El transporte eléctrico de carga se convierte en un eje estratégico para la transición de México hacia la electrificación en 2026; la transición hacia flotas cero emisiones, se relaciona con eficiencia operativa, presión competitiva y análisis de costo total de propiedad (TCO), más allá de solo el cumplimiento de metas ambientales.
Estudios académicos, diagnósticos técnicos gubernamentales y reportes sectoriales coinciden en que el cambio hacia la electromovilidad avanza, aunque a distintas velocidades, dentro del ecosistema logístico nacional.
Antes de avanzar hacia las tendencias actuales en transporte eléctrico de mercancías, las proyecciones para este 2026 y los retos y oportunidades que enfrenta esta tecnología en México, vale la pena explicar primero qué es la electromovilidad.
¿Qué es la electromovilidad y cómo transforma el transporte de mercancías?
La electromovilidad se refiere al uso de vehículos propulsados por energía eléctrica —ya sea mediante baterías o celdas de hidrógeno— como sustitución parcial o total de motores de combustión interna; en el transporte de mercancías, esta transición implica mucho más que cambiar el tren motriz, transforma:
- El modelo energético de las flotas
- La planeación de rutas y tiempos de recarga
- La estructura de costos operativos
- La infraestructura logística urbana y regional
- La relación con la red eléctrica
El Diagnóstico del desarrollo tecnológico en México para la incorporación de la electromovilidad en el autotransporte, elaborado por el Instituto Mexicano del Transporte (IMT, 2023), advierte que el reto no es únicamente tecnológico, sino sistémico: la flota mexicana de carga tiene una edad promedio cercana a los 18 años y depende en más de 90% del diésel. La reconversión, por tanto, parte de una base estructuralmente envejecida.
A su vez, el estudio académico Movilidad eléctrica y sostenibilidad en México: evaluación del avance frente a compromisos internacionales (2015–2024), publicado en 2025 en LATAM Revista de Ciencias Sociales, señala que, aunque México ha adoptado compromisos climáticos ambiciosos, la implementación institucional y la medición de resultados aún son fragmentadas.

Tendencias actuales en electrificación del transporte de mercancías
En este contexto, la transformación eléctrica del transporte de mercancías avanza más por lógica empresarial que por mandato regulatorio, pero ¿cuáles son las tendencias que mueven esta evolución?
Última milla como punta de lanza
El crecimiento del mercado confirma que la electrificación ya no es marginal, según datos difundidos por Cluster Industrial, las ventas de vehículos eléctricos crecieron 33.7% en el primer semestre de 2025, impulsadas principalmente por flotas de última milla y transporte público.
Esta tendencia también es respaldada por análisis de Mobility Portal, que identifica a las flotas comerciales como el principal motor de adopción en México. Empresas de retail, e-commerce, alimentos y logística ya incorporan unidades eléctricas en operaciones urbanas donde:
- Los recorridos son predecibles
- El kilometraje diario es alto
- La recarga puede realizarse en instalaciones propias
El factor económico: TCO vs. diésel
Una de las señales más claras del cambio es la comparación de costos; diversos análisis sectoriales indican que, cuando se consideran energía, mantenimiento y uso intensivo, el costo total de propiedad de vehículos eléctricos puede ser más competitivo que el diésel en operaciones urbanas.
Además, las flotas eléctricas suman valor en entornos como la Ciudad de México (CDMX) sujeta a contingencias ambientales que, especialmente en temporada de calor, activan el “Hoy No Circula”, que puede afectar la movilidad de ciertos tipos de transporte.
Esto explica por qué la electrificación corporativa avanza incluso en ausencia de infraestructura pública robusta: las empresas internalizan el beneficio económico.
Financiamiento como acelerador
Hace unos meses, Guillermo Rosales, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de Distribuidores Automotores (AMDA), participó en el podcast Norte Económico de Banorte (septiembre 2025), donde destacó que la electromovilidad representa una oportunidad estructural para el mercado automotriz mexicano, con híbridos y eléctricos alcanzando alrededor de 12% del mercado nacional.
Sin embargo, el acceso a instrumentos financieros —leasing, créditos verdes, financiamiento estructurado— será determinante para que las flotas medianas y pymes puedan sumarse a la transición.

