Cuando se habla de alcanzar un millón de comidas calientes al día en Gaza, la cifra suele presentarse como un hito.
Sin embargo, desde el punto de vista operativo, representa algo muy distinto: una cadena de suministro altamente frágil, expuesta a interrupciones constantes y obligada a rediseñarse cada día.
Así lo explicaron Wadhah Hubaishi, Response Director de World Central Kitchen (WCK), y Nasser Wadi, Supply Chain Manager para Gaza y Medio Oriente, durante un reciente webinar de la organización.
“Un millón no es un número simbólico. Detrás de cada comida hay una persona que no tiene cocina, combustible ni acceso a un mercado”, señaló Hubaishi. “Y detrás de ese número hay decisiones que se toman hora por hora: cuántos camiones entran, qué se compra, qué se negocia y qué se adapta para que la comida llegue”.
Sostener la operación: el verdadero reto logístico
Desde la perspectiva de la cadena de suministro, el desafío no es escalar, sino sostener. De acuerdo con Wadi, para mantener el flujo de un millón de comidas diarias se requieren entre 120 y 150 camiones por semana, lo que equivale a cerca de 500 camiones al mes.
Cada jornada implica movilizar alrededor de 80 toneladas de arroz y 80 toneladas de proteína, es decir, cerca de 40 camiones diarios solo para insumos básicos.
“El millón no es lo difícil”, explicó Wadi. “Lo más complejo es asegurar que los suministros sigan entrando de manera constante. Cualquier interrupción en una ruta puede comprometer semanas completas de operación”.

En este contexto, la logística humanitaria se aleja por completo de los modelos tradicionales de abastecimiento. No existen lead times confiables ni rutas garantizadas.
La operación depende de múltiples corredores logísticos, negociaciones permanentes y una capacidad de adaptación casi inmediata.
Planeación con planes A, B y C
Uno de los elementos clave de la estrategia logística de WCK es la planeación por contingencias. Si un embarque de proteína congelada no logra cruzar, los equipos activan de inmediato un plan alterno con proteína enlatada.
Si frutas y verduras frescas quedan varadas en frontera, se reconvierten en productos congelados o en conservas para extender su vida útil.
Wadi compartió un ejemplo concreto: “Compramos 20 camiones de frutas y verduras frescas en Egipto y, a última hora, nos informaron que no podían entrar a Gaza. Tomamos la decisión de regresarlos a fábricas, congelar los vegetales y enlatar los jugos. Así evitamos perder el producto y aseguramos su entrada posterior”.
Este tipo de decisiones, tomadas en cuestión de horas, se repite de manera constante. En palabras de Hubaishi, “no se trata solo de tener alimentos, sino de hacerlos compatibles con las restricciones de importación, el tiempo disponible y la seguridad del equipo en campo”.
Infraestructura logística en un entorno sin certidumbre
Para reducir el riesgo de desabasto, World Central Kitchen ha desarrollado una infraestructura logística interna dentro de Gaza.
Actualmente opera 10 mega almacenes con capacidad para 12,000 pallets, diseñados para funcionar como inventarios de contingencia ante cierres o retrasos.
A esto se suma una red de seis cocinas de gran capacidad y alrededor de 60 cocinas comunitarias, todas abastecidas mediante un sistema de planeación que inicia con días —e incluso semanas— de anticipación.
“La planeación del día de hoy empezó ayer. Verificamos ingredientes, destinos, listas de hospitales y beneficiarios para asegurar que no haya desperdicio y que cada comida tenga un destino claro”,
señala el experto.
Última milla bajo presión: combustible, seguridad y priorización
En la última milla, los cuellos de botella se multiplican. El combustible es uno de los recursos más críticos: la operación consume entre 4,000 y 5,000 litros diarios de diésel para mantener generadores, cocinas y flotas de distribución.
En paralelo, cada movimiento debe ser coordinado y negociado para reducir riesgos en zonas donde las condiciones de seguridad cambian sin aviso.
Ante la escasez, la priorización se vuelve una decisión logística diaria. “A veces tenemos que decidir si usamos el combustible para producir más pan o para llevar comidas a comunidades más aisladas”, explicó Hubaishi.

Actualmente, WCK prioriza el abastecimiento de 70 hospitales y centros médicos, así como 60,000 niños en escuelas y espacios educativos, entendiendo la alimentación como un habilitador de continuidad social en medio de la crisis.
Innovación operativa: pan, movilidad y resiliencia
Un ejemplo claro de innovación logística es el uso de panaderías móviles, capaces de producir hasta 3,000 panes por hora. Estas unidades, que se mantienen en constante movimiento para reducir riesgos, permiten entregar pan recién horneado a pocas horas —o incluso minutos— de su producción.
En conjunto con panaderías locales apoyadas por la organización, WCK distribuye cerca de 400,000 piezas de pan al día.
“Cada solución logística tiene que pensarse no solo en términos de eficiencia, sino de seguridad, movilidad y aceptación local”, subrayó Hubaishi.
Lecciones para la cadena de suministro global
Más allá del contexto humanitario, la experiencia de World Central Kitchen en Gaza deja aprendizajes clave para la logística en cualquier entorno de alta volatilidad: diversificación de proveedores, inventarios estratégicos, planeación flexible, toma de decisiones descentralizada y capacidad real de adaptación operativa.
“Servir un millón de comidas al día no es una línea de llegada”, concluyó el moderador del webinar. “Es un sistema que tiene que reconstruirse y sostenerse todos los días, bajo condiciones que pueden cambiar sin previo aviso”.
Desde la óptica de la cadena de suministro, el caso de WCK confirma que la resiliencia no se diseña para la excepción, sino para la incertidumbre permanente.













