Si actualmente la industria exportadora enfrenta un panorama de volatilidad debido a los aranceles, el acceso estable a una divisa puede hacer la diferencia entre poder competir en el comercio de Norteamérica o quedarse al margen.
Es el caso de sectores clave para la economía mexicana, como el automotriz, agroalimentario, electrónico y farmacéutico, donde los contratos de exportación y logística se pactan en dólares, y los márgenes son sensibles a variaciones cambiarias.
El tipo de cambio no se adivina, se planea
Una pregunta frecuente para un banquero en los eventos sociales es la de: “Entonces, ¿hay que comprar dólares?”. Esta pregunta a veces se hace en voz baja, como esperando un secreto.
La respuesta de un asesor pasa primero por preguntar para qué los necesitas y para cuándo, luego sugerirá las herramientas que el mercado tiene para asegurar el precio de la divisa, justo cuando se necesite. Esto resulta clave para el comercio y el transporte transfronterizo.
El objetivo de la planeación financiera no es solo mitigar riesgos, sino mejorar la competitividad internacional, facilitar la toma de decisiones y blindar la planeación presupuestal.
El arte de la 'no reactividad'
El 2026 está marcado por un entorno global con gran volatilidad, debido a factores no sólo económicos, sino geopolíticos y sociales. Para las empresas mexicanas con operaciones de importación, exportación o contratos denominados en divisas distintas al MXN, la gestión del riesgo cambiario ha sido siempre una variable crítica para proteger la rentabilidad de los proyectos, garantizar flujos de efectivo y dar certidumbre al presupuesto anual.
El peso mexicano es una de las 10 divisas más líquidas del mundo y, por lo tanto, una de las más sensibles a factores como: decisiones de política monetaria a nivel global, procesos electorales, tensiones geopolíticas o económicas.
Uno de los errores más comunes en la gestión cambiaria es contratar coberturas de manera reactiva, cuando el mercado ya se movió y el impacto en costos o ingresos es evidente. Esta práctica suele ser más costosa y menos eficiente.
En contraste, una planeación anual permite calendarizar necesidades de divisas, identificar periodos de mayor exposición y diseñar una estrategia que combine distintos instrumentos y otorgue una cobertura a la medida.
Herramienta ante la volatilidad
Esta combinación es especialmente real en 2026, lo cual generará sin duda episodios de volatilidad que pueden impactar de manera directa los resultados de las empresas. Tenemos el caso de Venezuela, Groenlandia, declaraciones fuertes hacia México y la revisión del T-MEC.
Frente a este escenario, realizar una estrategia de cobertura no es una práctica sofisticada reservada a grandes corporativos, sino una herramienta indispensable de gestión para empresas de casi cualquier tamaño que requieran posiciones o uso de divisas.
La cobertura ante riesgos cambiarios permite fijar hoy el tipo de cambio al que se realizarán operaciones en el futuro, brindando certeza a la empresa ante movimientos adversos.
El propósito no es ganarle al mercado, no es una estrategia de especulación sino de disciplina y seguridad en los flujos futuros. Las coberturas van alineadas con el precio objetivo y los costos de transporte en el presupuesto anual y aseguran la disposición de divisas justo en el momento en que se necesiten y a un precio previamente pactado.
Contar con certidumbre cambiaria permite a las empresas concentrarse en su operación, innovación y crecimiento, controlando una variable al tiempo que los aranceles van y vienen.













