Hablar sobre electrificación de flotas suele rondar temas como la energía disponible, la autonomía de las unidades y el costo total de operación. Sin embargo, cuando se realiza la compra de equipos de electrificación o la instalación de un cargador a un centro de distribución, aparece otra variable igual de crítica: las especificaciones técnicas que definen seguridad, desempeño y compatibilidad de la tecnología.
En esa capa, los estándares son el idioma común que evita fallas, reduce riesgos y vuelve comparables las ofertas de distintos equipos a nivel global. Surgen a partir de la estandarización o normalización, proceso que permite ajustar o adaptar características en un producto, servicio o procedimiento; con el objetivo de que éstos se asemejen a un tipo, modelo o norma en común.
La estandarización, de acuerdo con la Secretaría de Economía, permite la creación de normas o estándares que establecen las características comunes con las que deben cumplir los productos y que son respetadas en diferentes partes del mundo.
Un estándar robusto permite que un transportista o un desarrollador de parques industriales pueda adoptar equipos con criterios verificables y cerrar brechas entre proveedores globales y condiciones locales, de acuerdo con Raúl García Martínez, presidente de Asociación de Normalización y Certificación Estándares (ANCE).
Entre la electrificación y la Ley incompleta
En México, el marco legal que habilita este proceso está definido por la Ley de Infraestructura de la Calidad (LIC) publicada en el Diario Oficial el mismo día en que comenzó a operar el T-MEC: el 1 de julio de 2020.
Entre sus objetivos está el desarrollar las bases de la política industrial en el ámbito del Sistema Nacional de Infraestructura de la Calidad, a través de actividades de normalización, estandarización, acreditación, Evaluación de la Conformidad y metrología, además de “propiciar la innovación tecnológica” en bienes, procesos y servicios.
La Ley de Infraestructura de Calidad establece, entre otras cosas, la introducción del término “Estándares” en sustitución de Normas Mexicanas NMX, para estar en línea con la práctica internacional. Sin embargo, gran parte del andamiaje operativo depende del reglamento que está pendiente desde que se publicó la Ley.
En el tema de vehículos eléctricos y lo que está alrededor: cargadores, baterías... Estamos en un momento complicado en México porque se liberó la Ley hace cinco años, pero no se ha liberado el reglamento, que es el que le da vida a esa Ley
Raúl García Martínez, presidente de la ANCE.
El efecto sobre la electromovilidad
En entrevista con The Logistics World, el líder de la ANCE enfatiza que el potencial de la electromovilidad está en el transporte de carga, debido a que en este segmento se puede planear mejor la ubicación de puntos de recarga eléctrica al interior del país.
Y si bien, el retraso en la publicación del Reglamento de la LIC no detiene la electrificación del transporte y otros proyectos de eficiencia energética; sí genera dudas sobre las decisiones de inversión, compras y despliegues de proyectos piloto.
“La electrificación es un proceso que no se va a detener, pero sí puede desacelerar el proceso porque hay cierta confusión en los mercados sobre cómo nos estamos regulando”, comenta el líder de la ANCE.
Explica que las tecnologías nuevas -ante la falta de estándares mexicanos- entran al mercado mexicano con otro estándar que esté vigente en otra parte del mundo. “Sin embargo, no existen esas reglas claras que deberían de ser básicas para que una economía avance”, menciona García Ruiz.
La evolución natural
La ausencia del Reglamento de la LIC tiene a generadores de estándares como ANCE, en una zona gris debido a que a pesar de que siguen trabajando en actualizar Normas Mexicanas (NMX) que se convertirán a estándares, “oficialmente no se pueden utilizar hasta que se libere el reglamento y le dé vida a la Ley”.
Este proceso provoca que las Normas queden desactualizadas hasta que se libere el reglamento y la ANCE pueda oficializar su transición a ser un Organismo Nacional de Estandarización (ONE).
La Ley de Infraestructura de la Calidad (LIC) establece requisitos, reglas y mecanismos para desarrollar Estándares de forma conjunta por más de un sujeto facultado para estandarizar u Organismo Nacional de Estandarización (ONE). Es el caso de la ANCE.

A través de su Comité de Normalización (CONANCE), desarrolla actividades de normalización en el sector eléctrico y de aparatos domésticos, instalaciones eléctricas, sistemas de canalizaciones y soportes para cables, según información en su sitio web.
No tener Reglamento deja trabajo técnico de la asociación “medio on-hold” y provoca que normas vigentes se vayan quedando atrás. En la práctica, ese vacío se llena con estándares externos, pero con incertidumbre legal.
La protección del usuario, el plus de la normalización
La normalización o estandarización bien ejecutada agrega valor en rubros que impactan a todas las empresas, incluyendo las de logística y de transporte. El principal es el de la seguridad y desempeño de los productos bajo las condiciones del mercado nacional”, precisamente por diferencias como voltajes, tolerancias y prácticas de instalación.
Ejemplifica que el sistema eléctrico mexicano trabaja con 120 volts más/menos 10, condiciones que no siempre cubren pruebas de estándares extranjeros. Debido a las diferencias en el voltaje y los productos de otros países que son utilizados en México, es indispensable que un grupo de expertos analice primero si la norma es de carácter internacional, es transparente y factible de implementar o integrarse a la norma nacional.
“A veces se pueden hacer homologaciones entre normas nacionales e internacionales y si no, se hacen las adecuaciones en bien del consumidor final que va a usar un producto o un servicio” explica Raúl García en una charla que tuvo lugar durante el Primer Simposio del Colegio de Ingenieros Mecánicos y Electricistas (CIME) con motivo de sus 80 años.
El efecto de la revisión del T-MEC en la creación del reglamento
Pero el ‘cuello de botella’ no está en el diagnóstico sino en la arena administrativa. El reglamento de la Ley de Infraestructura de Calidad aún está con la Dirección General de Normas en la Secretaría de Economía, según el líder de la ANCE.
Han ocurrido muchas sesiones con diferentes organismos, pero “no está claro por qué no avanza” y el propio proceso exige coordinación con secretarías, industria y academia. En consecuencia, hay una Ley con potencial que termina operando con efectos limitados, mientras la actualización de estándares y la modernización institucional siguen sujetas a reglas incompletas.
La expectativa, según Raúl García, es que el proceso de revisión del T-MEC abrirá una presión positiva por certidumbre normativa. Plantea que la negociación trilateral “requiere certidumbre en todas las cosas” y que en la parte normativa es una certidumbre importante que “no puede quedar flotando”, por lo que esperaría que esa presión acelere el tema a principios de este 2026.