Proyecciones de la electrificación hacia 2026
Hacia 2026, el escenario para el transporte de mercancías muestra tres dinámicas claras:
1). Consolidación urbana
La última milla eléctrica seguirá expandiéndose en zonas metropolitanas como la CDMX, Guadalajara y Monterrey, donde la presión ambiental y la eficiencia operativa convergen.
2). Expansión regional gradual
Las rutas de mediano recorrido podrían comenzar a electrificarse parcialmente, siempre que se desarrollen corredores estratégicos de recarga; sin embargo, el transporte pesado de larga distancia aún enfrenta barreras de autonomía e infraestructura.
3). Liderazgo empresarial sobre política pública
Mientras que el estudio de LATAM evidencia rezagos institucionales frente a metas internacionales de electrificación, la evidencia apunta a que el sector privado continuará marcando el ritmo de adopción.
En otras palabras, la transición no se detendrá esperando una estrategia federal integral; seguirá avanzando hasta donde el modelo operativo y financiero lo permita.
Retos y oportunidades para la electrificación en México
Retos
- Infraestructura insuficiente y desigual: la red pública de recarga aún no acompaña un despliegue masivo, como advierten tanto el IMT como análisis periodísticos sobre la capacidad de la CDMX.
- Falta de estandarización normativa: coexistencia de estándares y ausencia de NOM específicas.
- Transporte pesado rezagado: autonomía, costos y falta de corredores eléctricos federales.
- Desigualdad en acceso a capital: pymes enfrentan mayores barreras que grandes corporativos.
Oportunidades
- Reducción de costos operativos mediante TCO favorable en entornos urbanos.
- Integración con energías renovables y almacenamiento distribuido.
- Desarrollo de clusters industriales regionales en estados como Nuevo León, Guanajuato y Querétaro.
- Innovación en modelos de negocio: recarga como servicio, flotas compartidas, telemetría avanzada.

Una transición en tres velocidades
El panorama hacia 2026 sugiere que la transformación eléctrica del transporte de mercancías en México ocurre en tres velocidades:
- Empresas que ya electrifican por competitividad
- Infraestructura que avanza, pero aún no al ritmo necesario
- Política pública que busca alinearse con compromisos internacionales, pero sin una estrategia integral consolidada
La electrificación del transporte eléctrico de mercancías no es un fenómeno homogéneo ni inmediato, es una reconfiguración gradual del sistema logístico, impulsada más por eficiencia económica y resiliencia operativa que por discurso ambiental.
Este 2026, el debate ya no será si la transición ocurrirá, sino qué actores estarán preparados para capitalizarla.
Preguntas frecuentes
¿Está preparada la infraestructura eléctrica nacional para sostener el crecimiento acelerado de flotas cero emisiones?
No del todo, aunque la adopción empresarial avanza, el despliegue de infraestructura pública sigue siendo insuficiente y desigual. El diagnóstico del IMT advierte que el reto es sistémico: la red de recarga aún no acompaña un crecimiento masivo, no existen corredores eléctricos federales consolidados y persiste la falta de estandarización normativa.
En ciudades como la CDMX, además, la presión urbana y energética evidencia que la expansión de flotas eléctricas requiere planificación territorial, capacidad de red y coordinación institucional que hoy todavía están en construcción.
¿Puede el costo total de propiedad (TCO) convertir al transporte eléctrico en una decisión financiera más que ambiental?
Sí, especialmente en entornos urbanos y de última milla. Los análisis sectoriales citados muestran que, cuando se consideran energía, mantenimiento y uso intensivo, el TCO puede ser más competitivo que el diésel. Esto explica por qué la electrificación corporativa avanza incluso sin una política federal integral: las empresas internalizan el beneficio económico.
En contextos como la CDMX —donde contingencias ambientales y restricciones de circulación afectan la operación— el valor estratégico de las flotas eléctricas se vuelve aún más evidente, no solo por sostenibilidad, sino por continuidad operativa y reducción de riesgos.
¿Qué segmento del transporte de mercancías marcará el ritmo real de la electrificación hacia 2026: última milla, rutas regionales o carga pesada?
La última milla seguirá marcando el paso, es el segmento donde convergen rutas predecibles, alto kilometraje diario y posibilidad de recarga en instalaciones propias.
Las rutas regionales podrían comenzar una electrificación parcial si se desarrollan corredores estratégicos, pero el transporte pesado de larga distancia permanece rezagado por barreras de autonomía, costos y ausencia de infraestructura federal.
Así, hacia 2026, la transición continuará avanzando en tres velocidades: liderazgo empresarial en entornos urbanos, expansión gradual regional y espera tecnológica en carga pesada.













