El cambio climático dejó de ser una proyección futura para convertirse en una realidad que desafía la operación de las empresas de logística y el transporte, sector responsable de 23% de las emisiones de CO₂ causadas por actividades humanas, y de alrededor del 30% de las emisiones en países desarrollados, según el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
En México, donde el traslado de mercancías depende fuertemente del autotransporte de carga, el impacto ambiental se cruza con retos sociales y de gobernanza que ya no pueden tratarse de forma aislada. Por ello, es cada vez más frecuente ver que empresas de transporte y de logística adoptan criterios ESG, que en inglés responden a las palabras Enviromental, Social y Governance.
En la práctica, según un apunte de la consultora Deloitte, hacen referencia a los factores que convierten a una compañía en sostenible a través de su compromiso social, ambiental y de buen gobierno, sin descuidar nunca los aspectos financieros.
¿Qué significan los criterios ESG para la operación logística?
De acuerdo con Mauricio Llamas, socio regulatorio de Hogan Lovells en México, hoy muchas empresas de logística están adoptando estos criterios por convicción o porque el mercado así lo solicita. “Hoy no se puede entender que una operación de cadena de suministro tenga permanencia en el mercado si no empieza por adoptar estos principios”, señala a The Logistics World.

Los criterios ESG integran tres dimensiones. La ambiental se enfoca en emisiones, uso de energía, agua y manejo de residuos. La social aborda condiciones laborales, seguridad,impacto comunitario y derechos humanos. La de gobernanza se relaciona con la toma de decisiones, la transparencia y la existencia de estructuras internas que respalden la estrategia sostenible.
Entre la electrificación y las mejores condiciones laborales
Llamas plantea que en logística y transporte la adopción de criterios ESG ha sido más clara en el componente ambiental con avances notables en la renovación de flotas con vehículos híbridos o eléctricos, mejoras en eficiencia energética y reducción de huella de carbono.
En el eje social también hay señales positivas, como ajustes en jornadas laborales y programas de apoyo comunitario. La mayor debilidad, dice, se concentra en la gobernanza toda vez que al interior de las empresas es notoria la ausencia de un líder con capacidad real de decisión en materia ESG.
El costo de adoptar ESG cuando la prioridad es sobrevivir
El primer gran reto para muchas empresas logísticas es económico. Márgenes ajustados, alta rotación de personal y costos crecientes hacen que la inversión en sostenibilidad se perciba como un lujo. “Para empresas que están luchando por subsistir, cumplir con la regulación ya implica un gasto importante. Implementar medidas adicionales cuesta mucho trabajo”, afirma Llamas.
Este desafío se agudiza en PyMEs que proveen servicios logísticos a grandes empresas, pues enfrentan exigencias crecientes sin contar con el músculo financiero necesario.
Aunque el discurso ESG avanza, la realidad operativa obliga a priorizar nómina, combustible y mantenimiento antes que métricas de sostenibilidad. A ello se suma la complejidad regulatoria.
Regulación fragmentada
El sector logístico opera bajo diversas disposiciones federales, estatales y municipales de forma simultánea como la normatividad ambiental en material vehicular.
En la Megalópolis -que considera a Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala, además de la Ciudad de México y el Estado de México- los criterios para la verificación de unidades se han ido homologando; sin embargo, en Jalisco y otras entidades relevantes tienen un esquema propio.
Esa dispersión normativa, dice Llamas, puede desincentivar las estrategias con criterios ESG en transporte de carga o de última milla.
El manejo de residuos presenta un escenario similar. Residuos peligrosos son competencia federal, los de manejo especial recaen en los estados y otros en municipios. Una sola empresa que se dedique al traslado de estos residuos puede estar sujeta a tres autoridades distintas, con lineamientos que no siempre están alineados. Esto dificulta avanzar hacia esquemas de economía circular y termina desincentivando la mejora continua.
Una base para incentivar la adopción
Pese a los obstáculos, México ha comenzado a construir instrumentos relevantes que favorecen la adopción de criterios ESG. Entre los más relevantes está la Taxonomía Sostenible emitida por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que establece parámetros de desempeño ambiental para 124 actividades, incluido el transporte.
La Taxonomía ofrece una guía concreta sobre emisiones, eficiencia y prácticas aceptables. Para Llamas, se trata de un paso clave, aunque todavía insuficiente. La falta de difusión y capacitación limita su impacto, y muchas empresas desconocen cómo utilizarla como referencia operativa y financiera.
Aun así, tener un marco común permite empezar a hablar de estándares y comparabilidad, dos elementos indispensables para que la sostenibilidad deje de ser un concepto abstracto y se convierta en una herramienta de gestión.
Estándares propios y control de la cadena de valor
Ante la heterogeneidad regulatoria, una alternativa viable es la adopción de estándares internos. Establecer criterios propios para proveedores permite identificar brechas y trabajar en su corrección de manera gradual.
Este enfoque desplaza la sostenibilidad del discurso al terreno operativo. En Hogan Lovells, explica Llamas, han desarrollado herramientas de auditoría que permiten evaluar el nivel ESG de la empresa principal y de su red de proveedores. El objetivo es cerrar el círculo virtuoso, estandarizando prácticas y acompañando a quienes requieren apoyo para cumplirlas.
Eficiencia operativa y reducción de costos ocultos
La adopción de estándares voluntarios no solo responde a una lógica ambiental o reputacional. También impacta directamente en la eficiencia operativa. Optimizar consumo energético, rutas y uso de recursos suele traducirse en ahorros medibles.
Además, los llamados impuestos verdes comienzan a modificar incentivos. Cobros por emisiones de CO₂, descargas de aguas residuales o generación de residuos obligan a replantear procesos. “Se materializa el principio de que quien contamina paga, pero también el de que quien conserva se beneficia”, señala Llamas.

Reducir emisiones o presentar programas de mitigación puede traducirse en exenciones o menores cargas fiscales. Así, los criterios ambientales empiezan a operar como un mecanismo de control de costos y no solo como un compromiso ético.
ESG como inversión y oportunidad sectorial
Para el experto de Hogan Lovells el balance es claro. Adoptar criterios ESG implica inversión inicial, pero también genera retornos en eficiencia y competitividad en el mercado. El problema, dice, no es la falta de instrumentos, sino la escasa difusión y cultura empresarial en torno a sus beneficios.
Para el sector logístico y de transporte en México, la oportunidad está en asumir un rol activo. Contribuir a la mitigación climática, mejorar condiciones laborales y fortalecer la gobernanza no solo responde a una expectativa social, sino que impacta positivamente en la resiliencia del negocio.
En un entorno cada vez más exigente, ESG deja de ser un discurso aspiracional y se consolida como una estrategia de permanencia. La decisión ya no es si adoptar estos criterios, sino cómo hacerlo de manera realista, medible y alineada con la operación diaria.













