La logística llega a 2026 tras varios años de operar bajo presión constante. A diferencia de otros sectores, las cadenas de suministro no tuvieron la posibilidad de detenerse ni durante la pandemia ni frente a las disrupciones que siguieron: inflación, tensiones comerciales, eventos climáticos extremos, conflictos geopolíticos y una digitalización acelerada que redefinió los ritmos operativos.
El resultado es una industria que ha ganado visibilidad, eficiencia y control, pero que también ha acumulado desgaste estructural.
En este contexto, gran parte de la conversación logística se ha centrado en tecnología, automatización, resiliencia y continuidad operativa. Sin embargo, el Risk Outlook 2026 de International SOS advierte que, detrás de estos avances, persiste un factor que rara vez se analiza con la misma profundidad: la capacidad humana para sostener la operación en un entorno de disrupción permanente.
Mientras los sistemas se vuelven más sofisticados, las personas que operan, coordinan y responden siguen enfrentando jornadas exigentes, exposición a condiciones extremas y una presión creciente por cumplir con niveles de servicio cada vez más estrictos.
La coyuntura actual intensifica este desafío. El aumento de eventos climáticos extremos limita la capacidad física de trabajo en campo; la incertidumbre geopolítica exige decisiones rápidas y frecuentes; y la escasez de recursos obliga a hacer más con menos.

Todo ello ocurre sin periodos claros de recuperación entre una crisis y otra. En este escenario, la fatiga, el estrés y el desgaste dejan de ser problemas individuales para convertirse en variables operativas que afectan la continuidad logística.
Pese a ello, el riesgo humano sigue sin aparecer en muchos tableros de control. No se mide con la misma claridad que los costos, los tiempos o la eficiencia, pero se manifiesta cuando la presión alcanza su punto máximo: errores, accidentes, rotación, pérdida de conocimiento y menor capacidad de respuesta.
Entender este punto ciego y su impacto en la logística será clave para evaluar qué tan resilientes son realmente las cadenas de suministro rumbo a 2026.
Fatiga operativa: cuando la presión se vuelve estructural
Las operaciones logísticas llevan años operando en “modo crisis”. Pandemia, inflación, disrupciones comerciales, eventos climáticos y tensiones geopolíticas se han encadenado sin periodos claros de recuperación. El reporte señala que esta sucesión de eventos ha erosionado la resiliencia de las personas, particularmente en funciones críticas como transporte, almacenes, planeación y respuesta a incidentes.
La fatiga acumulada no solo impacta el bienestar individual. Se traduce en:
- mayor probabilidad de errores operativos,
- incremento en incidentes de seguridad,
- menor capacidad de reacción ante imprevistos,
- desgaste acelerado del talento clave.
Para la logística, donde el margen de error es mínimo, este deterioro silencioso representa un riesgo directo para la continuidad.
El calor extremo y las condiciones físicas como límite operativa
Uno de los hallazgos más relevantes del Risk Outlook 2026 es el impacto creciente del calor extremo sobre la salud y el desempeño laboral. En logística, este factor es especialmente crítico: conductores, operadores de patio, personal de almacén y trabajadores portuarios realizan actividades físicamente demandantes, muchas veces en entornos sin control climático.
El reporte subraya que medir solo la temperatura ambiente ya no es suficiente. Las condiciones de estrés térmico reducen la capacidad física y cognitiva de las personas, obligando a modificar turnos, ritmos de trabajo y ventanas operativas. En la práctica, esto significa que la capacidad humana para ejecutar la logística puede verse limitada incluso cuando la infraestructura sigue disponible.
Salud mental: el riesgo que no se mide, pero se acumula
Aunque la ansiedad, el estrés y el burnout continúan en aumento a nivel global, el reporte revela que la salud mental sigue sin figurar entre las principales preocupaciones de muchas organizaciones. En logística, esta omisión es especialmente riesgosa.
La presión por cumplir entregas, responder a contingencias y operar con recursos limitados genera una carga emocional constante. Cuando esta no se gestiona, impacta la toma de decisiones, la coordinación entre equipos y la capacidad de sostener operaciones en momentos críticos.

El riesgo no se manifiesta de forma abrupta, sino progresiva: ausentismo, rotación, menor compromiso y pérdida de conocimiento operativo. Todo ello debilita la cadena desde dentro.
Tecnología sin respaldo humano: una falsa sensación de resiliencia
El avance de la automatización y la inteligencia artificial promete eficiencia y velocidad, pero el Risk Outlook 2026 advierte sobre un riesgo emergente: la sobredependencia tecnológica sin suficiente criterio humano.
En logística, los sistemas pueden optimizar rutas y alertar sobre disrupciones, pero las decisiones en escenarios complejos siguen requiriendo experiencia, juicio y capacidad de improvisación. Si estas habilidades se erosionan por falta de entrenamiento o exceso de automatización, la operación se vuelve vulnerable justo cuando más necesita adaptarse.
La resiliencia logística no se construye solo con tecnología, sino con personas capaces de interpretarla y actuar cuando los modelos fallan.
El dilema entre eficiencia y sostenibilidad humana
La presión por “hacer más con menos” atraviesa toda la industria. Sin embargo, el reporte advierte que esta lógica, llevada al extremo, puede comprometer la sostenibilidad operativa. Exprimir la capacidad humana para mantener eficiencia en el corto plazo aumenta el riesgo de quiebres más severos en el mediano plazo.
Para la logística, el desafío es claro: equilibrar productividad, automatización y cuidado de las personas que sostienen la operación día a día.

Una alerta para la logística rumbo a 2026
El Risk Outlook 2026 deja un mensaje contundente: las cadenas de suministro pueden tener visibilidad total y planes de contingencia robustos, pero si ignoran los límites humanos, su resiliencia es solo aparente. El riesgo humano no suele aparecer en los tableros, pero se manifiesta cuando la presión es máxima y la capacidad de respuesta se pone a prueba.
En un entorno de disrupción permanente, la logística del futuro no solo dependerá de infraestructura y tecnología, sino de personas capaces, cuidadas y preparadas para sostener la operación cuando todo lo demás se tensiona.












