El Mundial 2026 representa un pico de demanda repetido y comprimido en ventanas muy cortas. Las compras suben antes del silbatazo, durante el partido y al cierre. En logística, ese patrón se vuelve un asunto de continuidad operativa, especialmente para el canal tradicional integrado por tiendas de conveniencia, abarrotes y formatos Hard Discount y Minisúpers que abastecen “lo inmediato” en barrios, corredores turísticos y zonas de alto tránsito.
En una temporada normal, el inventario se ajusta con históricos y estacionalidades. En un Mundial, eso prácticamente no existe, porque la demanda crece, cambia de forma y se desplaza por microzonas, horarios y resultados deportivos.
Del barrio al riesgo sistémico
Para el canal tradicional y establecimientos de retail de menor tamaño, el riesgo no es vender menos, sino enfrentar quiebres de stock cuando la rotación se acelera y el consumidor exige disponibilidad inmediata.
“Si juntas los picos de demanda -que pueden presentarse muy concentrados- hay riesgo de desabasto puntual porque van a tener que estar trabajando Just In Time”, plantea a The Logistics World, Carlos García, socio líder de la industria de Consumo y Retail en Deloitte Spanish Latin America.
Un sistema Just in time (JIT) reduce inventarios y costos, pero también estrecha el margen de maniobra cuando la demanda se dispara en lapsos breves. “Esta condición generará una disrupción de las cadenas hacia atrás”, agrega García.
Existen negocios con una planeación no tan estructurada y en algunos casos comparten los mismos proveedores y distribuidores con empresas más preparadas. Es probable, según García, que estas unidades hagan pedidos pocos días antes del punto más alto de demanda lo que llevará al distribuidor a priorizar a clientes ya planeados en reparto.
Una bolsa de 2,730 mdd como punto de partida
El Mundial no solo atrae visitantes, también activa consumo interno de manera simultánea en hogares, restaurantes, bares y espacios públicos durante poco más de un mes.
Para México la competencia mundialista tendrá un impacto económico de 2,730 millones de dólares, lo que supone 0.14% del PIB del país, según estimaciones de Deloitte que ubica a la gastronomía, el retail y el entretenimiento, como los sectores que multiplicarán el gasto más allá de lo que se registrará en los estadios.

El hogar se consolida como el principal espacio de consumo durante el torneo: se estima que entre 60 y 65% de las personas verá los partidos en casa o bien, desde la de sus familiares y amigos.
Entre 20 y 25% de las personas verán los partidos del Mundial en bares y restaurantes, dejando un beneficio para aproximadamente 206,000 establecimientos a nivel nacional lo que conforma una red altamente fragmentada.
La canasta de consumo mundialista dibuja con claridad qué se va a mover más rápido En la estimación de Deloitte, el mayor peso recae en bebidas alcohólicas con 55 a 65%, seguidas por bebidas no alcohólicas con 20 a 25%, luego snacks, botanas y dips con 15 a 20%, además de productos complementarios con 1 a 5 por ciento.
Traducido a la operación, el cuello de botella suele aparecer en refrigeración, exhibición, reabasto de alto volumen y gestión de quiebres en SKU de alta rotación.
Cuando la reposición no alcanza a seguir el pico
El reto no se agota en tener producto disponible en el centro de distribución o en el mayorista. En ciudades con tráfico estructural, la última milla se convierte en el verdadero termómetro de la experiencia, sobre todo cuando el reabasto debe ocurrir entre un pico y el siguiente.
El líder de consumo en Deloitte anticipa afectaciones en las empresas que dependen de traslado de inventarios: las que están más atomizadas por las ciudades “van a tener complicaciones”.
Ese fenómeno pega doble en formatos pequeños. Primero, porque dependen de entregas más frecuentes y lotes más chicos para no inmovilizar capital en inventario. Segundo, porque muchos operan con reposición pensada para variaciones graduales, no para picos “tan breves” en los que “la reposición se complica” cuando la demanda sube en minutos y la calle se vuelve un embudo.

