Recientemente, en conferencia de prensa desde Palacio Nacional, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció una serie de medidas para proteger la industria, la producción y el contenido nacional. Una de ellas está relacionada con la industria del acero en México.
El funcionario explicó que para poder importar productos siderúrgicos de cualquier país del mundo se necesita un registro ante la Secretaría de Economía, le llaman "molinos", es decir, las plantas siderúrgicas donde se produce en cualquier parte del mundo.
En ese registro, las empresas deben informar los datos de los molinos de acero del cual proviene el material que se está importando. Bueno pues la instrucción es revisar uno por uno.
Hasta el momento mil 62 molinos que están en el registro tienen inconsistencias, irregularidades o de plano no existen.
"Y entonces vamos a hacer un proceso de cancelación y desincorporación de esos registros, vamos a quitar mil 62 registros de molinos, eso significa la mitad de los molinos que han sido presentados por empresas".
Más que una medida aislada, la decisión plantea una reorganización estructural en la forma en que el país gestiona el ingreso de acero desde el extranjero. Este giro, explica la administración de Claudia Sheinbaum, busca fortalecer la trazabilidad, frenar la evasión fiscal y asegurar condiciones equitativas para la industria nacional.
El acero, pilar de industrias como la construcción, el transporte y los electrodomésticos, se ha convertido en una materia prima clave para la seguridad de las cadenas de suministro.

En un contexto global donde el compliance ambiental, fiscal y técnico gana peso en las decisiones logísticas, la trazabilidad se convierte en un activo tanto para la política industrial como para los operadores del comercio exterior.
El hallazgo de más de mil molinos con registros irregulares revela un uso sistemático de datos apócrifos por parte de ciertos importadores.
Esta práctica, según informó el secretario de Economía, favorecía la evasión arancelaria y la subvaluación, generando distorsiones logísticas que afectaban la competitividad de los productores nacionales.
El control más estricto sobre el origen del acero y la cancelación de estos registros puede interpretarse como una contención al fenómeno de la triangulación comercial: el uso de terceros países para maquillar el origen real de las mercancías, sortear aranceles o eludir reglas de origen.
Esta práctica, además de lesionar al fisco, impone una presión artificial sobre la infraestructura aduanera y los costos logísticos asociados a la verificación documental.
Para la industria siderúrgica mexicana —la decimoquinta en el mundo por volumen de producción—, esta medida ofrece una protección frente a prácticas desleales que erosionaban su capacidad competitiva.
Pero su impacto va más allá del acero: al establecer este nuevo estándar de vigilancia, el gobierno sienta las bases para replicar esta metodología en otros sectores sensibles a la competencia desleal, como textiles, calzado o electrónica.
El despliegue de personal mexicano en al menos seis países para verificar físicamente la existencia y operación de los molinos inscritos representa un esfuerzo inédito en términos de logística gubernamental.
Esta estrategia sugiere la construcción de una red de inspección internacional que, si se mantiene, podría consolidar un sistema más robusto de defensa comercial y trazabilidad logística.
La revisión del padrón de molinos no solo es una herramienta de defensa comercial: es una señal clara de que la logística internacional ya no puede entenderse sin trazabilidad, cumplimiento normativo y transparencia en el origen de los insumos.
Esta lógica puede extenderse a sectores que, al igual que el acero, enfrentan riesgos por el ingreso de mercancías subvaluadas o de procedencia dudosa.
Para los actores del comercio exterior y la logística, este movimiento implica prepararse para un entorno donde los requisitos de trazabilidad y certificación de origen serán más rigurosos. La logística no solo transporta productos: cada vez más, transporta confianza.