De ser un área operativa, la supply chain ha evolucionado a un pilar de crecimiento y ventaja competitiva, impulsada por la innovación tecnológica y los datos precisos; sin embargo, desde el año pasado, el sector enfrenta una gran volatilidad geopolítica, fluctuaciones arancelarias y presión en costos, que nos hacen preguntarnos: ¿cómo las empresas preparan su cadena de suministro para 2030?
Para James Lisica, estratega internacional en cadena de suministro con más de 25 años de experiencia en logística global, las organizaciones se encuentran ante un cambio de paradigma en el que ya no se trata de mover productos con eficiencia, sino de diseñar sistemas logísticos capaces de anticipar riesgos, absorber disrupciones y sostener el crecimiento en escenarios inciertos.
La tarea no es menor, a este reto —ya de por sí titánico—, se suma el cumplimiento de reglamentos y normativas que pueden menguar de un mercado a otro. Ante este panorama, Lisica identifica seis grandes tendencias que están marcando la agenda de las organizaciones líderes en 2026 y que serán determinantes hacia 2030.
1). De cadenas lineales a ecosistemas centrados en el cliente
Uno de los cambios estructurales más relevantes es el abandono del modelo lineal, centrado en el producto, para evolucionar hacia ecosistemas logísticos orientados a la demanda.
El experto de origen australiano señala que, el auge del omnicanal, la entrega bajo demanda y la expectativa de tiempos cada vez más cortos han obligado a integrar planificación, manufactura, inventarios y distribución en tiempo casi real.
Por ello, la cadena de suministro ya no puede operar como una suma de silos; sino que, la visibilidad end-to-end, desde proveedores hasta última milla, se consolida como una ventaja competitiva que permite responder con mayor precisión a cambios en el consumo, interrupciones operativas o variaciones en costos.
Dicho enfoque cobra aún más relevancia ante la llegada de los llamados machine customers: sistemas y dispositivos capaces de generar pedidos sin intervención humana. De cara a 2030, este fenómeno podría representar una porción significativa de los ingresos empresariales, presionando a las organizaciones a automatizar y sincronizar sus flujos de información y operación.

2). Resiliencia geopolítica y cibernética
La inestabilidad global ha convertido la resiliencia en una prioridad de primer nivel. Tensiones comerciales, conflictos regionales, bloqueos logísticos y ciberataques ya no son eventos excepcionales, sino riesgos recurrentes que afectan directamente la continuidad operativa.
Ante este escenario, las empresas están avanzando en la diversificación de sus proveedores, la regionalización productiva y el rediseño de redes logísticas, con el objetivo de reducir dependencias críticas y acortar distancias. México, por ejemplo, se ha beneficiado de esta reconfiguración a través del nearshoring, al integrarse con mayor fuerza a cadenas regionales.
Paralelamente, el aumento de ataques dirigidos a infraestructura logística, sistemas de pago y plataformas operativas ha hecho que la seguridad digital gane protagonismo; ahora, las organizaciones buscan incorporar criterios de ciberseguridad en sus decisiones de abastecimiento, integración tecnológica y colaboración con terceros.
El objetivo ya no es solo resistir la disrupción, sino avanzar hacia cadenas de suministro antifrágiles, capaces de aprender de cada evento, ajustar procesos y fortalecer su operación frente a futuros riesgos.
3). Sostenibilidad rentable
La sostenibilidad sigue ocupando un lugar central en la agenda logística, pero con un enfoque distinto; más allá del cumplimiento ambiental, las empresas comienzan a verla como una palanca para reducir costos, optimizar operaciones y fortalecer su posicionamiento de marca.
El mapeo de emisiones —incluido el alcance a proveedores y socios logísticos—, la adopción de flotas eléctricas, la optimización de rutas y el avance hacia modelos circulares son prácticas cada vez más comunes.
Asimismo, según el experto, la logística de última milla se perfila como un espacio clave para capturar eficiencias operativas y reducir la huella ambiental de forma simultánea.
Hacia 2030, este enfoque se ampliará con métricas más sofisticadas, como la integración del consumo energético en la planeación operativa, así como con modelos productivos que busquen no solo reducir impactos, sino regenerar valor ambiental.
4). Fuerza laboral sintética
La escasez de talento y el retiro de perfiles senior aceleran la combinación de humanos y máquinas. De acuerdo con James Lisica, la automatización asume tareas repetitivas, mientras las personas migran a roles de excepción, análisis y orquestación.
En este sentido, el reto para las industrias ya no es solo integrar inteligencia artificial en su operación, sino contar con datos integrados y procesos estandarizados que permitan a estos sistemas generar valor real.
5). Automatización, datos e inteligencia para decidir en tiempo real
La complejidad actual ha superado la capacidad de gestión basada en reportes históricos y decisiones manuales; en respuesta, las empresas están invirtiendo en automatización operativa, armonización de datos y modelos analíticos avanzados que les permitan reaccionar con mayor velocidad y precisión.
Por ese motivo, la IA comienza a desempeñar un papel relevante, aunque su adopción efectiva depende de un requisito clave: datos integrados y confiables.
Dado que, sin estándares comunes ni visibilidad transversal, los modelos avanzados pierden valor, muchas organizaciones están priorizando primero la integración de información antes de escalar soluciones de IA.
Este proceso habilita modelos como el cost-to-serve, que permiten entender el costo real de atender a cada cliente, producto o canal, y facilitan decisiones más informadas sobre precios, niveles de servicio y sostenibilidad.
6). Cadena de suministro autónoma
Lisica explica que la automatización física —robots, AGVs, almacenes autónomos, flotas inteligentes— avanza con rapidez, apoyada por modelos como Robotics as a Service para democratizar el acceso.
El futuro apunta a operaciones auto-ejecutables, apoyadas por blockchain y tokenización financiera, capaces de mover productos, información y dinero a la misma velocidad.
¿Por dónde empezar cuando no se puede hacer todo?
Sí, son muchos cambios y no todas las empresas cuentan con los recursos para avanzar en todos los frentes al mismo tiempo; sin embargo, el especialista advierte que la inacción ya no es una alternativa, el camino es comenzar a priorizar.
El experto aconseja iniciar con un cliente estratégico para integrar información, fortalecer la resiliencia en un eslabón crítico de la red, automatizar procesos repetitivos o mejorar la visibilidad de emisiones puede marcar una diferencia relevante, en este camino, cada paso contribuye a construir una cadena de suministro más preparada para el futuro.
Como podemos notar, la logística del próximo decenio no se definirá solo por la tecnología, sino por la capacidad de las empresas para tomar decisiones estratégicas hoy, con una visión clara de hacia dónde quieren llegar en 2030.
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