La demanda de entregas seguirá en ascenso y obligará a empresas de todos los tamaños—desde startups y dark stores hasta operadores 3PL consolidados—a nutrir sus flotillas urbanas con más y mejores vehículos para delivery.
En 2024, el comercio electrónico minorista en México alcanzó 789,700 millones de pesos, un crecimiento anual de 20%, con 67.2 millones de compradores digitales; “por seis años consecutivos México ha mantenido un crecimiento constante de doble dígito”, detalló Daniela Orozco, directora de estudios de mercado de la AMVO, al presentar el Estudio de Venta Online 2025.
A partir de ese desempeño, la propia AMVO y analistas de mercado coinciden en que México se posicionó entre los países con mayor contribución del canal online a las ventas minoristas en 2025, con eventos como Hot Sale y El Buen Fin que actúan como catalizadores del consumo online y estresan la operación de última milla.
Mientras tanto, el World Economic Forum advierte que, sin intervenciones coordinadas, el número de vehículos de reparto en las 100 principales ciudades crecerá 36% hacia 2030. En México, firmas de análisis proyectan una expansión sostenida del mercado de last mile, impulsada por el ecommerce y la densificación de soluciones urbanas de cumplimiento cercano al cliente.
Apoyo para pymes
En la mesa de un gestor logístico no caben ya discusiones teóricas, sino decisiones de capital. En una carta, el banco ofrece un crédito para comprar 10 vans, con tasa fija, plazo largo y una advertencia tácita: “El riesgo, el mantenimiento y la obsolescencia son suyos”. En la otra, una propuesta de leasing operativo: un pago periódico por usar esas mismas 10 vans, con mantenimiento y seguros integrados, y la promesa de renovarlas cuando la tecnología o la norma lo exijan.
El contexto nacional ha puesto reflectores en la primera carta: el 8 de mayo de 2025, el gobierno federal y la Asociación de Bancos de México (ABM) firmaron un acuerdo para incrementar el financiamiento formal a mipymes y reducir tasas de interés con apoyo de la banca de desarrollo; el objetivo explícito es que al menos 30% de las mipymes cuente con crédito formal hacia 2030.
Más recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum reiteró que el reto no es solo la tasa, sino los requisitos que hoy dejan fuera a miles de pymes, y pidió a la banca “flexibilizar” procesos para acelerar el crédito empresarial. Mientras ese engranaje se afina, un número creciente de operadores está eligiendo la segunda carta, por pragmatismo operativo y disciplina financiera.
El capital para lograrlo
Frente a esta disyuntiva, el leasing operativo —o arrendamiento puro— gana terreno no solo como alternativa de financiamiento, sino como herramienta de gestión para flotas de reparto en la volátil última milla. “En logística, el valor no está en poseer vehículos, sino en cumplir entregas, mantener niveles de servicio y adaptarse rápido”, explica José Luis Balvanera, director comercial de Imagina Leasing, al insistir en que “el leasing permite que la flota se adapte al negocio, mientras que el crédito obliga a que el negocio se adapte al activo”.
La ventaja crucial está en la transferencia de riesgos: mantenimiento, siniestros, depreciación y, sobre todo, obsolescencia tecnológica o regulatoria se gestionan del lado del arrendador, permitiendo a la empresa preservar liquidez y enfocar capital en palancas de valor—digitalización, talento, capacidad de almacenamiento—en lugar de inmovilizarlo en fierros; en palabras de Balvanera, entrevistado por TLW©: “En la última milla, el leasing operativo no financia vehículos: financia flexibilidad, continuidad del servicio y capacidad de adaptación”.
Para nutrir una flotilla de delivery sin descapitalizarse y con gobernabilidad del costo por kilómetro o por entrega, el leasing operativo convierte la adquisición en uso, traslada riesgos críticos y estabiliza el flujo de caja con pagos periódicos predecibles.
Frente al vaivén de las temporadas comerciales, transformar costos fijos en variables es una ventaja competitiva y como la última milla enfrenta picos estacionales y ventanas de entrega más estrictas, la posibilidad de ajustar tamaño y mix de flota con contratos flexibles se vuelve un seguro de continuidad operativa. Esta lógica coincide con lo que las proyecciones de mercado muestran para México: un B2C dominante en volúmenes, auge de entregas en salud por telemedicina y una preferencia por entregas estándar que convive con la presión del same‑day en zonas densas.
