La economía circular comienza a perfilarse como la nueva arquitectura de la supply chain alimentaria, al impulsar un rediseño de fondo de los flujos, procesos y redes logísticas que históricamente se han construido bajo un modelo lineal, pero ¿cuál es problema de esa linealidad?
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los sistemas alimentarios son responsables de más de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI); además, tienen una participación relevante en el uso intensivo de tierra y agua asociados a la producción y distribución de alimentos.
De acuerdo con Lara Ramdin, chairperson de la división de Sistemas Alimentarios Sustentables del Institute of Food Technologists (IFT), alrededor del 18% del desperdicio global de alimentos ocurre en la etapa de manufactura, lo que muestra que el problema es estructural.
“Hasta ahora, hemos diseñado los sistemas alimentarios de manera lineal, están optimizados con base en la velocidad y los costos, son más eficientes en términos de rapidez y precio, pero no funcionan de manera circular”, mencionó la experta, el pasado 9 de diciembre, durante el 2do. Seminario Técnico de Ciencia Aplicada a la Industria de Alimentos y Bebidas del IFT México.
Durante su conferencia “Circularity in Sustainable Food Systems”, Ramdin destacó que, bajo este esquema lineal, “el sistema alimentario moderno es asombrosamente productivo, pero también espectacularmente derrochador. Alimenta a miles de millones de personas, pero también resulta en más de un tercio de las emisiones globales de GEI, reduce la biodiversidad en aproximadamente un 80% y utiliza alrededor del 70% del agua dulce en todo el mundo”.
El gran impacto del sistema alimentario sobre los recursos naturales hace necesario transitar hacia un modelo más eficiente, pero no necesariamente en términos de velocidad y costos, sino en reducción de efectos ambientales y desechos. Aquí es donde entra la economía circular.
Se trata de un concepto que debemos tener en la mira porque cada vez cobra más relevancia a nivel global y en el ámbito local, tendrá un gran protagonismo en los próximos años porque, hace unos días, el Gobierno de México publicó en el Diario Oficial de la Federación la recién aprobada la Ley General de Economía Circular.
¿Qué es la economía circular y cómo impacta en la logística?
Lara Ramdin explica que la economía circular no es un programa ambiental ni una iniciativa aislada, sino un principio de diseño de sistemas: “La circularidad, en su esencia, consiste en tomar en cuenta el desperdicio y la contaminación como parte del diseño (del sistema), así como mantener los alimentos y materias primas en su mayor valor durante el mayor tiempo posible, también involucra regenerar los ecosistemas de los que dependen”.
Bajo este ángulo, no se trata de gestionar residuos al final del proceso, como lo hacemos actualmente, sino de replantear cómo se conciben, diseñan y operan las cadenas de suministro desde el inicio.
Aplicada al sistema alimentario, la economía circular parte de una premisa clara: los modelos actuales siguen siendo mayoritariamente lineales; aunque se han optimizado para velocidad y costo, no fueron construidos para reincorporar subproductos, excedentes y corrientes laterales dentro del propio sistema. Como resultado, una proporción relevante del desperdicio ocurre dentro de la etapa industrial, lo que evidencia que el problema es estructural y no únicamente operativo.
“Si una tercera parte del problema climático y la mayor parte de la presión sobre tierra y agua están dentro del sistema alimentario, entonces cualquier camino realista hacia el net zero tiene que reconfigurar los sistemas alimentarios de forma circular. No es opcional”, señala Ramdin.
Como podemos ver, la circularidad es neurálgica para el sistema alimentario actual, pero ¿cuál es su impacto en la logística? La economía circular no reduce la actividad logística, sino que la transforma; la cadena, deja de mover únicamente producto terminado y comienza a gestionar múltiples flujos: materiales secundarios, subproductos, ingredientes recuperados y corrientes destinadas a reprocesamiento o valorización.
Estos nuevos flujos requieren rutas, nodos, tiempos y condiciones de manejo propias; en este contexto, la logística se convierte en un habilitador de recuperación de valor. La planeación, el transporte, el almacenamiento y la trazabilidad dejan de enfocarse solo en eficiencia de entrega y pasan a incluir la capacidad de capturar, clasificar, estabilizar y redirigir materiales que antes salían del sistema como merma.

El desperdicio como falla de diseño, no de operación
En la mayoría de las plantas, los procesos están concebidos para maximizar el rendimiento del producto final, pero no para capturar valor de corrientes laterales como cáscaras, pulpas, recortes o excedentes; esto resulta en que, materiales con potencial económico salen de la operación como merma o residuo.
