva normalidad marcada por mayor riesgo, costos regulatorios y decisiones comerciales cada vez más politizadas.