Así funciona este recurso
¿Cómo funciona, en términos prácticos y normativos, este esquema? La CONDUSEF define el arrendamiento puro como un contrato mediante el cual la arrendadora otorga el uso y goce temporal de un bien a cambio de una renta, sin compromiso de compra al final; se trata de un gasto operativo para el arrendatario y el bien no se registra como activo fijo en su balance, a diferencia del arrendamiento financiero, donde la ruta suele conducir a la transmisión de propiedad.
Desde la óptica fiscal, la Ley del ISR fija límites de deducibilidad diaria para rentas de automóviles de uso general—con montos diferenciados según tecnología motriz—y establece requisitos de comprobación para no perder el beneficio; especialistas recuerdan topes de 200 pesos diarios para vehículos a combustión y reglas específicas para eléctricos/híbridos, así como excepciones aplicables a viajes de negocios y la importancia de la documentación.
Al llevarlo a la práctica, el diseño contractual y la correcta clasificación del tipo de vehículo y uso son determinantes para capturar la deducibilidad esperada, por lo que la asesoría contable es parte del caso de negocio más que un anexo administrativo.
En la última milla, estos matices financieros se traducen en efectos operativos concretos. El empaquetamiento de servicios—mantenimiento preventivo y correctivo, seguros, gestión de siniestros—en la renta reduce la volatilidad del TCO y libera tiempo de gestión; la renovación programada evita quedar atrapado con activos que ya no cumplen restricciones de acceso, pesos y medidas, o estándares de emisiones en zonas urbanas; la elasticidad contractual permite escalar la flota en semanas de alta demanda y adelgazarla en valles estacionales sin penalizaciones desproporcionadas.
“Bajo esquemas de leasing operativo, el riesgo de obsolescencia se transfiere al arrendador”, insiste Balvanera, subrayando que en un mercado donde telemática, seguridad activa y eficiencia energética mejoran cada año, ese resguardo no es menor.
Para insertarse en las tendencias de last mile
La oportunidad tecnológica agrega otra capa a la ecuación. Mientras el WEF proyecta el crecimiento inercial de vehículos y emisiones si no se interviene, su mismo reporte detalla que electrificación de flotas, lockers multimarcas, re‑roteo dinámico y micro‑hubs ayudan a recortar impactos sin sacrificar nivel de servicio, sentando una agenda pragmática para ciudades y operadores.
En México ya se observa la electrificación progresiva de flotas de reparto: empresas de paquetería, consumo masivo y ecommerce incorporan vans eléctricas y soluciones urbanas de cero emisiones para entornos densos, con objetivos explícitos de descarbonización en el horizonte de 2030‑2040.
Desde la perspectiva de planeación de flota, el leasing facilita pilotos tecnológicos—desde vans eléctricas de rango urbano hasta motos y triciclos de carga—sin hundir capital en activos con curva de valor residual aún incierta, y con la capacidad de rotarlos por nuevas generaciones conforme maduran baterías, infraestructura y servicios de postventa; ese “aprendizaje con opción de renovación” encaja con la evolución del último tramo que describen WEF y consultoras de mercado para los próximos años.
El dilema de la pyme logística—crecer o sobrevivir—encuentra aquí una salida menos binaria. El crédito tradicional implica desembolso inicial, pasivo a largo plazo y exposición total a depreciación y obsolescencia; la autofinanciación inmoviliza capital que hoy rinde más en la automatización del fulfillment, en analítica de demanda o en la captación de talento operativo.
El leasing operativo, en cambio, financia flexibilidad: permite ajustar el tamaño de la flota a la demanda real por plaza, renovar conforme cambian las reglas del juego urbano y blindar el costo por entrega frente a sorpresas de taller y aseguradora. Para un empresario de delivery, esa es la diferencia entre mantener promesas de servicio—SLA de hora y día—o ceder terreno ante competidores más ágiles.
“En la última milla, el leasing operativo no financia vehículos: financia flexibilidad, continuidad del servicio y capacidad de adaptación”, concluye Balvanera.













