Toda cadena de abastecimiento necesita ejecutar sus actividades de manera eficiente. Por ello las métricas tanto en cada punto como de forma general, son clave para mantener y optimizar resultados y desempeño.
Sin embargo, en algunas ocasiones, los resultados obtenidos parecieran no apuntalar en un proceso de mejora. ¿Y por qué se evidencia? En algunas ocasiones porque las métricas no reflejan la realidad del proceso, bien sea por vencimiento de vigencia o cambios en los patrones de registro.
En otras ocasiones, porque el proceso se realiza bajo nuevas condiciones, sin haberse actualizado los parámetros de medición. La variedad de causas es muy amplia y requiere una actualización permanente. Sin embargo, las mediciones nos pueden estar otorgando mejoras operativas o de calidad, pero probablemente no con la visibilidad que se necesita.
Entonces ¿cómo podríamos mejorar la misma? A través de un indicador que por contraste nos derive de manera asertivas y con una corroboración cruzada, a determinar la mejoría. Y este no es otro que la productividad.
Ahora bien, haciendo un recordatorio de lo que representa, es un índice que informa sobre los productos o servicios entregados en función de los recursos empleados para ello. Los mismos pueden ser: materiales, horas de equipo, horas de mano de obra, espacios o volúmenes de almacenamiento o transportación, entre otros.
Dentro de los servicios entregados, no podemos prescindir de uno clave: la información. La productividad puede ser calculada de manera global o integral y de forma particularizada por actividad dentro de un proceso.
En este último caso también la podemos emplear como la métrica que nos reportará el “cuello de botella” dentro del propio proceso. A continuación, tres pasos que pueden ayudar en la determinación global o particular.
Primer paso
Establecer la unidad de flujo (recurso por periodo de tiempo), que representará a la productividad de la actividad. Por ejemplo: servicios por día, entregas por hora, información por periodo, entre otros.
La ventaja que esto representa es que se puede emplear la misma como medición comparativa, sin menoscabo del tipo de unidad de flujo escogida para dar visibilidad.
Segundo paso
Escogida la unidad de flujo, se procede a emplearla en cada uno de los procesos o actividad dentro del mismo y que definen a la cadena de abastecimiento. Comprendiendo que se ha de realizar una conversión de unidades, es decir, tomado el patrón común, se procede a expresar la unidad de flujo en la manera previamente convenida.
Tercer paso
Calcular la productividad de cada actividad, para identificar las de menor o mayor contribución. Por derivación también este calculo informará acerca de la ubicación del cuello de botella, en pocas palabras, el punto de menor productividad.