Si no se cuestiona qué ocurre con esos flujos cuando la producción escala, dónde se están perdiendo nutrientes o en qué punto del proceso se degradan materiales que aún podrían aprovecharse, el sistema continúa reproduciendo las mismas ineficiencias. El desperdicio, en este sentido, no es consecuencia de errores aislados, sino de un modelo industrial que nunca fue diseñado para reincorporar valor.
En palabras de Lara Ramdin, “si no hacemos preguntas como qué pasa cuando escalamos, dónde ciclan los nutrientes y dónde se están fugando, entonces no estamos pensando correctamente en circularidad”.
Desde la óptica de la logística, esto se refleja en cadenas configuradas exclusivamente para mover producto terminado, mientras todo lo que queda fuera de especificación se trata como un pasivo. Esto genera tres impactos estructurales:
- Costos ocultos de transporte, al movilizar materiales que no generan ingreso
- Uso ineficiente de almacenes, al destinar espacio temporal a residuos en lugar de insumos valorizables
- Pérdida de insumos ya procesados, que consumieron agua, energía, mano de obra y capacidad productiva
Bajo un enfoque de economía circular, el rediseño parte desde la ingeniería de procesos y el layout de planta, la pregunta deja de ser cómo producir más del producto final y pasa a ser cómo diseñar procesos capaces de separar, estabilizar y clasificar corrientes secundarias desde el origen, con calidad y consistencia suficientes para su aprovechamiento posterior.
Como explicó Ramdin, cuando se reutiliza alimento y se crea valor a partir del desperdicio, también se evita desperdiciar “la cosecha, el agua, la energía y todos los recursos que se invirtieron para producirlo”, lo que cambia radicalmente la lógica de operación.

Datos y visibilidad, el cuello de botella real
Uno de los principales frenos para escalar la circularidad es la falta de mapeo de flujos de desperdicio y subproductos. A diferencia de las materias primas tradicionales, estas corrientes no suelen estar sistematizadas dentro de los sistemas de planeación, lo que las vuelve invisibles para la toma de decisiones.
“México necesita un mapa nacional de dónde están los distintos residuos, qué volúmenes existen y dónde se generan”, planteó Ramdin, al destacar que sin esa visibilidad no es posible diseñar redes logísticas eficientes.
Desde la perspectiva de la supply chain, la ausencia de datos impide responder preguntas básicas: qué materiales se generan, en qué cantidad, con qué frecuencia, en qué punto de la cadena y bajo qué condiciones. Sin estas respuestas, es imposible dimensionar capacidades, definir rutas, justificar inversiones o estructurar modelos de negocio alrededor de la valorización.
Al no existir información consolidada, no se desarrollan infraestructuras específicas; mientras que, al no existir infraestructura, los flujos continúan dispersos y sin trazabilidad.
Para la logística, avanzar hacia esquemas circulares implica integrar estos materiales a los sistemas formales de gestión, incorporándolos en herramientas de planeación, inventarios y transporte, al mismo nivel que los insumos tradicionales. Solo así pueden convertirse en flujos predecibles y confiables.
En términos prácticos, el reto pasa por construir capas de información que incluyan:
- Ubicación geográfica de generación de subproductos
- Volúmenes promedio y estacionalidad
- Condiciones físicas (humedad, estabilidad, perecibilidad)
- Usos potenciales y requerimientos de reprocesamiento
Contar con esta visibilidad no solo habilita la circularidad, sino que permite identificar concentraciones de oferta que justifican centros de acopio, microplantas de procesamiento o rutas dedicadas.
En este contexto, los datos se convierten en el habilitador central de la economía circular. Sin información estructurada, la circularidad permanece en el terreno conceptual; con información, se vuelve una arquitectura operable de supply chain.
México y la oportunidad logística
La ponente estimó que, solo considerando subproductos como bagazo de agave, hueso y cáscara de aguacate y cáscara de mango, existe en México un potencial económico cercano a 25 mil millones de dólares anuales en valorización circular.
Este dato es relevante porque estos subproductos ya se generan en grandes volúmenes dentro de cadenas agroindustriales consolidadas; es decir, no se trata de crear nuevas industrias desde cero, sino de insertar capas de aprovechamiento sobre flujos existentes, lo que reduce barreras de entrada y acelera la viabilidad operativa.
