La logística en México ya no se explica solo por ubicación geográfica o cercanía a mercados. En un entorno marcado por el nearshoring, la presión sobre costos operativos y la necesidad de cadenas de suministro más resilientes, la competitividad regional se ha convertido en uno de los principales filtros para decidir dónde operar, invertir y expandir infraestructura logística.
Esto ha dado lugar a un mapa logístico cada vez más concentrado, donde ciertas regiones absorben flujos, inversión y talento, mientras otras avanzan a un ritmo mucho más lento.
En este contexto, el Índice de Competitividad Regional del IMCO permite leer con mayor claridad qué tan preparadas están las distintas regiones del país para sostener operaciones logísticas complejas, más allá del discurso de oportunidad.
Variables como infraestructura, mercado laboral, innovación, estado de derecho y entorno económico tienen una traducción directa en tiempos de entrega, costos, continuidad operativa y capacidad de escalar.
Norte del país: la plataforma logística del comercio exterior
La región norte sigue siendo el principal motor logístico del comercio exterior mexicano. La cercanía con Estados Unidos, la concentración de manufactura de exportación y la existencia de corredores industriales bien definidos han consolidado una infraestructura logística orientada a altos volúmenes, alta rotación y operaciones altamente sincronizadas.
Aquí, la logística no es un complemento de la producción: es una condición indispensable para que las cadenas funcionen.
Desde la óptica operativa, esta región enfrenta hoy un punto de inflexión. La alta competitividad que identifica el IMCO en varios de sus indicadores explica por qué el norte continúa captando inversión logística, pero también pone sobre la mesa sus límites.

La saturación de cruces fronterizos, la presión sobre carreteras y ferrocarriles, así como la competencia por talento especializado, están elevando los costos y obligando a las empresas a optimizar cada tramo de la cadena.
En este escenario, la ventaja logística del norte ya no es automática: depende cada vez más de eficiencia, tecnología y coordinación regional.
Bajío y Centro: el corazón industrial y de distribución nacional
El Bajío y la región centro se han convertido en el punto de equilibrio del sistema logístico mexicano. Su fortaleza no solo radica en la manufactura, sino en su capacidad para articular producción, consumo y redistribución nacional.
Esta región concentra una parte creciente de los centros de distribución que abastecen tanto a cadenas tradicionales como a plataformas de comercio electrónico, lo que la vuelve estratégica para operaciones omnicanal.
Sin embargo, esta centralidad también implica vulnerabilidades. Desde el punto de vista logístico, la dependencia de infraestructura carretera, la seguridad en tránsito y la planeación urbana son factores que inciden directamente en la eficiencia operativa.
El Índice de Competitividad Regional muestra contrastes internos que ayudan a explicar por qué algunas zonas del Bajío logran atraer proyectos logísticos de gran escala, mientras otras enfrentan mayores fricciones.
Para las empresas, esto se traduce en decisiones cada vez más precisas sobre ubicación, diseño de rutas y nivel de automatización, buscando mitigar riesgos estructurales.

Occidente: logística para consumo, tecnología y conexión con Asia
El occidente del país ha ganado relevancia como región logística por su vínculo con sectores de alto valor agregado y su conexión con el comercio transpacífico.
La combinación de un ecosistema tecnológico sólido, una base de consumo relevante y la presencia de puertos estratégicos ha impulsado modelos logísticos más especializados, orientados a velocidad, trazabilidad y valor agregado.
Los indicadores de competitividad asociados a innovación y capital humano explican por qué esta región ha sido particularmente atractiva para operaciones logísticas que demandan mayor sofisticación tecnológica.
No obstante, los retos siguen siendo significativos: la conectividad entre puertos y zonas industriales, la congestión urbana y la necesidad de infraestructura logística moderna son factores que condicionan el crecimiento.
En este contexto, la competitividad regional funciona como un amortiguador que permite absorber la demanda logística sin comprometer la eficiencia, siempre que exista inversión sostenida.
Sur–Sureste: potencial logístico aún contenido
El sur–sureste representa uno de los mayores desafíos para la logística nacional. A pesar de su ubicación estratégica y de los proyectos de infraestructura en desarrollo, la región sigue teniendo una integración limitada a las grandes cadenas logísticas del país.
Desde el punto de vista operativo, esto se traduce en menores economías de escala, mayores costos y una dependencia elevada de pocos corredores.
Los niveles más bajos de competitividad regional que señala el IMCO ayudan a entender por qué muchas empresas logísticas mantienen una postura cautelosa en esta zona.

La falta de conectividad eficiente, los retos institucionales y la limitada disponibilidad de talento especializado inciden directamente en la viabilidad operativa.
Para la logística, el sur–sureste sigue siendo una región de potencial de largo plazo, pero con barreras estructurales que condicionan su desarrollo inmediato.
Competitividad regional: una variable estratégica para la logística
Más allá de los rankings, el Índice de Competitividad Regional del IMCO refuerza una idea clave para el sector: la logística se desarrolla donde existen condiciones estructurales para operar con certidumbre, eficiencia y capacidad de crecimiento.
Infraestructura, capital humano, innovación y entorno institucional son hoy tan determinantes como la ubicación geográfica.
En un contexto de cadenas de suministro más frágiles y exigentes, la competitividad regional se ha convertido en un factor estratégico para definir redes logísticas, inversiones en infraestructura y modelos operativos.
Para operadores, desarrolladores e inversionistas, entender estas diferencias regionales ya no es opcional: es una condición para competir en el nuevo mapa logístico de México.












