La logística ha sido durante décadas un área de conocimiento técnico, operativa y, en muchos casos, invisible para la mayoría del público.
Los procesos que hacen posible que un producto llegue desde un puerto en otro continente hasta la mesa de un consumidor —la gestión de inventarios, el despacho aduanal, la planificación de rutas o el diseño de redes de distribución— han sido tradicionalmente materia de expertos dentro de la industria, consultores y académicos.
Esto, sin embargo, ha comenzado a cambiar de forma notable en los últimos años debido a una fuerza que no estaba en los modelos tradicionales de educación logística: los creadores de contenido y los influencers digitales.
De la operación a la audiencia digital: una nueva dinámica
La llegada de plataformas como Instagram, TikTok, YouTube, y los formatos de audio como podcast ha generado un espacio donde se puede comunicar de manera accesible contenido especializado.
En este contexto emerge la figura de creadores que, combinando conocimiento del sector con habilidades de comunicación digital, ponen en primer plano temas logísticos complejos de manera clara, práctica y cercana a audiencias que usualmente no son técnicas.
Un caso emblemático es el proyecto digital liderado por Emmanuel Martínez, fundador de Negocios Internacionales 2.0. A través de sus canales, Martínez se ha enfocado en acercar explicaciones sobre comercio internacional, comercio exterior, logística y operaciones, con un estilo que hace digerible —y hasta atractivo— lo que a menudo se percibe como árido o complicado.
Si bien información de redes sociales especializadas —como listados de influencers en nichos de negocios— sitúa a creadores de negocio y emprendimiento como parte de una tendencia más amplia, lo que hace su espacio es inscribir ese movimiento dentro del propio mundo logístico y de comercio global, combinando conocimiento operativo con narrativa social y educativa.

¿Por qué importa que la logística se hable en redes sociales?
Que la logística y los temas operativos se difundan en espacios digitales tiene varias implicaciones estratégicas para el sector:
1. Democratización del conocimiento
Tradicionalmente, el conocimiento logístico se encontraba en libros especializados, manuales internos de empresas o cursos técnicos cerrados.
Que creadores como Emmanuel lleven estos temas a formatos cotidianos —historias, reels, lives— significa democratizar el acceso a conceptos que antes estaban restringidos a círculos profesionales o académicos. Esto no solo educa, sino que derriba barreras de entrada al entendimiento de procesos críticos de la economía global.
2. Puente entre lo técnico y lo comprensible
La logística suele hablar en términos de KPIs, métricas de eficiencia, compliance, SCM (Supply Chain Management) o frameworks como Lean o Six Sigma.
Sin embargo, no todos quienes toman decisiones —especialmente emprendedores, pymes o perfiles junior— tienen formación técnica en estos temas. El contenido de creadores digitales funge como puente entre el lenguaje técnico y un formato comprensible, facilitando que una audiencia más amplia pueda internalizar conceptos operativos.
3. Formación de criterio y toma de decisiones
Cuando los perfiles de logística son explicados con claridad y contexto, quienes consumen ese contenido —ya sean dueños de negocios, responsables de compras, estudiantes o profesionales en transición— pueden formar criterio propio.
Este proceso de formación no solo genera audiencia, sino también talento más capacitado y mejor informado, algo que el sector logístico global —en un entorno competitivo y en pleno auge con tendencias como nearshoring y digitalización— necesita con urgencia.
4. Visibilización de la disciplina
En muchas ocasiones, la logística es percibida solo como «el área que entrega los productos». Sin embargo, es una función estratégica que tiene impacto directo en la experiencia de clientes, costos operativos, resiliencia de la cadena y competitividad de países enteros.
La difusión en redes ayuda a posicionar la logística como actividad clave dentro de la agenda empresarial y económica.

La influencia digital como complemento, no sustituto
Es importante subrayar que la labor de los influencers y creadores —como el emprendimiento digital de Emmanuel Martínez— no sustituye la formación técnica formal ni la experiencia operativa, sino que complementa y expande el ecosistema educativo del sector. Las redes sociales se convierten en un canal donde:
- se contextualiza teoría aplicada,
- se discuten experiencias reales,
- se comparten aprendizajes de campo,
- y se generan comunidades interesadas en un mismo tema.
Esto amplifica el impacto de los conocimientos, pero también crea puentes con la academia, la industria y los procesos de profesionalización tradicional.
Más allá de la audiencia: cultura logística
Un efecto menos evidente, pero igualmente profundo, es la cultura logística que estos creadores fomentan. Las redes sociales tienen un alcance transversal: llegan a emprendedores, estudiantes de administración, economía, comercio internacional, así como a audiencias más amplias que pueden desconocer por completo los engranajes detrás de una cadena de suministro.
El resultado es una mayor apreciación pública por lo que implica mover bienes y servicios en un mundo globalizado.
El surgimiento de creadores de contenido enfocados en temas logísticos y operativos representa una transformación significativa en cómo se comunica y se percibe la logística.
Más allá de simples consejos o tendencias virales, estos perfiles funcionan como puentes entre el conocimiento especializado y una audiencia amplia, ayudando a democratizar el acceso a conceptos clave, formar criterio y visibilizar el valor estratégico de la logística en la economía moderna.
El nuevo videopodcast con Emmanuel Martínez y Negocios Internacionales 2.0 no solo amplifica su voz como creador, sino que encarna una tendencia más amplia: la logística sale del almacén y de los cursos técnicos para entrar en conversaciones cotidianas, creando una cultura más informada, conectada y estratégica frente a los retos del comercio global en el siglo XXI.