Para el ecosistema logístico, esto implica una transformación gradual del mapa de infraestructura; a la red tradicional de plantas, centros de distribución y rutas primarias, se suman nodos intermedios orientados a la captura, consolidación y preprocesamiento de subproductos.
Entre las principales oportunidades destacan:
- Centros de acopio regionales cercanos a zonas productoras, capaces de recibir, clasificar y estabilizar materiales.
- Microplantas de procesamiento para secado, molienda, fermentación o separación de componentes.
- Rutas dedicadas o mixtas para corrientes secundarias, con requerimientos de manejo distintos al producto terminado.
- Cadenas B2B especializadas, que conecten generadores de subproductos con reprocesadores, fabricantes de ingredientes y usuarios finales.
Además, muchos de estos materiales presentan estacionalidad, lo que obliga a una planeación logística distinta a la del producto final. La capacidad de almacenar, conservar o transformar subproductos en ventanas cortas de tiempo se vuelve crítica para capturar valor.
Para la supply chain, la oportunidad no se limita al transporte, incluye el diseño de contratos, esquemas de colaboración y modelos de servicio orientados a materiales que históricamente no figuraban en los sistemas formales.
En este sentido, México no solo tiene un potencial económico en valorización circular, sino también una oportunidad de posicionarse como hub regional de logística para subproductos agroindustriales, desarrollando capacidades que hoy son escasas en la región.
A mediano plazo, las empresas logísticas que construyan experiencia en este tipo de flujos podrán diferenciarse con servicios de mayor valor agregado y abrir nuevas fuentes de ingreso más allá del movimiento tradicional de mercancías.

Circularidad como ventaja competitiva
Cabe destacar, que el pasado 19 de enero, el Gobierno de México expidió la Ley General de Economía Circular, en el Diario Oficial de la Federación (DOF), se establece que su objetivo es “instituir los mecanismos directos e indirectos de circularidad que sean ambiental, técnica y económicamente viables; establecer acuerdos para obtener la inscripción en el Registro de Economía Circular; y posicionar la responsabilidad extendida del productor en materia de circularidad”.
Ojo aquí, porque más allá de separar los residuos, esta Ley tendrá un gran impacto para las empresas, no sólo del sector alimentario, sino en general, porque determinará materiales y nuevas prácticas que impactarán en el packaging, no sólo de los productos nacionales, sino también de los importados. Además, se anunció que, por conducto de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la Semarnat promoverá auditorías ambientales.
De acuerdo con el Gobierno Federal, a través de esta ley se creará el “Sistema Nacional de Economía Circular” que estará conformado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Secretaría de Economía (SE), la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Secretaría de Energía (Sener), la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SCT), la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI).
Estas instituciones elaborarán el Programa Nacional de Economía Circular y se encargarán de calificar y otorgar el uso del Distintivo Nacional de Economía Circular.
Ante este panorama, las empresas que comiencen a preparase para el avance de esta ley, tendrán una ventaja competitiva sobre las que resuelvan hasta que se defina el Programa Nacional.
Por otro lado, más allá del discurso ambiental, la economía circular se perfila como un factor de competitividad logística a nivel global y las empresas que integren estos flujos en su diseño de cadena podrán reducir costos ocultos, diversificar abastecimiento y capturar nuevas fuentes de valor.
En términos prácticos, materiales que hoy generan gasto por manejo, transporte y disposición pueden convertirse en insumos con mercado, lo que impacta directamente en la estructura de costos de la cadena.
Para la logística, esto se traduce en la posibilidad de ofrecer servicios de mayor valor agregado, como:
- Gestión integral de subproductos.
- Operación de centros de acopio y preprocesamiento
- Diseño de rutas dedicadas para corrientes secundarias
- Integración de logística directa, inversa y lateral en un mismo modelo
Al mismo tiempo, la circularidad fortalece la resiliencia de la supply chain. Incorporar fuentes secundarias de insumos reduce la dependencia exclusiva de materias primas primarias, lo que mitiga riesgos asociados a volatilidad de precios, eventos climáticos o disrupciones geopolíticas.
Desde el punto de vista comercial, las empresas que desarrollen capacidades en logística circular podrán diferenciarse frente a clientes industriales que comienzan a exigir trazabilidad, aprovechamiento de materiales y reducción de desperdicio como parte de sus criterios de selección.












