En enero, las compras predictivas del Q1 son determinantes para evitar rupturas de inventario. En un área de supply chain presionada por el cierre de la temporada alta, esta planificación es la única defensa para garantizar el suministro ante la volatilidad política y comercial que marca el inicio de 2026.
El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2025 marcó el retorno de un proteccionismo agresivo; en el cual, la ampliación de aranceles contra China se extendió a más de cien países, generando un entorno crítico de incertidumbre y afectando directamente los costos, los tiempos de reposición y la disponibilidad global de insumos.
Dicha coyuntura ha reconfigurado las cadenas de suministro justo cuando las empresas inician el primer trimestre con inventarios agotados tras la temporada decembrina. Según McKinsey & Company, más del 60% de las disrupciones que afectan la operación anual de las empresas industriales derivan de decisiones de planeación tomadas en estos primeros tres meses, un periodo donde el margen de error es mínimo y los ajustes reactivos suelen ser los más costosos.
¿Cuál es el panorama para México este Q1?
Bajo estas condiciones, el primer trimestre trasciende su rol de periodo de normalización para convertirse en una fase crítica de prevención de riesgos. En México, el desafío se agudiza este 2026 debido a la convergencia de un entorno arancelario global más agresivo, incrementos fiscales e impositivos aprobados para diversos productos, y un calendario político-comercial que condicionará la certidumbre de largo plazo.
Los nuevos gravámenes en México impactan principalmente a bienes intermedios clave para la manufactura, como acero, aluminio, plásticos, textiles, autopartes, componentes eléctricos y ciertos insumos industriales, muchos de ellos provenientes de países sin tratado comercial.
Esto eleva el costo aterrizado de materiales, presiona presupuestos de compras y reduce la capacidad para mantener inventarios de seguridad justo en Q1, cuando la operación aún arrastra el desgaste de la temporada alta.

Al mismo tiempo, el país llega a 2026 con una oportunidad clara en nearshoring, debido a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China que, junto con la búsqueda de cadenas más cortas y resilientes, siguen posicionando al país como un destino estratégico para manufactura orientada a Norteamérica; sin embargo, esta coyuntura convive con fuentes adicionales de incertidumbre: por un lado, la revisión del T-MEC prevista para este año y por otro, la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela.
Con relación al T-MEC, esta evaluación sexenal del tratado determinará si se extiende automáticamente por otros 16 años o si entra en un esquema de revisiones periódicas, lo que impacta la certidumbre regulatoria.
Para compras y abasto, esto significa que decisiones de sourcing, contratos de largo plazo y estrategias de inventario deberán considerar posibles ajustes en reglas de origen, mecanismos de cumplimiento y procesos aduaneros, especialmente en sectores como el automotriz, el de electrónica y el de manufactura avanzada.
Impacto del panorama global para México
La intervención militar estadounidense en Venezuela ha tensado el panorama regional, impactando indirectamente la logística comercial; para México, los principales riesgos son la volatilidad en el mercado de hidrocarburos y el ajuste en las prioridades estratégicas de EU, que pueden encarecen las primas de seguros, costes de transporte y alterar las rutas marítimas.
Ante este escenario —que ha generado gran incertidumbre a nivel mundial y particularmente en la región—, la gestión de suministros debe priorizar la planificación de contingencias durante el primer trimestre (Q1) porque en este periodo, la baja capacidad de respuesta operativa vuelve al ecosistema vulnerable ante choques externos que podrían agravar las fallas de suministro ya existentes.
Hay un tercer elemento político-comercial que se suma a este horizonte: el Acuerdo Global Modernizado entre México y la Unión Europea, cuya firma está prevista para el próximo mes de febrero. Este tratado ampliado, que entró en vigor hace 25 años, busca reducir aranceles, facilitar el comercio de bienes manufacturados y fortalecer capítulos relacionados con servicios, comercio digital y logística.
Para las áreas de compras, este acuerdo representa una vía de diversificación estratégica porque en el actual contexto —donde Asia enfrenta aranceles crecientes y la política comercial de EU presenta una alta volatilidad—, el acceso preferencial a proveedores europeos ayuda a mitigar riesgos. No obstante, este cambio exige anticipar desde el Q1 los nuevos requisitos de cumplimiento, certificaciones y ajustes logísticos.
Compras reactivas vs. compras predictivas en un entorno político volátil
En un entorno estable, las compras reactivas pueden ser funcionales; en el escenario de 2026, resultan insuficientes. Gartner advierte que los modelos tradicionales basados en históricos fallan cuando coinciden cambios arancelarios, fiscales y regulatorios.
Las compras predictivas permiten incorporar variables que hoy son inevitables:
- Escenarios arancelarios y fiscales.
- Cambios en tratados comerciales.
- Lead times extendidos.
- Desempeño reciente de proveedores.
- Riesgo geopolítico y logístico.
Según Deloitte, las empresas que integran estas variables en sus modelos de abasto reducen entre 20 y 30% la probabilidad de rupturas críticas en Q1, frente a aquellas que mantienen esquemas tradicionales.
¿Qué pueden hacer las empresas para proteger el abasto en Q1?
Frente a este entorno, evitar disrupciones no depende de comprar más, sino de comprar con mayor inteligencia y visión estratégica. Algunas acciones clave son:
- Mapear insumos críticos expuestos a aranceles, impuestos y cambios de reglas comerciales.
- Optimizar clasificación arancelaria y reglas de origen, para aprovechar el T-MEC y el Acuerdo Global Modernizado.
- Simular escenarios de costo total, integrando impuestos, aranceles y riesgos logísticos en la planeación.
- Ajustar puntos de reorden y políticas de inventario específicas para Q1, no heredadas de diciembre.
- Diversificar sourcing, combinando proveedores regionales y europeos para reducir dependencia de rutas altamente gravadas.
Ante el panorama tan volátil con el que inicia 2026, las compras predictivas en Q1 dejan de ser una práctica avanzada para convertirse en un pilar de continuidad operativa.
Entre tensiones geopolíticas, revisión del T-MEC, nuevos acuerdos comerciales y mayor carga fiscal, la capacidad de anticipar rupturas de suministro será determinante para transformar la inestabilidad política en una ventaja competitiva y evitar que el primer trimestre se convierta en el punto más vulnerable del año.