En CDMX, Guadalajara y Monterrey la disrupción será más visible por la suma de estadio, fan-fest y consumo asociado en corredores de bares, restaurantes, hoteles y plazas comerciales.
Deloitte proyecta 4.2 millones de asistentes en fan-fest de las tres sedes, con 2.2 millones en el Zócalo de la CDMX, 1.1 millones en Parque Fundidora en Monterrey y 0.9 millones en Plaza Liberación en Guadalajara, una presión adicional que se concentra por días y horarios, justo donde la última milla ya opera al límite.
Las seis semanas de tensión logística
La temporada crítica no empieza el día del primer partido, empieza cuando el sistema comienza a acelerarse y a competir por capacidad.
Carlos García estima que la tensión mundialista empezará una semana antes de que inicie el torneo, cuando se disparan pedidos, contrataciones temporales y ajustes de operación para cubrir horarios extendidos y picos en punto de venta.
El corazón del riesgo estará en las cuatro semanas que durará el Mundial en el país, con rotaciones muy por encima de lo típico y rupturas en categorías acotadas pero decisivas.
El experto anticipa que en snacks, bebidas y alimentación “va a haber una disrupción en la cadena de suministro” y que ese estrés es “prácticamente programático” porque la rotación será muy superior a la habitual. Para la Supply Chain, eso significa más urgencias, más cambios de ruta y más decisiones de asignación de producto en tiempo real.
Después viene una semana adicional “en lo que se empieza a regresar la normalidad”, pero el saldo se define antes de llegar ahí. Las cadenas grandes y los jugadores con analítica y procesos tienden a absorber mejor el golpe, mientras que el canal tradicional y algunos retailers de menor tamaño viven la tormenta con menos visibilidad y menor poder de negociación.
Cuatro claves para evitar quiebres de inventario
La primera es lograr inventario con colchón inteligente, no inventario inflado sin criterio. El experto recomienda empezar desde ya a planificar su inventario con un stock flexible porque “no hay historia del año pasado o antepasado que puedan copiar”, lo que obliga a anticiparse y asumir algo de riesgo calculado en las categorías que más probablemente se moverán.
Aterrizado a la operación, conviene combinar buffer en SKU ganadores, reorden dinámico por microzona y señales rápidas desde el punto de venta.
Una segunda clave o decisión por tomar es cerrar acuerdos con proveedores para ventanas críticas, antes de que todos lo pidan. García sugiere “algún tipo de acuerdo… para entregas express” y llama a no esperar a la semana previa al evento, porque cuando llegue el pico el proveedor tendrá que elegir a quién prioriza.
En la práctica, esto implica negociar capacidad, horarios de entrega, fill rate objetivo y reglas de sustitución, aceptando que quizá se pidan concesiones como volumen, rebates o visibilidad comercial a cambio de prioridad.
Fortalecer la operación y la presencia comercial
La tercera clave está en fortalecer la capacidad de atención: el talento temporal y la ejecución en piso, porque el inventario solo vende si hay operación.
La recomendación se enfoca en “personas”, refuerzo temporal y perfiles adecuados, con tiempo para entrevistas y para asegurar competencias, y en zonas turísticas o cercanas a estadios incluso con capacidad de atender en inglés.
Una cuarta clave está en el marketing operativo. No solo comunicación. Incluye promociones y campañas dirigidas desde ahora para orientar demanda hacia lo que sí estará disponible y para capturar volumen sin romper la promesa de servicio.
Una cadena de suministro medida en horas
En los meses previos, la diferencia no la marcará el tamaño del negocio, sino la velocidad con la que se conviertan señales en decisiones de abastecimiento, distribución y última milla.
El Mundial 2026 va a premiar a quien llegue con acuerdos, buffer calibrado y ejecución lista, porque cuando el consumo se concentra en minutos, la cadena de suministro se mide en horas y el anaquel vacío se vuelve el único mensaje que el cliente sí recuerda.














