El Golfo Pérsico es un mar interior donde se unen la península arábiga y el suroeste de Asia, limitado al norte por Irán y al sur por Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Omán. Considerado el corazón energético del planeta, por sus aguas transita más del 80% del petróleo crudo y el gas natural licuado (GNL) que alimentan los polos de desarrollo asiáticos, siendo China, India, Japón y Corea del Sur sus mayores importadores.
Sin embargo, para llegar a su destino final, los hidrocarburos del medio oriente tienen que atravesar una única salida: el Estrecho de Ormuz. Se trata de un brazo de agua angosto que conecta el Golfo Pérsico al oeste, con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo al este; en su punto más estrecho, tiene apenas unos 33 kilómetros de ancho, pero el carril de navegación real para los grandes buques es mucho más pequeño, de aproximadamente 3 km de ancho en cada dirección.
¿Por qué este punto se considera estratégico para la logística global? El estrecho separa las costas de Irán al norte y las de Omán y los Emiratos Árabes Unidos al sur. Históricamente, más que un pase de barcos se ha considerado el “cerrojo” entre Oriente y Occidente, tanto en el mundo antiguo como en la actualidad, quien controla Ormuz, también domina el flujo de la riqueza.
Hoy, ante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, este enclave se encuentra bajo amenaza de cierre por las fuerzas iraníes, el impacto económico se calcula colosal. Además de golpear el precio del petróleo y el gas, el cierre de Ormuz menguaría la producción en cientos de fábricas de Asia.

No es solo petróleo: es el sistema completo
Tomando en cuenta que Asia alberga los mayores centros manufactureros del planeta, se calcula que, por el estrecho de Ormuz, circula casi el 40% del petróleo comercializado por vía marítima y cerca de una cuarta parte del gas natural licuado (GNL) a nivel global.
Esto equivale a unos 21 millones de barriles diarios que alimentan cadenas industriales enteras en todo Asia. Si ese flujo se interrumpe —o incluso si su freno es percibido como probable— el impacto se multiplica en tres niveles:
- Energía más cara. El alza del Brent presiona los costos de transporte marítimo, terrestre y aéreo. También encarece insumos petroquímicos esenciales para plásticos, empaques, fertilizantes y componentes industriales.
- Producción industrial bajo tensión. Asia, que absorbe más del 80% de esos hidrocarburos, concentra buena parte de la manufactura mundial. Energía más costosa implica menor competitividad exportadora y ajustes en precios globales.
- Efecto dominó en inventarios y contratos. Las empresas revisan cláusulas de fuerza mayor, ajustan previsiones de demanda y recalculan capital de trabajo.
Seguros, fletes y rutas más largas
Más allá del precio del crudo, el cierre o la amenaza de cierre activa otro mecanismo: el del riesgo asegurador. Las aseguradoras marítimas tienden a elevar —o incluso cancelar— la cobertura de riesgo de guerra en zonas de conflicto, lo cual impacta directamente en el costo total del transporte.
En crisis similares, las primas han llegado a multiplicarse varias veces, encareciendo cada embarque antes incluso de zarpar. A esto se suman los desvíos, si las principales navieras optan por rodear África para evitar el Golfo, los tiempos de tránsito aumentan varios días o semanas.
Más millas náuticas implican:
- Mayor consumo de combustible
- Más capital inmovilizado en inventarios en tránsito
- Ventanas de entrega más largas
- Ajustes en planeación de producción
La disrupción deja de ser energética para convertirse en logística.

Capacidad limitada de alternativas
Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten exportar parte de su producción sin pasar por Ormuz; sin embargo, su capacidad combinada solo cubre una fracción del volumen habitual que fluye por el estrecho.
Esto significa que el sistema global carece de redundancia suficiente, no existe hoy una infraestructura alternativa capaz de absorber un bloqueo prolongado.
En términos de gestión de riesgos, Ormuz es un ejemplo clásico de “single point of failure”: un punto único cuya interrupción afecta a toda la red.
Impacto macroeconómico: inflación y volatilidad
Un cierre prolongado no solo alteraría el comercio físico de energía, sino también las variables financieras:
- Presión inflacionaria por el encarecimiento de combustibles
- Mayor dificultad para que bancos centrales controlen precios
- Fortalecimiento del dólar como activo refugio
- Caídas en sectores intensivos en energía, como aerolíneas y transporte
El resultado es un entorno de mayor incertidumbre para empresas que ya operan en un contexto de tensiones geopolíticas recurrentes.
