La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de invalidar gran parte de los aranceles impulsados por Donald Trump marca un punto de inflexión en la política comercial estadounidense, pero no necesariamente un cambio de rumbo.
El fallo limita la forma en que el Ejecutivo puede imponer gravámenes a las importaciones, al considerar que el presidente se extralimitó al usar una ley de emergencia económica para aplicar tarifas generalizadas sin autorización clara del Congreso.
Sin embargo, la reacción inmediata de la Casa Blanca deja claro que la estrategia arancelaria no desaparece: se reconfigura.
La sentencia, aprobada por seis votos contra tres, se centra en los llamados “aranceles recíprocos” y otros gravámenes globales que Trump impuso invocando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), una norma diseñada para responder a amenazas extraordinarias, no para rediseñar la política comercial.
Los magistrados concluyeron que esa legislación no otorga al presidente facultades ilimitadas para establecer impuestos a las importaciones, por lo que muchas de las tarifas aplicadas a socios comerciales —incluidos México, Canadá y China— quedan sin sustento legal.

Para el comercio internacional, la resolución introduce un elemento de incertidumbre jurídica: no todos los aranceles desaparecen, sino aquellos sustentados en esa vía específica.
Permanecen vigentes los impuestos aplicados bajo otros marcos legales, como las investigaciones por seguridad nacional o prácticas desleales, lo que implica que las cadenas de suministro seguirán operando bajo presión tarifaria, aunque con reglas distintas.
Los aranceles recíprocos y el origen del conflicto
El corazón del caso está en la estrategia de “aranceles recíprocos” que Trump impulsó desde 2025, con un gravamen base mínimo del 10% a casi todas las importaciones y tasas más altas para países con los que Estados Unidos mantenía déficits comerciales o disputas políticas.
Estas medidas formaron parte de una política más amplia orientada a reducir la dependencia de productos extranjeros y presionar a socios comerciales en temas que iban desde migración hasta seguridad.
El gobierno estadounidense llegó a recaudar cientos de miles de millones de dólares mediante estos aranceles, lo que ahora abre interrogantes sobre posibles reembolsos a empresas importadoras si se confirma su ilegalidad.
Solo desde abril de 2025, el Tesoro había obtenido alrededor de 240 mil millones de dólares por esta vía, según estimaciones citadas en medios internacionales.

Para sectores industriales y logísticos, el impacto potencial es doble: por un lado, la posibilidad de devoluciones y ajustes contables; por otro, la necesidad de replantear estrategias de abastecimiento ante un entorno regulatorio cambiante.
La reacción de Trump: un nuevo arancel global
Lejos de aceptar el fallo como un freno definitivo, Donald Trump respondió anunciando la imposición inmediata de un nuevo arancel global del 10% sobre todas las importaciones, esta vez utilizando otra base legal que sí permite medidas temporales sin aprobación del Congreso.
El presidente aseguró que firmaría la orden ejecutiva de inmediato y que los aranceles existentes bajo otras disposiciones seguirán aplicándose “con plena fuerza”.
En su discurso, Trump defendió que la decisión judicial no cambia su objetivo de proteger la industria estadounidense y combatir lo que considera prácticas comerciales desleales.
También adelantó nuevas investigaciones para justificar futuras tarifas, lo que sugiere que la política comercial seguirá siendo una herramienta central de su agenda económica.
El mandatario calificó el fallo como decepcionante y afirmó contar con “alternativas muy poderosas” para mantener la presión arancelaria, insinuando que el gobierno explorará otras rutas legales para imponer restricciones comerciales.

Qué significa para la logística y el comercio global
Más que el fin de una era arancelaria, la decisión judicial redefine el campo de juego. La Corte Suprema limitó el uso de poderes de emergencia para imponer tarifas, pero dejó intactas otras herramientas comerciales que Washington puede activar, desde investigaciones por dumping hasta medidas de seguridad nacional.
En la práctica, esto significa que la volatilidad en costos de importación y en flujos comerciales continuará.
Los mercados reaccionaron inicialmente con alivio ante la posibilidad de un entorno menos agresivo, aunque la rápida respuesta del gobierno moderó ese optimismo. La expectativa ahora se centra en cómo evolucionarán las nuevas investigaciones y si otros países responderán con medidas similares, lo que podría prolongar el clima de tensión comercial.
Para México y el resto de América del Norte, el fallo tiene implicaciones directas. Parte de los aranceles anulados afectaban a exportaciones regionales bajo argumentos vinculados a seguridad o tráfico de drogas, por lo que su eliminación parcial podría aliviar ciertas cadenas productivas.
Sin embargo, el nuevo arancel global anunciado por Trump apunta a mantener un nivel base de presión sobre las importaciones, independientemente del país de origen.

Un cambio de instrumento, no de estrategia
La señal que emerge de Washington es clara: la política comercial seguirá siendo una palanca de negociación económica y geopolítica. La Corte Suprema estableció límites legales, pero la respuesta del Ejecutivo muestra que existen múltiples mecanismos para sostener una agenda proteccionista.
En términos logísticos, esto se traduce en un escenario donde los aranceles no desaparecen, sino que cambian de forma.
Las empresas deberán monitorear no solo las tarifas vigentes, sino también las investigaciones en curso y las bases legales que podrían activarse para justificar nuevas medidas.














