El impulso del nearshoring y la reconfiguración de las cadenas de suministro han acelerado la actividad manufacturera y logística en México, particularmente en la región del Bajío, donde la concentración de parques industriales, hubs de distribución y corredores carreteros estratégicos ha incrementado de forma significativa el flujo de mercancías.
Sin embargo, este dinamismo también ha generado nuevas vulnerabilidades para el transporte de carga. A mayor densidad de operaciones, mayor exposición al delito, especialmente en rutas donde circulan productos de alto valor y con alta rotación.
El Reporte Anual 2025 de robo de transporte de carga elaborado por Overhaul confirma este desplazamiento del riesgo hacia zonas con mayor actividad económica.
La región del Bajío concentró el 31% de los incidentes a nivel nacional, un incremento respecto al año anterior que evidencia cómo el delito tiende a seguir los polos de crecimiento industrial.
Este fenómeno sugiere que el desarrollo logístico, si no va acompañado de inversiones proporcionales en seguridad, puede convertirse en un factor de vulnerabilidad estructural para las cadenas de suministro. En otras palabras, el éxito industrial trae consigo un costo oculto que las empresas deben comenzar a integrar en su planeación estratégica.
El Bajío: víctima de su propio éxito logístico
Estados como Guanajuato, Querétaro, Jalisco y Michoacán se han consolidado como nodos clave para la manufactura avanzada, el comercio interior y la conexión con los mercados internacionales.
La expansión de armadoras automotrices, empresas de autopartes, centros de distribución de retail y operaciones vinculadas al comercio electrónico ha multiplicado el tránsito de mercancías, generando corredores logísticos de alta densidad que resultan particularmente atractivos para las organizaciones delictivas.

El reporte identifica que una parte importante de los eventos en la región se concentra en vías estratégicas como las autopistas Querétaro-León (MEX-45D) y Querétaro-San Luis Potosí (MEX-57D), esenciales para la movilidad de mercancías hacia el norte del país y la frontera con Estados Unidos.
Estas carreteras no solo conectan centros industriales, sino que también concentran flujos constantes de carga durante prácticamente todo el día, lo que dificulta la vigilancia tradicional y facilita la operación de grupos delictivos con alto nivel de organización.
Así, la misma infraestructura que sostiene el crecimiento económico se convierte en un punto crítico de exposición, obligando a replantear la seguridad como una variable estructural del diseño logístico.
Del modelo reactivo a la inteligencia predictiva
El cambio en la distribución geográfica del robo de carga evidencia las limitaciones de los modelos tradicionales de seguridad basados en escoltas físicas, puntos de revisión y protocolos de reacción posterior al incidente.
La evolución de los grupos delictivos hacia esquemas más sofisticados, coordinados y violentos exige respuestas capaces de anticipar amenazas en tiempo real, en lugar de limitarse a mitigar sus consecuencias.
De acuerdo con el informe, la intercepción de unidades en tránsito continúa siendo el principal modus operandi, representando el 64% de los casos registrados.
Este patrón indica que el momento de mayor vulnerabilidad ocurre mientras la carga está en movimiento, lejos de instalaciones controladas y en tramos donde la supervisión es limitada.
En este contexto, la seguridad debe trasladarse del perímetro físico a la visibilidad operativa, incorporando monitoreo continuo, análisis de comportamiento y protocolos automatizados de respuesta que permitan actuar antes de que el incidente se concrete.
La tecnología como nueva infraestructura invisible
La adopción de plataformas de monitoreo en tiempo real y análisis avanzado está transformando la seguridad logística en una capacidad estratégica equiparable a la infraestructura física.

Estas soluciones integran datos provenientes de múltiples fuentes —geolocalización GPS, telemetría de las unidades, registros históricos de criminalidad y variables externas— para construir modelos predictivos capaces de identificar patrones de riesgo y emitir alertas tempranas ante comportamientos inusuales. reporte overhaul seguridad
Este enfoque permite a las empresas rediseñar rutas, ajustar horarios de tránsito y coordinar acciones preventivas con transportistas y autoridades, reduciendo significativamente la exposición a eventos delictivos.
La seguridad deja así de depender exclusivamente de medidas visibles como custodias o convoyes, para apoyarse en una capa digital que acompaña a la mercancía a lo largo de todo su trayecto.
En un entorno donde el delito evoluciona con rapidez, la ventaja competitiva radica en la capacidad de anticipación y no solo en la reacción.
Seguridad y competitividad en la era del nearshoring
El impacto del robo de carga trasciende la pérdida directa de mercancía. Las interrupciones en la cadena de suministro, el incremento en primas de seguros, los costos asociados a reposiciones urgentes y las penalizaciones por incumplimiento afectan la rentabilidad y la confiabilidad operativa de las empresas.
Además, la violencia asociada a estos delitos —presente en la mayoría de los casos registrados— incrementa los riesgos humanos y legales para operadores y transportistas.
Por ello, la seguridad comienza a integrarse como un criterio central en decisiones estratégicas, desde la ubicación de nuevos centros de distribución hasta la selección de proveedores logísticos y la programación de ventanas de tránsito.
En regiones de alto crecimiento como el Bajío, esta variable será determinante para sostener la expansión industrial sin comprometer la continuidad operativa ni la reputación de las empresas ante clientes y socios comerciales.

Hacia una logística basada en inteligencia
El caso del Bajío anticipa una transformación más amplia en la logística mexicana. A medida que el país consolida su papel como hub manufacturero global, la capacidad para gestionar riesgos en movimiento será tan relevante como la eficiencia operativa o la velocidad de entrega.
La seguridad logística deja de ser un costo inevitable para convertirse en una inversión estratégica que permite sostener el crecimiento en entornos complejos.
En esta nueva etapa, la infraestructura crítica no solo está compuesta por carreteras, puertos o almacenes, sino también por sistemas de inteligencia capaces de proteger la mercancía a lo largo de toda la cadena de suministro.
En un escenario donde el mapa del desarrollo industrial y el mapa del delito avanzan sobre las mismas rutas, la diferencia competitiva estará en la capacidad de anticiparse, adaptarse y construir operaciones resilientes frente a riesgos cada vez más dinámicos.