Un riesgo estructural, no coyuntural
El estrecho de Ormuz evidencia la fragilidad de la arquitectura logística global: una porción significativa del suministro energético mundial depende de un paso navegable de apenas tres kilómetros por carril.
No se trata únicamente de si el estrecho se cierra o no, sino de cómo la concentración de flujos críticos en un punto tan estrecho convierte cualquier conflicto regional en un shock potencial para la economía global.
En un mundo que ha enfrentado bloqueos en el Canal de Suez, tensiones en el Mar Rojo y restricciones en el Canal de Panamá, Ormuz refuerza una lección clave para la planeación estratégica: la resiliencia de la cadena de suministro ya no es opcional, es una condición para sobrevivir a la geopolítica del siglo XXI.
Preguntas clave
¿Qué está pasando entre Irán, Estados Unidos e Israel?
La actual escalada militar comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra objetivos estratégicos en territorio iraní, incluyendo instalaciones militares, centros de mando y activos vinculados al programa de defensa iraní.
De acuerdo con los reportes internacionales publicados entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2026, la ofensiva incluyó:
- Bombardeos aéreos sobre infraestructura en las inmediaciones de Teherán
- Ataques dirigidos contra altos mandos militares iraníes
- Operaciones contra instalaciones estratégicas vinculadas a capacidades misilísticas
En respuesta, el 1 de marzo de 2026, Irán lanzó una serie de ataques con misiles balísticos y drones dirigidos contra:
- Objetivos en Israel
- Bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico
- Instalaciones en países aliados que albergan presencia militar de EU, como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait
Ese mismo fin de semana, la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) declaró el cierre oficial del Estrecho de Ormuz, advirtiendo públicamente que cualquier buque que intentara cruzar podría ser considerado objetivo legítimo.
Entre el 1 y el 2 de marzo, se reportaron:
- Ataques contra petroleros en la zona.
- Al menos 150 embarcaciones varadas en las inmediaciones del estrecho.
- Suspensión de tránsito por parte de grandes navieras globales.
- Cancelación o revisión de coberturas de riesgo de guerra por parte de aseguradoras marítimas.
Además, el 2 de marzo de 2026, el Reino Unido confirmó que permitiría a Estados Unidos utilizar bases británicas para operaciones defensivas, aunque negó estar formalmente en guerra. Días antes, drones iraníes habían impactado instalaciones vinculadas a presencia occidental en la región.
¿Por qué la guerra entre EU e Israel contra Irán puede tener un gran impacto económico?
Porque el conflicto ocurre en el corazón energético del mundo, el Golfo Pérsico concentra algunas de las mayores reservas de petróleo y gas del planeta, y el Estrecho de Ormuz es su única salida marítima relevante.
Por ese paso transita hasta el 40% del petróleo comercializado por mar y cerca de una cuarta parte del GNL global. Si ese flujo se interrumpe —o simplemente se percibe como vulnerable— se activan varios mecanismos económicos simultáneos:
Energía. El precio del crudo y del gas reacciona de inmediato ante cualquier amenaza de bloqueo. Un aumento sostenido impacta transporte, petroquímica, agricultura y manufactura.
Logística.
- Las aseguradoras elevan primas de riesgo o retiran cobertura.
- Las navieras desvían rutas.
- Los tiempos de tránsito se alargan.
- Los costos de flete se incrementan.
Manufactura global. Más del 80% de los hidrocarburos que cruzan Ormuz se destinan a Asia, donde se concentra buena parte de la producción industrial mundial. Energía más cara significa presión directa sobre exportaciones y cadenas de suministro.
Finanzas.
- El dólar se fortalece como activo refugio.
- Aumenta la volatilidad en mercados.
- Se encarece el capital de trabajo para empresas que dependen de inventarios en tránsito.
Como podemos notar, la guerra no solo es un evento militar sino un riesgo sistémico porque ocurre en un punto donde convergen energía, transporte y comercio global. El impacto no depende únicamente de que el estrecho permanezca cerrado semanas o meses, basta con que el riesgo sea creíble para que los mercados y las cadenas de suministro comiencen a ajustarse.













