Este año inicia con una señal clara para el comercio y la logística internacional: la volatilidad en las reglas comerciales dejó de ser una excepción para convertirse en el nuevo punto de partida. Aranceles que aparecen, cuotas que se ajustan, reglas que se reinterpretan y decisiones políticas que se anuncian o se filtran sin aviso previo.
Para la logística global es una realidad operativa que yaestá modificando flujos, costos y decisiones estratégicas.
En las últimas tres o cuatro décadas, el comercio internacional operó bajo un entendimiento común: las reglas podían cambiar, pero lo hacían dentro de un marco multilateral que privilegiaba la previsibilidad y la cooperación entre países.
Hoy, esa suposición dejó de ser válida. En la práctica, la logística está aprendiendo a operar en un entorno donde la pregunta ya no es qué tan eficiente es la cadena, sino qué tan rápido puede adaptarse cuando las reglas cambian a mitad del camino.
El nuevo patrón del comercio internacional
En diciembre pasado, las importaciones de contenedores en Estados Unidos cayeron 5.9%, cerrando el año por debajo de 2024. Esto no fue solo un tema de demanda, fue una reacción directa a la incertidumbre comercial.
A esto se suma una percepción generalizada de mayor dificultad para operar en mercados internacionales. Un sondeo reciente del World Economic Forum reveló que 43% de los ejecutivos globales considera que hacer negocios hoy es más complicado que hace un año, principalmente por barreras comerciales y menor fluidez en los intercambios internacionales.
Esto lo podemos categorizar no como una sensación aislada, sino como un patrón a seguir este año.
La logística paga primero
Desde la trinchera logística, el problema no son los aranceles en sí; el verdadero reto es la volatilidad. Aranceles que se anuncian y se posponen, cuotas que se ajustan con poca claridad, medidas que aplican o no a mercancía ya en tránsito: todo esto convierte a la política comercial en un riesgo operativo de primer nivel.
Estamos viendo cómo empresas replantean rutas, fragmentan embarques o utilizan almacenes aduaneros como “zonas de espera” ante la posibilidad de que las reglas cambien en cualquier momento.
No es una estrategia óptima, pero sí una defensiva. La consecuencia es clara, se traduce en contratos más cortos, más cláusulas de contingencia, más inventario “por si acaso” y más tiempo invertido en escenarios que hasta hace poco parecían improbables. El comercio exterior dejó de ser un proceso lineal y se volvió una negociación permanente con la incertidumbre.
Uno de los efectos menos visibles, pero más negativos de este entorno es la acumulación de costos invisibles. Tarifas de transporte cada vez menos predecibles, porque la demanda de capacidad se adelanta o se congela según el “humor” del contexto comercial.
Todo esto encarece la cadena sin que siempre sea evidente en un solo indicador: mover mercancía en 2026 no solo será caro, será incierto. Esa incertidumbre tiene un precio.
Nadie queda fuera
Este fenómeno no es exclusivo de una región. En Asia, la diversificación de orígenes y las estrategias tipo “China plus one” están redibujando rutas y tiempos de tránsito. En América del Norte, las revisiones comerciales y los ajustes sectoriales están obligando a replantear decisiones de localización y cruce fronterizo. En América Latina, la oportunidad de integrarse a nuevas cadenas regionales convive con limitaciones estructurales que dificultan ofrecer certidumbre logística.
México, se encuentra en una posición estratégica, pero esa ventaja ya no es automática. En un entorno de reglas comerciales volátiles, la competitividad no depende solo de tratados o proximidad geográfica, sino de la capacidad logística para operar con certidumbre en medio del cambio. Estamos empezando a hablar de smartshoring.
Ante este contexto, hay algunas decisiones que dejan de ser opcionales:
- Integrar el riesgo comercial en la planeación logística como variable permanente.
- Diversificar rutas, proveedores y puntos de entrada, aun cuando ello implique sacrificar eficiencia en el corto plazo.
- Fortalecer la visibilidad de la cadena para reaccionar con rapidez ante cambios regulatorios.
- Alinear logística, comercio exterior y finanzas, evitando que las decisiones se tomen de forma aislada.
Entender el nuevo entorno
En 2026, el reto va más allá de encontrar el modelo perfecto de optimización o adoptar la última herramienta de planeación. El verdadero desafío es entender que el entorno en el que se diseñaron muchas cadenas de suministro globales ya no existe.
Durante años, la logística se apoyó en reglas relativamente estables que permitían planear, optimizar y escalar. Hoy, esas reglas se mueven, se reinterpretan o simplemente dejan de aplicar.
En este escenario, seguir hablando de eficiencia sin hablar de riesgo es una omisión peligrosa. La logística ya no puede pensarse aislada del comercio exterior, de la política comercial o de la geopolítica. Tampoco puede reaccionar tarde a decisiones que ya impactaron costos, tiempos y flujos. En 2026, la logística tiene que leer el contexto antes de mover la carga.












