Hablar de logística en 2025 es hablar de riesgo. No como una excepción, sino como una condición permanente de operación.
A lo largo del año, las cadenas de suministro enfrentaron un entorno marcado por disrupciones simultáneas: tensiones comerciales que alteraron flujos históricos, conflictos geopolíticos que obligaron a redibujar rutas, fenómenos climáticos extremos que pusieron en jaque infraestructuras críticas y una presión creciente sobre los costos operativos.
El resultado fue un ecosistema logístico más expuesto, más frágil y, al mismo tiempo, más consciente de sus vulnerabilidades.
A diferencia de otros años, en 2025 los riesgos no se presentaron de forma aislada. Se superpusieron. Un ajuste regulatorio coincidía con una disrupción en el transporte; una decisión política impactaba en la planeación de inventarios; una protesta local tenía efectos inmediatos en cadenas regionales y globales.
Para muchas empresas, el reto ya no fue solo mantener la eficiencia, sino garantizar la continuidad operativa en un entorno donde la incertidumbre dejó de ser coyuntural para volverse estructural.
En México, este contexto global se combinó con riesgos locales que hicieron aún más evidente la fragilidad del transporte terrestre, columna vertebral del movimiento de mercancías en el país.
La inseguridad en carreteras, los cuellos de botella en infraestructura y, particularmente, los bloqueos carreteros registrados hacia finales de 2025, mostraron cómo eventos sociales y políticos pueden interrumpir en cuestión de horas el flujo de alimentos, insumos industriales y exportaciones estratégicas.

Para la logística, no se trató solo de retrasos, sino de pérdidas económicas, ruptura de compromisos comerciales y afectaciones directas a la planeación de fin de año.
Este escenario obligó a la industria a replantear supuestos que durante años se dieron por sentados. La idea de cadenas lineales, predecibles y optimizadas exclusivamente para costos perdió vigencia frente a la necesidad de diseñar operaciones más flexibles, visibles y preparadas para el error.
En ese sentido, 2025 dejó de ser un año de advertencias para convertirse en un año de aprendizajes: sobre qué riesgos siguen subestimándose, cuáles llegaron para quedarse y qué tan preparada está realmente la logística para operar en un entorno de disrupción constante.
1. Tensiones comerciales y presión regulatoria: riesgo desde el origen
Uno de los primeros focos de riesgo en 2025 estuvo en el frente comercial. A lo largo del año se intensificaron las revisiones de cumplimiento en reglas de origen, particularmente en el comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. La expectativa de ajustes derivados de la revisión del T-MEC llevó a las autoridades aduaneras a reforzar inspecciones, lo que se tradujo en mayores tiempos de despacho y costos administrativos.
Para muchas empresas, el riesgo no fue la imposición inmediata de nuevos aranceles, sino la incertidumbre operativa: cargas detenidas por documentación incompleta, auditorías posteriores y cambios en criterios de clasificación arancelaria. Esto afectó directamente la planeación logística, obligando a mantener inventarios más altos y a diversificar puntos de cruce, aun con mayores costos.

Aprendizaje clave: la logística ya no puede separarse del cumplimiento regulatorio. La gestión documental, la trazabilidad y la visibilidad del origen se consolidaron como variables críticas del riesgo.
2. Transporte terrestre en México: inseguridad y fragilidad estructural
Durante todo 2025, el transporte carretero en México siguió enfrentando riesgos estructurales. El robo de carga en tramos estratégicos, especialmente en corredores industriales del centro del país, mantuvo presión sobre operadores y generadores de carga. A esto se sumaron problemas recurrentes: carreteras saturadas, infraestructura deteriorada y limitaciones para desviar rutas sin afectar tiempos y costos.
Estos riesgos no solo impactaron a las empresas de transporte. Industrias completas tuvieron que replantear ventanas de entrega, reforzar seguros y adoptar esquemas de monitoreo más sofisticados, incrementando el costo total de la logística terrestre.
Aprendizaje clave: la seguridad dejó de ser un tema exclusivo del transportista. En 2025 quedó claro que el riesgo en carretera impacta directamente la continuidad del negocio.

3. Bloqueos carreteros a finales de 2025: cuando el riesgo se vuelve inmediato
El episodio más crítico del año para la logística mexicana se registró hacia finales de 2025, cuando bloqueos carreteros simultáneos afectaron autopistas, accesos a casetas y tramos estratégicos en diversas regiones del país. Las protestas, encabezadas por transportistas y otros grupos, paralizaron durante horas —y en algunos casos días— el flujo de mercancías.
El impacto fue inmediato: camiones detenidos, retrasos en entregas de productos perecederos, interrupciones en cadenas industriales y afectaciones directas a exportaciones. Todo esto ocurrió en una temporada de alta demanda logística, marcada por el cierre de año, campañas comerciales y compromisos contractuales que no admitían demoras.
Más allá de las pérdidas económicas, los bloqueos evidenciaron la dependencia crítica del transporte terrestre y la limitada capacidad de reacción ante eventos sociales no programados. Muchas empresas carecían de rutas alternas viables o de planes de contingencia específicos para este tipo de escenarios.
Aprendizaje clave: los riesgos sociales y políticos deben integrarse formalmente a la planeación logística. No son eventos excepcionales; son amenazas operativas reales.
4. Clima, costos y presión sobre la planeación
A lo largo de 2025, fenómenos climáticos extremos también generaron disrupciones logísticas, afectando puertos, carreteras y centros de distribución. Inundaciones, olas de calor y eventos atípicos obligaron a cierres temporales y ajustes de última hora, elevando los costos y reduciendo la confiabilidad de los tiempos de tránsito.
En paralelo, los costos logísticos —combustible, seguros, peajes y tecnología— continuaron al alza. Esto redujo el margen de maniobra para absorber imprevistos y obligó a tomar decisiones rápidas, muchas veces sin información completa.
Aprendizaje clave: la planeación rígida dejó de ser viable. La logística de 2025 exigió escenarios dinámicos y capacidad de adaptación casi inmediata.

5. Lo que dejó 2025: lecciones para operar en la disrupción
El principal aprendizaje de 2025 es que el riesgo logístico ya no es un evento, sino un entorno. Las empresas que lograron mantener la continuidad operativa fueron aquellas que invirtieron en visibilidad, diversificación de rutas, colaboración con socios logísticos y planes de contingencia realistas.
La logística aprendió que esperar a que la disrupción termine no es una estrategia. Anticipar, simular escenarios y aceptar que la operación perfecta no existe se volvió una ventaja competitiva. De cara a 2026, la pregunta ya no es qué riesgos pueden surgir, sino qué tan preparada está cada cadena de suministro para absorberlos sin colapsar.














