La transición hacia la electromovilidad suele abordarse desde el producto final: el vehículo eléctrico. Sin embargo, el verdadero cambio ocurre mucho antes de que el auto llegue al consumidor.
Se está gestando en la base industrial, en los procesos productivos y, especialmente, en la forma en que se reorganiza la cadena de suministro automotriz.
Para México, uno de los principales hubs manufactureros de Norteamérica, esta transformación no representa un escenario futuro, sino una reconfiguración que ya comenzó y que tendrá implicaciones profundas en logística, proveeduría y planeación industrial.
Durante un webinar organizado por la Industria Nacional de Autopartes (INA), especialistas del sector coincidieron en que la electromovilidad no avanza con la velocidad que originalmente proyectaban las armadoras, pero sí mantiene una característica clave: es irreversible.
El reto, entonces, no radica únicamente en fabricar vehículos eléctricos, sino en entender cómo convivirán durante los próximos años los modelos de combustión interna, híbridos y eléctricos dentro de una misma cadena de suministro.
Una transición más lenta, pero inevitable
Hace apenas algunos años, la industria automotriz global proyectaba que hacia 2030 cerca del 80% de la producción estaría compuesta por vehículos totalmente eléctricos.
Hoy, ese escenario luce poco probable. No obstante, el ajuste en los tiempos no significa un retroceso, sino una transición más gradual que obliga a las empresas a replantear su estrategia.
“La manufactura del auto eléctrico viene porque viene. Tal vez no al ritmo que se había proyectado, pero la transición se va a dar”, explicó René Mendoza, presidente de la Cadena de Valor para la Industria en México CAPIM, al señalar que este nuevo margen de tiempo ofrece una oportunidad estratégica para las empresas proveedoras.
El problema es que el cambio no es superficial. A diferencia del vehículo de combustión interna, el auto eléctrico elimina componentes fundamentales como el motor tradicional, el sistema de escape, el tanque de gasolina o la caja de cambios.

Detrás de esas autopartes —aparentemente pocas— existe una red de miles de procesos productivos, maquinaria, moldes y proveedores que durante décadas sostuvieron a la industria.
Conforme avanza la transición, las órdenes de compra relacionadas con esos sistemas comienzan a disminuir de forma progresiva. No desaparecen de un día para otro, pero sí entran en una curva descendente que obliga a las empresas a anticiparse.
El verdadero riesgo no es el cambio, sino no prepararse
Uno de los mensajes más reiterados durante el encuentro fue que la reconversión no implica desechar infraestructura ni conocimiento. Por el contrario, gran parte de los procesos productivos del sector automotriz —metalmecánica, plásticos, maquinado, galvanizado o ensamble— son transversales y pueden adaptarse a otros mercados.
“La buena noticia es que estos procesos no dejan de servir. La maquinaria, el talento y la experiencia pueden aprovecharse para fabricar otros productos, incluso fuera del sector automotriz”,
destacó René.
Esta visión cambia el enfoque del problema. La discusión ya no gira únicamente en torno a qué autopartes desaparecen, sino hacia dónde pueden migrar las capacidades existentes.
En ese punto, la logística adquiere un papel estratégico: identificar nuevos mercados, rediseñar flujos, establecer relaciones con otros sectores industriales y acompañar la diversificación de clientes.
La electromovilidad, en este sentido, se convierte en un detonador de transformación más amplio, donde la resiliencia de la cadena depende de su capacidad para adaptarse y no de su tamaño actual.
La cadena de suministro frente a un nuevo ecosistema industrial
Además de los componentes que dejan de fabricarse, la transición también abre espacio para nuevas autopartes: motores eléctricos, sistemas de batería, cargadores a bordo, convertidores de corriente y electrónica de potencia.
Para que México mantenga su posición como hub automotriz, será indispensable desarrollar una oferta productiva capaz de responder a estos nuevos requerimientos.
De acuerdo con la INA, el reto no solo está en atraer inversión, sino en preparar a la cadena de proveedores para integrarse a estos nuevos modelos productivos. Esto implica certificaciones, adaptación tecnológica, trazabilidad y, cada vez más, procesos alineados con criterios de sostenibilidad.
Gabriel Padilla, director general de la Industria Nacional de Autopartes, señaló que la transformación actual no responde a una tendencia lejana, sino a una realidad que ya impacta las decisiones de inversión. “La electromovilidad dejó de ser una proyección y hoy forma parte de un ecosistema donde convergen electrónica, inteligencia artificial, autonomía y sostenibilidad”, afirmó.

Este ecosistema exige cadenas de suministro más flexibles, con mayor integración regional y con capacidades tecnológicas que van más allá de la manufactura tradicional.
Logística: el eslabón silencioso de la reconversión
En medio de este proceso, la logística se posiciona como uno de los factores críticos. No solo por el movimiento físico de mercancías, sino por su capacidad de conectar sectores, reducir dependencias externas y habilitar nuevos modelos de negocio.
La presión por sustituir importaciones provenientes de Asia, los ajustes arancelarios y las reglas de origen del T-MEC están acelerando un rediseño de los flujos comerciales. Para muchas empresas, vender localmente ya no es solo una ventaja competitiva, sino una necesidad operativa.
“La cadena de valor se está reacomodando y eso abre oportunidades reales para proveedores instalados en México”, explicó Padilla, al destacar que las condiciones actuales obligan a las grandes empresas a buscar abastecimiento regional.
En este nuevo entorno, la logística deja de ser un área de soporte y se convierte en un habilitador estratégico de la reconversión industrial, permitiendo que la transición energética se traduzca en continuidad operativa y crecimiento.
Una transformación que definirá la próxima década
La electromovilidad no representa el fin de la industria automotriz, sino el inicio de una etapa distinta. Una etapa en la que coexistirán tecnologías, modelos productivos y esquemas logísticos, y donde la capacidad de adaptación será más relevante que la especialización rígida.
Para México, el desafío no está únicamente en fabricar vehículos eléctricos, sino en acompañar el proceso completo de transformación de su cadena de suministro.
Desde la reconversión de autopartes hasta la diversificación hacia otros sectores industriales, el país enfrenta una ventana de oportunidad que exige planeación, inversión y visión de largo plazo.
Como coincidieron los especialistas de la INA, la transición ya comenzó. La diferencia entre quienes logren capitalizarla y quienes queden rezagados dependerá, en gran medida, de qué tan preparada esté su cadena logística para el cambio.












